—¿Y yo que? Si no sé nada.
—Pues ya sabes quién soy, es suficiente para deshacerme de ti, así que, a cambio de tu vida, dame información.
—Usted no me dejará ir, así como así. —Niega sin creerme y tiene razón.
Pero aquí no importa si él me cree, lo que importa es que si yo creo en él.
—Te pondría a trabajar para mí, así tengo control sobre ti.
—Solo supuse que era usted, pues porque Kennan me advirtió que esto pasaría y solo me dijo que me cuidara, y que dijera que no lo he visto, no me dijo más, se lo juro.
Me coloco en frente de él y trato de analizarlo para ver sí dice la verdad o necesito recurrir a otras herramientas.
—¿Y sabes quién podría tener la respuesta sobre dónde está? —pregunto y él se encoge de hombros.
Entrecierro mis ojos desconfiado, por mí ya estaría muerto este imbécil, pero sé que tiene información, y no pienso matarlo hasta obtener toda la información de él.
—No soy reconocido por mi paciencia Live.
—Lo sé, y... —lo interrumpe el sonido de un móvil y veo a Eduardo, quién contesta el móvil.
—Aló... entiendo, ya le digo —escucho decir de él y corta la llamada.
Yo me acerco con lentitud a él porque con la mirada sé que es para mí, Eduardo no tiene nada más que atender que solo para mí. Termino de acercarme para estar alejado de la víctima y Eduardo posa su cabeza sobre mi hombro para que sus labios queden muy cerca de mi oído y poder susurrarme.
—Es la enfermera señor, está ansiosa por verlo y saber de usted, Luca dice que están de compras, pero ella está preguntando mucho por usted y sobre que trabaja.
Asiento detenidamente con la cabeza y pienso.
—No es por castigarla, pero que se espere, así como espere por ella... Que Luca le diga que estoy ocupado y que por favor sea paciente.
Eduardo asiente acatando mis órdenes y antes de que se vaya, lo detengo.
—Y habla con Fabio, quiero saberlo todo sobre ella. —le ordeno.
Él asiente y nuevamente lo detengo, pero le sujeto el brazo con fuerza.
—Que toda la información me la deje en un pendrive y que la selle en un sobre, no quiero que nadie lo abra, solo yo quiero saber el contenido de ella, ni tu ni nadie puede saberlo, ¿Ok? Y bueno, por el bien de Fabio que sea de manera indirecta, o sino no será difícil desaparecer el cuerpo de alguien que sabe encontrarlo todo —amenazo para que quede claro—, te quedas con él hasta que te entregue el sobre y así te aseguras que nadie más lo ha visto.
—Así será señor.
Suelto su brazo finalmente y lo dejo irse, una vez que me quedo solo con Live, me giro para verlo.
—¿Dónde nos quedamos? —me acerco a él con lentitud.
—Por favor, no me mates, no te sirvo muerto —dice sin mucho aliento.
—Tampoco me estás sirviendo vivo —Arqueo una ceja.
—Claro que sí podría, solo deme la oportunidad, suélteme y me contactaré con él como sea, se lo dejaré en bandeja de plata.
Me callo por unos momentos, pensando en esa propuesta.
—¿Cómo sabré si realmente estás de mi lado?
—Porque usted no es tonto, sabe que tengo familia.
Me da un buen punto, sin embargo, no se merece una respuesta de inmediato, tengo que pensar muy bien lo que quiero hacer con él. Por eso no me gustan estas cosas, no soy un experto en esto como he dicho antes, pero me ha tocado serlo, no me gusta que me hagan dudar de mis decisiones, porque normalmente opto para que esa persona ya no exista en este mundo.
—Bueno, si en unas horas continuas vivo, es una señal de que vas a trabajar para mí, así que toma este tiempo para reflexionar, porque si no mueres por y para mí, entonces no eres buen candidato. —le quito la tijera y dejo que se desangre.
Me voy a la mesa y dejo las tijeras ahí, obviamente que en unas horas él podría estar muerto, pero ¿Quién sabe? Yo también estuve a punto de morir y no lo hice porque sentía que debía mantenerme vivo para estar con la chica que amo.
