—¿Nos vamos? —Me pregunta cambiando de tema.
—¿De verdad no piensa decir nada ante lo que dije?
—Pues ya le dije y si aun así no me cree, entonces que se lo confirme él, por nuestro bien —me asegura y se hace a un lado para que pueda salir.
—Él me dijo que, si necesitaba cualquier cosa, podía pedírselo.
—Sí, pero cualquier cosa que quieras saber de él, tendrás que preguntárselo a él esta noche.
Insiste el hombre y me rindo, podría parecer muy sospechosa.
—Vale, no quiero meterte en problema, vayamos de compras, ¿no? Es lo que sigue. —le digo y él está de acuerdo con eso.
—La esperaré en la salida.
Me indica y hace una reverencia, en lo que se va, me dirijo a la primera habitación a la que me ingresaron cuando entre aquí para cambiar mi ropa.
Cuando termino de colocarme la ropa, chequeo mi móvil y veo un mensaje de mi padre, “Llámame cuando leas esto”. Y algo me dice que ya sabe, así que le marco para explicarle y enseguida me responde.
—¿Por qué no me dijiste que comenzaste a salir con el objetivo? —me regaña y eso me incomoda, me hace sentir mal, pero no pienso permitirlo.
—Me le bajas el tono, porque desde hace mucho usted no tiene derecho sobre mí, tal vez sigas siendo mi padre, pero no es cuando tú quieras serlo —le dije en el mismo tono de vuelta y lo escucho suspirar—, iba a contártelo, pero no estamos saliendo, apenas acepte todo esto, porque sí, quiero que pague la persona que le hizo esto a mi hermana.
—Ve a casa, invéntale algo a su guardaespaldas, necesito que nos veamos —me pide.
—¿Cómo sabes qué..? —Me interrumpe.
—Vi que él salió, con uno de sus hombres excepto uno y un carro —me explica.
—¿Estás aquí entonces?
—Afuera, sí. Haré esto con o sin ti, pero como vas a hacerlo, necesito que nos veamos.
—No puedo, ¿Y si sospecha algo?
—Pues no podemos hablar por mucho tiempo al teléfono, no sé cuándo te lo interceptará.
—¿En un día? Ni siquiera tiene este número, el de mi hermana sí.
—Él no le pidió el número a tu hermana, lo tomó del trabajo.
Doy un suspiro y pienso en lo que podemos hacer.
—¿Y si nos vemos mañana? Él quiere que me arregle y todo eso, porque tendremos una cita, quiere que aclaremos algunas cosas antes de empezar en serio, aunque necesito que me alientes, porque a veces me hago la difícil con él y no porque sea modo de estrategia, es porque lo odio...
—Pues piensa que, si sale mal, no tendrás respuestas, eres muy astuta, sé que lo harás bien.
—Vale, gracias.
—Adiós.
Corta la llamada y sé que tiene razón, pero no fue muy emotivo, tengo claro de que, si no actúo bien, nada saldrá como quiero y también sé que recordándomelo no me quitará el enojo que siento, solo me hace reaccionar de momento.
Alguien toca mi puerta del baño y me informa que es una de las empleadas del spa y que Luca la mandó por si necesitaba ayuda, pero en pocas palabras, Luca quiere que me apure o eso siento.
Le agradezco a la chica, pero le digo que ya he terminado, recojo mis cosas y salgo, ella no se fue del todo y me acompañó a la salida donde me esperaba Luca, ella se retiró haciendo una reverencia y nos dejó a solas.
—Vaya forma de pedirme que me apresure —le comento, lo miro de reojo e intento abrirme la puerta de la salida, pero él se adelanta.
—No fue para apresurarla, pensé que le había pasado algo grave, pero no tenía autorizado entrar, por eso envíe a alguien de confianza de este lugar del jefe.
—Entiendo... —le respondo.
Si es así, debo tener más cuidado la próxima vez. Salgo primero y luego sale él, nos guía hacía al frente del auto y trato de ver con rapidez algún auto que sea como el de mi padre, el mismo con que me llevó a casa para hablar conmigo y lo vi, a lo lejos se encuentra.
