—Ahora más que nunca necesitamos hablar —me suelta de golpe—, ahí viene tu novio.
Yo lo miro extrañado y volteo, Nicolás se acerca a nosotros con media sonrisa.
—¿Cómo te sientes? —lleva su mano a mi brazo y lo soba con delicadeza, yo miro a mi padre y me echo hacia atrás para evitar que me siga tocando.
—Necesito tiempo, y justo iba a pedirte que me dieras el día, no puedo trabajar así… —agacho mi rostro y lo escucho suspirar.
—Tomate el tiempo que sea necesario. —acerca su rostro y besa mi mejilla, pero me asqueo al instante, luego ve a mi padre—. Hola, soy el doctor Salvatore, y usted debe ser su padre, ¿no? —ofrece su mano.
—Francisco Hernández, no, no soy su padre, soy policía y me han encargado el caso del accidente de su hermana —estrecha su mano y Nicolás nos ve a ambos seguidamente, extrañado.
—Por un momento creí que era su padre, se parecen —supone él y mi padre parece que es buen actor.
—Oh no, gracias al trabajo que tengo de peligroso, decidí no tener hijos, pero me hubiese gustado tener hijas —da media sonrisa y eso me conmovió un poco.
—Entiendo, bueno. Gracias por su servicio… —Ahora Nicolás me ve—. ¿Quieres que te lleve a casa? —lo miro de una forma molesta y él acomoda su pregunta—. ¿Puedo llevarte a casa?
Formula y miro a otro lado.
—No gracias, me iré en taxi.
—Yo la llevo, si me lo permite —dice mi padre y lo miro, asiento aceptando que me lleve, pues tenemos un tema pendiente.
—De acuerdo, firma tu salida, ¿vale? Y por favor mantenme al tanto —me avisa Nicolás y asiento solo para que él se sienta bien con eso, pero sinceramente no tenía por qué saber mí.
Camino a recepción y le digo a mi padre que me espere mientras busco mis cosas en el casillero, regreso con mi bolso y firmo mi salida, luego él me acompaña y salimos del hospital, caminamos por el estacionamiento e intenta ser caballeroso conmigo, pero lo evito, abriendo mi puerta, él solo suspira y se va hacia el otro lado, se sube de piloto y nos vamos.
Al llegar al edificio donde mi hermana y yo vivimos, mi padre estaciona el auto, parece que ni tuve que decirle en dónde vivimos, lo que me resulta más extraño.
—Señor, ¿A dónde se ha ido? —suena alguien por su walkie talkie.
—Necesito hablar con la hermana de nuestra agente, no te muevas de la morgue y que no entre nadie de confianza —le ordena y el chico del otro lado responde “Ok”.
Estoy esperando una explicación, pero él abre la puerta como si nada y me ve.
—¿Subimos? —me pregunta asomando su cabeza y quedo en silencio—, el apartamento es más seguro Valentina, por favor, muévete, debemos hacer esto rápido antes de que alguien sospeche.
—¿Quién podría sospechar de ti? Se ve que haces bien tu trabajo —bufo.
—Ángel, por favor —me pide y me tomo mi tiempo, doy un suspiro y bajo del auto, para luego caminar y adentrarnos al edificio.
Mi padre siempre nos llamó ángel a mi hermana y a mí, nos decía sus ángeles y es porque ambas hacíamos duetos de ballet con esos disfraces y fue el baile más conmovedor y reconocido, también por nuestra carita angelical, de hecho, todo combinaba en nosotras, hasta que él se tuvo que ir a la guerra y dejé de bailar.
Para mí bailar me recordaba siempre la unión familiar, de nuestros eventos y nuestros padres presentes, luego ir a comer en familia como celebración, pero un día lo llamaron, días antes de nuestra presentación, prometió estar, pero se le complicó y no fue, que pasará una vez no me desanimó, tenía esperanzas de que nos viera en los siguientes eventos, pero las ausencias fueron más constantes.
Intenté decirme a mí misma que mi padre ya había visto mucho de nosotras y que faltará en algunas presentaciones no debía ser un problema, pero no.… cada presentación era diferente, tampoco que iba a ver lo mismo siempre, no quería que se lo perdiera, incluso lo grabábamos, pero, así como se ausentó en nuestras presentaciones, también en casa, dejándonos a mamá, mi hermana y a mí solas.
Yo dejé el ballet, que mi padre dejará de asistir a nuestras presentaciones cada vez me hacía perder la confianza en mí y bueno, creo que hasta nos hice perder por la desconcentración. Mi hermana si no se rindió, su sueño siempre fue bailar y la verdad es que es más fuerte que yo emocionalmente.