Así que Live, está es tu primera prueba para desenlazarte de Kennan. Me quito los guantes y al salir me hallo con dos hombres, mi vigilancia cuando Eduardo no está, le ordeno a uno de ellos que se deshaga de las herramientas de una forma muy limpia y claramente que se queden vigilando al prisionero.
Camino por el largo pasillo de mi bodega, un negocio de vinos que monté hace poco para justificar más ingresos, y este lugar tiene un pasadizo secreto, uno que descubrió uno de mis empleados intentando hacer algunas remodelaciones, al principio iba a ser parte de la bodega, pero ahora me resulta para mantener a mis victimas ocultas y está tan alejada del almacén que cualquier cosa no podría afectar a mis vinos o incluso encontrar a mis nuevas víctimas.
Al final del pasillo subo unas escaleras que me lleva hasta una puerta de ladrillo que se camufla con la pared, cierro esta y con ayuda de algunos de mis hombres que me esperaban ahí, se rueda el estante de barriles vacíos de vino, o sea que los otros hombres que se quedan adentro, deberán salir anunciando por el walkie talkie.
Salgo de la habitación de barriles y camino por el almacén, un lugar tan grande que podría tardarme en salir, en la salida, me quedo esperando a algunos compradores interesados en mi formula. El lugar queda en una montaña, en un terreno en donde también hay siembra.
Me coloco mis lentes de sol y veo la hora en mi reloj, no debe tardar en llegar. De repente siento una sombra sobre mí y me fijo que uno de mis hombres me ha colocado un paraguas para el sol, le agradezco y me quedo esperando al cliente.
Un auto oscuro se aproxima hacia mi bodega y se estaciona, se baja una pareja y les doy la bienvenida para poder comenzar. Primero les doy un recorrido por dentro y los hago catar los vinos, la pareja se toma su tiempo antes de decir si comprar una botella o una caja.
Valentina Castillo.
Hemos pasado varias tiendas y no hemos comprado ningún atuendo con el que me guste, tampoco he abusado del dinero de Vincenzo, no he comprado nada, solo he gastado en la comida, algún snack que se me ha antojado, pues intente pagar con mi tarjeta, pero Luca se me adelanto, tiene ordenes, claro.
Ahora nos encontramos en un café esperando que me sirvan lo que he pedido, Luca se encuentra parado y algo alejado de la mesa.
—¿Por qué no te sientas? —le pregunto.
—No es parte de mi trabajo —me responde.
—Te ves cansado y aburrido, por favor —insisto y él me ignora—, escucha, sé que no empezamos bien y que me puse demandante, pero vamos, en algo tienes que ceder.
—No quiero molestar.
—Me molestaría más si no me acompañas, eso contaría con que me has tratado mal y podría decirle a Vincenzo —le digo y me mira con rapidez, suspira y se acerca un poco.
—Solo por un rato —me advierte con el dedo y se sienta.
—¿Cuál es el problema? Solo no quiero parecer tonta sentada aquí sola.
—De hecho, se ve muy importante con un guardaespaldas.
—Pero me siento una tonta, ¿Y sabes por qué? Porque tu jefe insistió tanto para tener este día y ahora ni siquiera está presente, me confunde.
—Su día es muy organizado señorita, pero supongo que, al encontrarla, fue de repente y no quiso desaprovechar la oportunidad, además, a él le importa más la cena que fue el espacio que verdaderamente organizo con tiempo para usted, que pasar todo el día siguiéndola mientras se decide que atuendo usar, sin ofender... —Aprieta sus labios y niego, haciéndole saber que no me ha ofendido.
—Es que no lo conozco, ¿Qué podría gustarle a él?
—Estoy seguro de que él quiere que se vista como usted realmente es.
—Pero está pagando esto, debo complacerlo en algo.
—Él no es así, al menos no con usted, si no le gustarás como eres, no estaría haciendo está inversión en usted, así que solo sea usted misma, si se pone a pensar que es lo que realmente le gusta, dejaría de ser usted y lo perdería, claro, si le interesa no perderlo.
El mesero trae mi pedido y Luca se levanta diciendo “permiso” para retirarse y dejarme comer, luego de aquella merienda, le pedí a Luca que me llevara a casa, pues gracias al consejo que me dio, no necesito comprar algún vestido o ir a un salón de belleza.