Entro al auto cuando Luca me abre la puerta y me siento en los asientos traseros, saco el móvil y le escribo a mi padre para ver si nos encontramos en casa, pero me respondió que no, para no ser vistos juntos, que vaya esta noche y tengamos nuestra cena y que luego ya nos organizaremos mejor para nuestras visitas secretas. Luca pone el auto en marcha y yo apago el móvil.
—¿Está todo bien? —me pregunta y sí, me da a entender debo cuidarme más de ellos, no sé cómo le hacía mi hermana de verdad.
—Sí, es solo mi madre —le doy media sonrisa y asiente.
¿Por qué le di una explicación? ¿Acaso eso no hace que sospeche? Definitivamente no sirvo para esto, me pone nerviosa.
Vincenzo Moretti.
Camino por el pasillo oscuro hasta el final de la puerta y Eduardo me abre esta, encontrándome con un hombre amarrado en una silla, se veía como a mí me gusta, sin algún rasguño, nadie puede dar el primer golpe sin que esté presente.
—¿Halcón? ¿Es usted?
Que fácil fue eso para él reconocerme, ¿no? Algo me dice que entre más Kennan esté libre de mis manos, mi reputación podría caerse.
—Por favor Halcón, suélteme, yo no sé dónde está él —me suplica y lo miro extrañado.
—¿Y quién te hizo pensar que estoy buscando a alguien? —Arqueo una ceja y camino a su alrededor de forma amenazante, mientras que Eduardo se queda muy cerca de la puerta.
—Todos saben el atentado fue causado por Kennan y que usted no es alguien que se queda de brazos cruzados, no lo hizo por sus padres, ni muchos menos lo hará por usted mismo... —me responde el hombre y me detengo detrás de él.
Muy alejado hay una mesa vacía, chasqueo mis dedos y Eduardo sabe que esas son mis indicaciones para recibir mis instrumentos de tortura.
—¿Y cómo no sabes dónde está? Es tu jefe.
—No soy su mano confiable.
—Y aun así se encontró contigo recientemente, ¿No? —le pregunto y se queda callado.
Escucho que la puerta se abre y se cierra, los pasos de Eduardo llegan a mí con un estuche de tela con mis herramientas de jardinería, las coloca en la mesa y se aleja, abro el estuche y empiezo a ver alguna herramienta para comenzar con mi diseño.
—Será mejor que comiences a hablar Live, sabes que soy paciente hasta que me demuestren lo contrario —amenazo.
—Es que no sé a dónde fue, no me dijo a donde iba.
—Pues tendré que hacer jardinería hasta que me relaje o consiga una perfecta escultura. —claramente hablaba de él.
Termino de escoger una herramienta, pero antes me pongo unos guantes, la herramienta que escojo es una tijera filosa.
—Por favor señor Halcón, yo no sé nada, déjeme ir... —me súplica.
Me volteo lentamente y camino hacia él.
—El problema aquí es que no puedo dejarte ir hasta que no me des la información necesaria para encontrar a Kennan.
—Pero me encontraste a mí, ¿Por qué no haces lo mismo con él?
—Porque uno de mis hombres desapareció por encontrarte, ¿Sospechoso?
Eduardo había enviado a alguien para que espiara a toda la gente de Kennan y cuando ya nos tiene más información, desaparece. Lo último que obtuvimos fue que se vio con Live.
—Te juro que no fui yo. —dice, asustado, claro, no es fácil estar en esa situación.
—Entonces Kennan lo supo, y quiero saber ¿Cómo? ¿Y por qué decidió hacerse mi enemigo? —Le clavo con fuerza la tijera en su pierna y él grita por un buen rato de dolor.
—¡No lo sé! —Aguanta su llanto—. No sé porque lo hizo.
—Pues que entonces sepa que ha sido la peor decisión que ha tomado. Aunque estoy seguro que pensó que moriría, pero ¿Qué crees? La vida es justa.
—Lo dices como si fueras el bueno aquí.
—Yo era bueno, a mí me hicieron malo. Tuve y tengo que hacerlo, o si no, no estaría aquí, pero algo falló y no me gusta eso, porque de no ser así, Kennan no se hubiese atrevido a dispararme, quiero saber sus razones antes de matarlo.