Reencuentro con mi padre

1571 Words
No lograré lo que necesito preguntándole a sus compañeras de trabajo, ya me dieron a entender que son solo unas chismosas y no conocen algo exacto de la enfermera Castillo, no quiero saber rumores, quiero exactitud, porque me encanta, la quiero para mí y no quiero empezar mal con esto. Yo más que nadie sabe que no debe dejarse llevar por lo que dicen los demás, debo saber todas las versiones, sin embargo, si se notó que tiene algo con el doctor, pero no me preocupa, si está casado con hijos, para mí es un descarte. —¡Eduardo! —lo llamo y él entra de inmediato. —¿Sí, señor? —Ya tengo la historia perfecta en caso de que tengamos problemas con la policía —le menciono y él me presta atención. No era algo de lo que nos habíamos preocupado, y bueno, yo estaba en cirugía, mientras que él estaba al tanto de mí, sé que Eduardo no se separó de mí por seguridad, además de que en el momento que salí herido de mi casa, intenté saber de todos, pero él me calmo diciéndome que lo resolveríamos después, sin embargo, con lo que le he contado a la enfermera, fue algo espontaneo, así que podemos aferrarnos a esa historia, por lo que él tiene que hacer parecer que fue un robo. Y tiene que hacerlo antes de que meta la denuncia o que la enfermera Castillo hable, no sé lo que vio, según Eduardo, el vigilante le avisó que ella ya se iba, pero a no pasó ni 5 minutos de haberse ido y ya me habían disparado, así que por los menos tuvo que haber escuchado algo y huyó. Sé que ella sabe que la vi sin el antifaz, pero creo que finge no saber quién soy por miedo y no quiero que ella me tema, por lo que necesito saber que sabe o lo que cree de mí. Seguramente ella quiere hacer como si nada pasó y no, no quiero que haga eso. Valentina Castillo. Continuaba llorando en los brazos de Nicolás, mientras que él sobaba mi brazo. —Vale —me llama Nicolás sacudiendo mi brazo y me seco la lagrimas—, hermosa, lo siento mucho. —dice luego de un rato. Me separo de él y le veo la cara. —¿Qué cosa sientes Nicolás? ¿Qué me hayas engañado o que mi hermana esté muerta? Porque no creas que he olvidado lo que me has hecho, si te dejo abrazarme es por mí —le digo enojada. —Lo sé amor, pero también estoy por ti, no para recompensar lo que hice, ¿Qué necesitas? Estaba lidiando con mucho dolor junto y sé que podía tratarlo peor, lidiar todo mi enojo con él, cuando no debo mezclar todas mis emociones. Y tengo muchas ganas de que me abrace, pero a la vez me repugna. —Quiero estar sola, Nicolás —le pido—, estoy muy emocional y no quiero confundir las cosas. Él aprieta sus labios y se levanta, aceptando mi decisión. —Estaré para ti cuando quieras —me dice, pero no lo veo, ni siquiera le digo nada y se va. Me encorvo, apoyo mis codos en mis rodillas y fijo mi vista al suelo, peino mi cabello castaño un par de veces y me cubro el rostro. —Cariño… —reconozco esa voz. ¿Cómo olvidar algo que odio? Sin embargo, no estoy de humor para odiarlo y si está aquí, es porque ya se habrá enterado y parece que es la única forma de reencontrarnos o incluso unirnos. Descubro mi rostro y alzo la mirada, es mi padre, Julián Castillo, es ex militar y nos abandonó cuando teníamos 16 años. —Hola —saludo sin ninguna emoción hacia él. Él se gira un poco y mira a su compañero, ambos tienen placas de agentes en su cinturón, ¿Ahora es detective o qué? —¿Puedo sentarme? —me pido señalando la silla a mi lado y me encojo de hombros, él se sienta—. Lamento haberme ido. —Que lastima que Harantza está muerta para escuchar eso —No pude evitar decir con rencor. —Valen… —Lo interrumpo y lo veo. —¿Acaso tenemos que morir para que te dignes en aparecer? ¿Por qué no nos buscaste antes? ¿Por qué apareces ahora? ¿De qué te sirve aparecer en el funeral? Las personas se disfrutan en vida —descargo mi ira con él y sus ojos se cristalizaron. Estoy siendo dura con él, lo sé, pero tengo razón, aunque esté sufriendo peor que yo, porque al menos yo si la disfrute y me duele no poder seguir