El ballet para mí fue un momento para pasar en familia, no una profesión, que dejará de bailar hirió a mi hermana, pero me entendió, ella quería que el dueto siguiera.
Luego me comenzó a interesar la medicina en secundaria, justo en una clase de reanimación cardiopulmonar, lo hice tan bien que me gustó y me vi motivada a salvar la vida de las personas, aunque mi vida emocional se haya muerto.
Raro, ¿no? Querer salvar a los demás, ¿Y salvarte a ti qué? Con el tiempo traté de que la ausencia de mi padre no me afectase, pero por más que sigo adelante, de alguna forma me afecta.
Subimos las escaleras, pues solo era un piso y nos dirigimos a la puerta del apartamento, la abro y me dice que pase primero.
—¿Quieres algo de tomar? —le pregunto mientras dejo mi cartera sobre el perchero y al ver las cosas de mi hermana ahí, parto en llanto nuevamente.
—No, mientras hagamos esto más rápido, mejor —escucho que cierra la puerta.
Me seco las lágrimas y me giro para verlo, trato de ser fuerte, pero esto duele mucho, por dentro me estoy quemando, es que perdí a mi alma gemela, sin embargo, trataré de lidiar con lo que él tenga que decirme para mí.
Nunca fue fácil para mí llevar noticias a los familiares de los pacientes y cuando estás en esa posición, sientes que tal vez no quisieras escucharlo, aunque lo sabes, o al menos yo lo sabía, desde temprano ya tenía un vacío, desde ese tonto sueño, ¿Tonto digo? Si, lo odio por haberse hecho realidad, ¿Por qué no se hizo realidad cuando soñé que mi padre había vuelto? ¿O cuando soñé que era millonaria? Me hubiese llevado a mi hermana lejos y no se hubiese muerto tal vez.
El apartamento es pequeño, al entrar encuentras la sala del lado derecho y al fondo de esta están nuestra habitación y una puerta de baño, del lado izquierdo está el perchero, una puerta de baño para las visitas, detrás de la pequeña sala hay una mesa como comedor, y al fondo un marco en forma de arco de que te dirige a la cocina.
Mi padre se dirige a la sala y se sienta en el sofá para dos personas, lo veo cubrirse el rostro y agachar su cabeza, apoyando los codos en sus rodillas, seguido de esto, lo escucho llorar.
Camino despacio y algo me dice que lo abrace, pues ambos perdimos, para él una hija y para mí una hermana. Me siento cerca en un sofá individual y verlo llorar hace que yo continúe llorando y es que, aunque debería estar acostumbrada a pensar con cabeza fría salvo mi profesión, es mi hermana, joder, duele.
—El hombre, al que salvé... ¿él mató a mi hermana? —digo con todo el dolor y a la vez enojada.
—Yo... —Se seca las lágrimas y se suena la nariz—. No lo sé.
—¿Entonces por qué dijiste que él tiene algo que ver?
—Porque... —respira hondo—. Tu hermana estaba trabajando para mí, era mi espía —me confiesa y quedo impresionada.
Desde hace unos meses han estado investigando sobre la trata de mujeres y de tanta investigación se enlazó con el empresario Vincenzo Moretti, ¿por qué? Porque le han llegado clientes a su cabaret, personas importantes que tienen negocios legales e ilegales, por lo que necesitaban saber si él solo era una fachada o simplemente no sabe o no le importa quien llega a su club con tal de tener dinero, ahí es donde entra mi hermana.
Mi padre cuenta que no nos abandonó porque quisiera dejarnos, sino porque no quería poner a su familia en peligro, por eso hasta ha cambiado su nombre hasta dentro de su oficina, no confía en nadie, está en una misión y solo su jefe sabe su verdadero nombre, ¿por qué? Él tiene sospechas que hay policías comprados en el departamento, por lo que por eso trabaja con pocas personas y de suma confianza.
Y aunque se fue, nunca nos dejó, nos observaba de lejos y era mejor mantener distancia, se contactó con mi hermana cuando ella empezó a trabajar en el cabaret, claro que al principio lo hizo para advertirle que estaba en un lugar peligroso, ella estuvo resentida con él por lo que no quiso escucharlo y para que confiara en él, le confeso que era un agente en cubierto, aun así, ella no iba a dejar el cabaret, quería dinero fácil, él le dijo que podía trabajar en otro lugar y ella no aceptó.