CAPITULO 50 EL OJO DEL HURACÁN Massimo no entendía porque mi afán de buscar a las niñas en horas nocturnas, pero no podía fallarle a Sofia en la perdida de sus hijas, no me lo perdonaría jamás si esa bruja llegara a poner sus asquerosas manos sobre las niñas, el chófer manejo hasta la mansión de mi suegra, ella se mostró extrañada, aunque por sus gestos parecía pensar que Massimo estaba aquí para disculparse por lo ocurrido en la casa de Evangelina. —¿Te has arrepentido de humillar a tu madre? Tu padre siempre te inculco a ser un patán. —ahórrate los discursos madre, no estoy aquí para una disculpa. Vine por las niñas. Sube y tráelas. —¿Qué? No permitiré que mis nietas vivan con esta zorra. —Te di una orden mamá, sube maldita sea y trae a las niñas, a partir de hoy vivirán conmigo.