viéndola. —Puedo explicarlo, pero aquí no. Algo dentro de mí quería escucharlo, por una parte, lo odio porque nos dejó, pero otra parte de mí quiere saber porque y si fue culpa nuestra, o si nunca nos quiso lo suficiente como para quedarse, nunca tuvo problemas con mamá, entonces no entiendo porque se fue. —¿Mamá ya sabe? —le pregunto y niega. Escucho unos pasos aproximarse y esta figura se detiene al frente de él. —Confirmado señor, el halcón está aquí —dice en casi susurro, pero pude escucharlo y miro mal a mi padre. —No viniste porque sabes que mi hermana, tu hija, ha muerto, sino por trabajo, esto es increíble —me levanto molesta y con ganas de irme de ahí. Doy pisadas fuertes, enojada con él, su trabajo fue primero y así parece que continúa siendo. —Valen… —Me llama, pero lo ignoro, voy secando mis lágrimas saliendo de zona de la morgue y me detienen el paso, mi padre me ha alcanzado y me ha sujetado el brazo—. Por favor escúchame. —Enfermera Castillo —me llama una compañera de trabajo y la veo, aunque ella presta atención en nosotros—, ¿interrumpo? Me suelto de mi padre y niego. Sé que él es mayor, pero la forma en la que me ha sujetado puede mal pensarlo y estás enfermeras lo único que hacen es chismear, así que voy a presentarlo. —Enfermera Evelyn, él es… —me interrumpe él. —Francisco Hernández, policía —ofrece su mano y la enfermera se la estrecha, yo veo a mi padre sin poder creerlo. Es que hasta tiene otra identidad, que imbécil. —Un placer, enfermera Evelyn, ¿Está aquí por el caso del paciente Moretti? —Ladea su rostro, se sueltan las manos. —No, de hecho, estoy encargado en el caso de la hermana de la enfermera Castillo, tuvo un choque automovilístico —aprieta sus labios lamentándolo, Evelyn me ve confundida y con tristeza. —No sabía que tenía una hermana enfermera, mi sentido pésame —me abraza y trato de no llorar. Carraspeo mi garganta y la separo con delicadeza, no confío en ellas la verdad, así que no tengo porque aceptar su lastima. —¿Para qué me necesita? —cambio de tema. —El señor Moretti se ve muy interesado por usted, como le ha salvado la vida, pues quiere agradecérselo —me lo menciona como si fuera una gran noticia. —Ahora no enfermera, ¿sí? Le digo y ella asiente, no tengo cabeza para eso ahora. —¿Le ha salvado la vida de qué? —se entromete mi padre, quién finge no serlo. —Pues el hombre llegó herido de 4 balas y la enfermera decidió salvarle la vida con determinación, el paciente me contó que se debió por un robo, es un milagro de que esté vivo. —¿Y podría guiarme hacia él? Así aprovecha y mete denuncia —se ofrece mi padre y lo detengo. —Espera que el paciente se recupere, acaba de salir de cirugía, ¿Por qué no pasas mañana? De todos modos, tienes mucho trabajo hoy, ¿cierto? —le insinúo. No puede ser que mi hermana ha muerto y él le presta servicios a los demás, en esa parte me parezco a él, pero joder, me duele que no nos preste atención. ¿No se puede encargar otro? Él acaba de perder a su hija, cierto… finge ser otra persona, por lo que no somos sus hijas en esta vida que lleva. —Tiene razón, hay mucho tiempo, no irá a ningún lado, está en recuperación. —dice mirándome, hablándome con sus ojos y haciéndome creer que no irá a ningún lado y que estará para mí. —Bien enfermera, si no me necesitan, voy a retirarme por unas horas, ¿Vale? Ya le avisaré al subdirector —le aviso y le doy media sonrisa y ella asiente, luego se va. Mi padre vuelve a sujetarme del brazo y quiere que le preste atención. —Por favor cuéntame a detalle lo que pasó con ese paciente Moretti —Se pone serio y yo me porto odiosa con él. —Pues si no te has dado cuenta, soy enfermera y le salvé la vida, ¿Pero que ibas a saber de qué trabajo si no estás presente? —Hablo en serio Valentina… —Mira a todos lados y luego acerca su rostro para susurrarme algo en el oído—. Ese tipo tiene que ver con la muerte de tu hermana. Trago en seco, ¿Qué? No, ¿Acaso salvé al asesino de mi hermana? Joder…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD