—No mentí, solo me adelanto a los hechos, usted va a ser mía, que no lo veas ahora, es porque estás ciega, tal vez sea buena enfermera, pero no tiene una buena vista como yo —me guiña el ojo y se levanta—, hablaré con tu jefe.
El señor Moretti se va con una sonrisa victoriosa en sus labios y lo observo, hasta su forma de caminar, a pesar de las heridas, tiene un porte fuerte y elegante, como si no hubiese ocurrido nada en él.
Reacciono ante el llamado de una enfermera y me dice que el doctor Salvatore me necesita, por lo que me levanto y me dirijo hacia dónde me han dicho que se encuentra. Lo hallo en un pasillo saliendo de una habitación mientras revisa una carpeta, el diagnóstico del paciente, y termino de acercarme a él.
—Ya estoy disponible doctor —le aviso.
—¿Ah sí? Pues creía que no lo conocía —dice enojado y doy un suspiro.
—Pensé bien lo que dijo, sobre que no quería tenerme como amante, eso dijo recientemente, pero lo pensé mucho y siempre me quiso como amante, porque me oculto desde un principio que tenía pareja. Así que ya dejé de estar enojado conmigo por querer seguir con mi vida con otra persona, alguien que, si me considera prioridad, y si no necesita mi asistencia como enfermera, entonces no tengo que hacer aquí...
Iba a retirarme y me detuvo.
—No, disculpe, no fue muy profesional de mi parte.
Asiento lentamente y veo su agarre sobre mi brazo, me encanta, pero no podemos... él también ve ese agarre y me suelta.
—Sígame... —me pide y se da la vuelta.
Hago lo que me pide y juntos empezamos a checar un paciente, y así estuvimos por unos minutos, luego llegan varios pacientes a emergencia por quemaduras y los atendemos, venían de un incendio, horas más tarde, tenemos un éxito en los pacientes, curados y sanos.
—Eso estuvo agotador —comenta el doctor mientras caminamos al comedor—, necesitamos un buen descanso, ¿Qué tal si salimos hoy? —propone a todos, pero sus miradas son constantes hacia a mí.
—Me parece perfecto —apoya una enfermera.
Muchos aceptan el plan y yo me quedo callada, por lo que la mayoría me ve.
—¿Y usted enfermera? ¿O tiene planes con su nueva pareja? —pregunta Nicolás interesado en mí—. Tal vez debería invitarlo.
—Eso no se va a poder —dice una voz masculina siendo el centro de atención y nos volteamos a ver al director junto con el señor Moretti, pero quien habló fue el director—, ella es la enfermera del señor Moretti y necesita de sus cuidados, por lo que se irá a partir de ahora con él y lo atenderá muy bien —asegura viéndome con una sonrisa.
Anuncia el director y yo no puedo creerlo.
—¿Qué? Pero falta personal y... —me interrumpe.
—Lo harás de todos modos —dice él y se va. Yo miro a Vincenzo, ese infeliz.
—La esperaré afuera —me guiña el ojo y también se va, así que, en vez de irme con él, persigo al director.
—Señor, disculpe, pero ¿cómo pudo autorizar eso?
—Ofreció mucho dinero a cambio de sus cuidados, entiendo que todos importen, pero este lugar necesita de su donación y si ese señor no está bien, el hospital no lo estará.
—¿O sea que me está vendiendo?
—No, estamos prestando servicios que no podíamos prestar por falta de dinero, además no tiene que hacer nada malo, solo mantenerlo con vida y con buena salud. Por favor no nos decepciones, con sus donaciones, el hospital estará mejor, piensa en los pacientes, el bien de todos.
—Claro, señor —dejo de perseguirlo y miro al suelo.
No es tan malo, tal vez así estoy más cerca de él, ¿no? Se me hará más fácil la venganza. Me doy la vuelta y me encuentro con Nicolás.
—¿De verdad piensas hacerlo?
—Es un paciente importante, claro que lo haré —le digo seria.
—Importante porque es su novio, ¿no?
Ruedo mis ojos por sus palabras que suenan a un reclamo.
