Nunca te obligué

1481 Words
—Excelente estrategia para hacer querer que me acerque. —No era una estrategia, solo quiero hacerle entender que puedo hacerlo sola. Él asiente detenidamente y me siento analizada por él. —¿Y es por eso también que no aceptaste mi dinero para que te comprarás algo? El señor Moretti se ve severo, más no enojado, es como si estuviera disgustado con ello. —Soy sencilla, y aunque el tiempo de enfermera no me dé tiempo de hacer algunas cosas por mí, como ir de compras, puedo sola. —Pero le di la oportunidad de que tuviera tiempo. —No me gustó ningún atuendo. —Pues me sentí rechazado, sé que no puedo comprarla, pero el hecho de que no gasté mi dinero, me hace creer que no es suficiente para usted, puedo pagar lo que sea que usted desea, así que no tenga pena en pedirlo —insiste. —Gracias por decírmelo, pero de verdad, no me gustó nada. —Pues a la próxima iré y me aseguraré de que le guste algo. —¿Quiere que se repita? —pregunto y él asiente—. ¿Y cómo piensa hacer que algo me guste? —La llevaré a los lugares que sean acordes a su personalidad encantadora —me da una sonrisa y por alguna razón me gusta eso. —Dudo que llegue a conocerme, si por lo que me demostró hoy es que anda muy ocupado —digo odiosamente y sujeto la copa por el tallo para beber un sorbo del líquido. —Si soy un hombre ocupado, pero cuando algo o alguien me interesa, lo sé todo, así que no me subestime. Además, creí que no le importaría mi presencia porque aún no soy de su interés, a menos que ya se esté interesando en mí —da una sonrisa victoriosa, o más de un hombre creído. Cierro mis ojos y respiro hondo, aunque su seguridad suele ser atractivo, a la vez odio los hombres tan creídos. Tengo que ser más amable con él, por lo menos fingir que lo soy. —Pues me encantaría que sepa de mí porque pasa tiempo conmigo, es mejor así, si es que quiere conseguir enamorarme como dice. —¿Acaso me está dando las respuestas del examen, profesora? —Arquea una ceja divertido. —Solo una estrategia para que le vaya bien en la prueba —doy media sonrisa. —Pues gracias, jamás me había enamorado de una mujer y no sé cómo enamorar a una que no siente nada por mí. —No está enamorado de mí, está enamorado de lo que hice por usted, que fue salvarle la vida —le corrijo. —¿Ah sí? ¿Entonces esto se puede quitar? —Puede ser, siente algún compromiso y tal vez cuando me salve la vida a mí, se le quite. —Tendremos que probarlo en algún momento, aunque preferiría que se mantenga a salvo, no sé qué haría sin mi enfermera favorita. —Dice con una sonrisa—. Pero ya en serio, usted me interesaba antes del accidente, solo porque usted me dejó en claro que no quería algo serio conmigo y creo que eso se me hizo atractivo, pues eres la primera mujer que no desea ser mi esposa. Seguramente mi hermana lo hizo para no enamorarse pues es solo trabajo. —¿O sea que no se siente capaz de salvarme? —juego con eso y mantengo su atención en mí. —Si me siento capaz, solo que en mi mundo hay mucha gente mala y no quisiera que me vea destruirlos, usted les gusta salvar vidas y entiendo que, si yo acabo con una, podría alejarla de mí. Me quedo callada por un momento, parece que él sabe o tiene un indicio de lo que sé sobre él. —¿Y si le hubiese dicho que, si quiero ser su esposa, que hubiese pasado? —retoma el tema. Él me mira por unos segundos antes de responder, tal vez pensando que le he dado la razón. —Probablemente la hubiese rechazado, pero acepté su decisión hasta que me salvó la vida y supe que era una señal para no desperdiciar nuestro tiempo siendo solo amantes. —¿Y que nos diferencia ahora? Pues puede que con sus acciones siga pensando que solo soy su amante. Lo vuelvo a dejar pensativo, no sé mucho