—Bueno, deberíamos irnos. Enviamos a los niños a casa, así que se preguntarán por qué estamos tardando tanto —dijo Silas. —Hablaremos mañana —dijo Ava—. Almorcemos con Julius y Macey. —Claro. —Sarah asintió. Ava se quedó antes de que Silas finalmente lograra acompañarla afuera. Le dio a Lucas una pequeña sonrisa que hizo que las mejillas de este se volvieran rosadas. Lucas permaneció en silencio hasta que se fueron. Vacilante, miró a Sarah, que evitaba su mirada, pero esta vez se sentía diferente. Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas. Al menos era timidez, no enojo o disgusto lo que hacía que apartara la mirada. —Entonces, ¿en qué estábamos? —preguntó Lucas. El sonrojo de ella se intensificó. —Sarah, sé que no lo merezco, pero me gustaría una segunda oportunidad —dijo Lucas—.