—Perfecto, vete con él y pasa todo el día atendiéndolo.
—Es lo que haré —me encojo de hombros.
—Parece que fuera un sacrificio, pero yo he pasado un día contigo y sé lo que sucede —me dice molesto y me acerco a él con una mirada de advertencia.
—Es diferente, él está requiriendo mis atenciones de enfermera, no de novia.
—Eres ambas —me asegura.
Él se va enojado conmigo, dejándome la palabra en la boca, no sé qué cree él, el director dijo que lo mantenga con buena salud, no me están pidiendo acostarme con él, aunque Nicolás crea que somos pareja.
No le tomo importancia a Nicolás, es un egoísta, no puedo estar con nadie más, pero tampoco con él. Camino hacia la salida y me encuentro con el señor Moretti, pero antes de irme con él, firmo mi salida y unos papeles que notifican que estaré trabajando fuera del hospital temporalmente.
Luego salgo junto con el señor Moretti y me guía a su auto, abre la puerta de los puestos traseros con caballerosidad y me subo, no muy contenta con esto y luego sube él, anuncia a su chofer que arranque, y apenas lo hace, nos siguen varios autos.
—¿Quiere que la lleve a casa? —habla, dejando de ver su móvil.
—¿Disculpe? —arqueo una ceja.
—Sí, para que descanse, debe estarlo.
—Estoy a sus servicios, ¿no? Eso no debería importar.
—A mí sí, no hará bien su trabajo si no descansa.
—¿Y qué trabajo haré? Porque que yo sepa, ya está curado.
—El trabajo de esposa claro está —dice muy obvio y me hace reír.
—¿Sin mi consentimiento ya estoy casada con usted?
Él da un suspiro y mira su móvil.
—¿Dónde vive?
—No quiero ir a casa, si estoy trabajando mucho es porque me duele la idea de estar en casa y no tener a mi hermana. Así que, si no me necesita, por favor lléveme al hospital.
—No, ya sé que hacer. Eduardo, llévanos a un spa, pasaremos un día relajante para la señorita y tal vez ir a una peluquería, a comprar ropa —dice mirándome.
—¿No le gusta mi uniforme?
—Me encanta... de hecho —acerca su rostro al mío y me susurra—, me causa mucho morbo.
Que me dijera eso produjo unos escalofríos en mi cuerpo y me gustó.
—Además, hoy tenemos una cena, ¿no? Para hablar, o eso acordamos cuando andaba trotando.
Pienso en lo que dice y desorbito los ojos.
—También dijo que me quería ahora, en ese momento —le digo y él esboza una sonrisa.
—Ya te habías tardado en deducirlo —se burla.
—No sé pasé, habló con mi jefe a propósito porque es un impaciente, no se esperó de vernos está noche —me enojo con él—, ¿y lo de la mano? ¿Acaso se hirió sin querer o también fue adrede?
Tomo su mano y la examino creyendo que podría ser falso.
—Bueno, es que no tuve más opción, usted dijo que no iba atender a alguien que ya se estaba recuperando.
Suelto su mano de inmediato y se queja de dolor.
—¿Cómo pudo herirse a propósito? —me enojo con él.
—Esto no es nada comparado a sus rechazos, además, no fue adrede, fue el destino, no me herí a propósito, solo pensé en usted cuando pasó, pero si no hubiese pasado, usted tendría su día normal de enfermera, ni siquiera se me hubiera ocurrido hablar con su jefe.
—Está mal —niego desaprobando lo que pasó.
—No, no podía dejar de pensar en usted, así que la traje conmigo, si está lejos de mí, me preocuparé y me estresaré. Ambos no queremos eso, créeme.
—Usted no necesita una enfermera, necesita un psiquiatra —me cruzo de brazos y miro a otro lado.
—Pues tiene razón, morí por unos segundos y resucite, regrese loco y es por usted, porque su imagen era la única que me mantenía con las ganas de volver a mi cuerpo. Por eso va a ser mi esposa, pero quiero que sea de corazón.
—¿Cómo? Creí que me obligaría luego de mover las piezas para estar en esta situación...