que ha hecho más allá de lo que ya sé con mi hermana, además de lo que mi padre me ha contado, pero tal vez hay cosas que a ella se le escapó decir por algo, no lo sé, espero que no se le haya olvidado nada. —Ya te lo dije, vas a ser mi esposa, te vas a enamorar de mí. —me asegura. —No me voy a enamorar de usted, usted no es mi tipo. —contradigo. Él me mira como si eso fuera increíble y suelta una sonrisa burlona. —Claro porque su tipo son doctores mentirosos que la tienen como amante, como tu ex, ¿no? —arquea una ceja. —Pues al menos tiene un trabajo decente —digo con firmeza. —¿De qué le sirve tener un trabajo decente, sino es decente como persona? Me hace callar por unos momentos. —Se nos va a enfriar la comida —logro decir y él asiente, apoyando mi punto. Ambos empezamos a comer en silencio, escucho que el ascensor se abre detrás de mí y unos pasos se aproximan, pero luego se detienen, veo al señor Moretti y este le hace una seña para que se acerque. —Disculpen la interrupción —dice Eduardo, su guardaespaldas. Eduardo camina hasta su jefe, se inclina para decirle algo en su oído y el señor Moretti asiente con una sonrisa. —Gracias —escucho que le dice a su guardaespaldas. —Estoy a sus órdenes —le responde y me mira—, disfruten su cena, con permiso. —Se retira poco a poco. —Mantente cerca, pero danos privacidad —le ordena y Eduardo le responde con un “Sí, señor”. Moretti presta su atención en mí y continuamos comiendo en silencio. Rato más tarde, terminamos de comer y Eduardo recogió los platos por nosotros, y se lo agradecí. —Estuvo deliciosa —le digo al señor Moretti. —Me alegro de que le haya gustado —Me da una sonrisa y se la regreso. Aunque me hubiese gustado más con el aguacate. —¿Ya podemos hablar? —le pregunto. —¿Tiene apuro? —Arquea una ceja. —Quiero resolver nuestro asunto. —Entiendo... —Saca algo de su bolsillo y lo muestra en la mesa, es un sobre pequeño—. Quiero decirle antes que como dije, puedo obtener cualquier información sobre usted en pocos meses, pero pensando en lo que me dijo, la conoceré mediante a citas, aunque si siento algún indicio de que me miente, tendré que mirar lo que hay en este sobre. Trato de mantener una cara de póker, pero en el fondo si tengo miedo, tal vez papá ayudó a Harantza, pero no sé si puede existir la posibilidad de que la persona que le hizo el trabajo pudo violar la seguridad de la policía. —Está bien, gracias por eso —le doy media sonrisa. —Es que tiene razón, ¿Cómo haré que me ame? Si no la conozco como se debe, le repito que es primera vez que esto me sucede, así que discúlpeme si he violado su privacidad con esto —toma el sobre y lo sacude—, pero le prometo que nadie lo ha visto, solo yo tengo derecho de hacerlo, pero no lo haré si usted me da toda la información mediante a nuestras citas. —¿Y si llega a desconfiar de mí? Abrirá el sobre. —Claro, tal vez me guste, pero mi seguridad está primero. —Pues el que nada debe, nada teme —lo desafío. —Perfecto —guarda el sobre—. ¿Por qué no querías saber nada de mí? ¿Hice algo malo? ¿Le dijeron algo? Dígamelo ahora y lo haré pagar. —¿Y cómo piensa hacerse daño a sí mismo? —me pongo seria y él queda confundido—. No solo actué como si no lo conociera por el trabajo, sino para dejar lo nuestro en el pasado. —¿Pero por qué? Nos estábamos divirtiendo... —No recuerdo haberme divertido con usted, usted se divertía conmigo —no logro controlar mi voz resentida. —Yo nunca te obligué Valentina, tú te entregaste a mí, no te empeñes en negarlo, sé que lo tienes grabado en tu mente, cada detalle —cierro mis ojos y me niego—, dijiste que solo yo pude hacer lo que otros no. —Lo dije por complacerlo —digo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD