No somos nada, mintió

1484 Words
—¿Y qué tal? —le pregunto con una sonrisa y él se muerde ligeramente el labio. —Pues ya no quiero comer comida china —dice sin pensarlo y niega, haciéndome reír—, perdón, si es curioso, llama la atención de los clientes. —Vale, y como aquí no hay ningún cliente, no tengo porque llamar la atención, entonces me cambio, pide la comida —le guiño el ojo y él asiente. Cierro la puerta y me cambió, fue mala idea hacer eso, pero tengo mis razones, también tengo ganas de tener sexo, pero mis emociones influyen, así que no quiero hacer esto porque me siento sola y quiera quitar rápido la depresión que siento por mi hermana. Al salir con mi antigua ropa, veo a Nicolás en el sofá, sentado viendo la televisión. —Hey, ¿Qué paso compañero? ¿Qué hace descansando? —No puedo seguir viendo esa ropa mientras pienso que se vería bien en ti, necesito quitarme esa imagen ahora, porque no es algo de amigos —dice muy decepcionado de sí mismo. —Lo siento —me reí y me siento a su lado—, no sé porque hice eso, bueno si lo sé, y es que... —agacho mi rostro— te necesito más que un amigo. Confieso y su mano sujeta mi mentón para hacerlo mirar. —Yo también —me dice mirándome a los ojos. No resisto más y lo beso, él me sigue el beso y me atrae a él para subirme en sus piernas, ambos nos desesperamos por el otro y no falta mucho para quitarnos la ropa, pero él nos detiene. —No, perdón, puedo hacernos esto —me aparta—, yo tampoco puedo ser tu amigo. —Entonces no lo seamos —intento besarlo, pero me esquiva. —Estoy casado y tú estás mal por la muerte de tu hermana, Valentina, no está bien, no es el momento. No quiero que seas la amante, eso te va a herir mucho. —Pero en cuanto lo supere, tampoco querrás que sea tu esposa oficial, porque no vas a dejarla —lo reconozco. —No puedo hacerlo, lo siento, pensé que podía ser tu amigo, pero míranos, nos haremos daño, lo mejor será dejar de hablarnos totalmente, solo nos hablaremos para lo laboral, ¿vale? —me quita de encima de él y asiento—. Te amo, ojalá te hubiera conocido antes que ella —se levanta y besa mi frente—, toma para la comida china, me voy a casa. Deja el dinero en mi regazo, recoge sus cosas y se va, nuevamente me siento sola, pero él tiene razón. Me levanto y continúo arreglando todo sola, debo tener el valor de hacerlo hasta que aprenda a vivir sin mi hermana y sin Nicolás. La comida china llega y le pago al señor, me siento a comer en la mesa y dejo la comida extra a un lado, mientras como la lumpia, me quedo viendo fijamente las cajas de mi hermana y recuerdo sus disfraces. *** Empiezo una rutina de ejercicio, quiero distraerme de todo, así que me he puesto a trotar todas las mañanas, antes de ir al trabajo. Voy trotando en el parque con mis audífonos y un volumen moderado para no sentir molestia, hasta que alguien se posa a mi lado, pero como está trotando al igual que yo, no le presto atención al principio, pero comienza a hablar y apago la música, luego desvío un poco mi mirada del camino para ver quién es... el señor Moretti, me detengo de inmediato. —¿Qué hace? Necesita descansar —le digo y él se detiene con la respiración acelerada. —Si no es mía, no podré descansar, no dejó de pensar en usted y no me ha llamado, no estoy acostumbrado a tener las cosas con dificultad —me dice y apoya sus manos en las rodillas y me acerco a él para sobar su espalda. Claro, está acostumbrado hasta obtenerlas obligadas. No sé qué decirle, más pienso que, no tengo mucho que hacer con mi vida y quiero hacerle justicia a mi hermana, así que voy a aceptar la propuesta de mi padre. Además, este tipo no va a rendirse, yo quiero alejarme de su mundo, pero algo me dice que tengo que estar en él por un tiempo, hasta que el que mató a mi hermana esté tras las rejas. Creo que necesito hacerlo o no la voy a superar, y hacerme pasar por ella será como estar con ella, y tal vez así pueda cerrar mi ruptura, dando sus pasos. —Pero no se confunda, puedo tener energía cuando se trata de usted —alza la mirada y esta es juguetona. Veo a los guardaespaldas detrás de él, quienes están a una distancia que creo que no nos pueden escuchar, y luego lo veo a él. —No se lo pondré fácil, pero tampoco seré complicada, así que veámonos está noche —le digo y él se incorpora como puede. —La quiero ahora —exige. —Tengo que ir al trabajo —me niego. —Trabaja para mí, necesitaré de sus cuidados —me ofrece. —En el hospital hay más personas que atender, lo siento, no puedo dejarlos, así como así solo por cuidar a alguien que ya está recuperándose, solo puedo hacerle chequeos, nomás... nos vemos está noche. Y antes de que pueda protestar, me voy trotando, pues ya es tarde, debo tener más cuidado, ese tipo está obsesionado, o si no, ¿Cómo supo que comencé a trotar todas las mañanas? Después de trotar, me fui a la casa, me di una ducha rápida y fui al trabajo, hago mi firma y en lo que hago mi firma, veo pasar a Nicolás, pero este ni me ve, soy totalmente invisible para él y lo acepto, debería hacer lo mismo, solo hablarle cuando realmente lo necesite. —¡Ayuda! ¡Ayuda por aquí! —escucho gritar a alguien—. ¡Necesito a la enfermera Castillo! ¡Solo me dejaré atender por la enfermera Castillo! Busco con la mirada a quién pueda ayudar y es alguien que va entrando, un hombre de traje y lo primero que veo es su mano sangrar, cuando me acerco para ayudar, él alza la mirada y claro, es el señor Moretti. —¿Qué le pasó? ¿Qué hizo? —sujeto su mano y veo pedazos de vidrios en ella. —Un pequeño accidente, se me cayó un vaso y al recoger los pedazos, me corte —me dice. Lo guío a uno de las aéreas para herida fuera de peligro, le indico que se siente en una camilla y busco una silla, me coloco unos guantes y me extiende la mano para checarla y sacarle el vidrio. —Enfermera Castillo, la necesi... —se interrumpe su voz y lo veo de reojo. —En un momento doctor Salvatore —le digo. —¿Otra vez usted aquí? —no lo escucho contento y los veo de reojo, ambos no parecen caerse bien. —Tengo una vida de doble de riesgo —dice encogiéndose de hombros—, por eso considero que la enfermera Castillo debería trabajar para mí. —No tenemos personal para que una enfermera este 24/7 con usted solo porque no sabe cuidarse. —le responde Nicolás. —Sé cuidarme, pero quiero que ella me cuide, tiene manos mágicas, además podría hacer una donación muy grande para que acepten que ella esté conmigo, en cuanto termine, hablaré con el director —asegura él. —¿Y quién la cuida a ella? —arquea una ceja desafiante. —Obviamente yo. —Pues se nota, mire como está usted. —Bueno, pero el cuidado es mutuo, así son las parejas, ¿no? Yo lo veo de inmediato y siento la mirada de Nicolás en mí, enojado. —¿Disculpe? ¿Desde cuándo son pareja? —¿Habría algún problema con eso? Porque que yo sepa, usted es casado. —Soy su amigo y me preocupo por ello. —Jamás vi a un amigo preocuparse porque su amiga está intentando tener una relación. —No es profesional que salga con un paciente. —Pues llevamos tiempo saliendo, además así será la única forma en la que meta dinero a este lugar, no dejaré que mi novia trabajé en un lugar inestable, veo por su salud y con malas instalaciones no puede trabajar bien, es eso o llevármela a que trabaje para mí. Termino de curarle la herida al señor Moretti y veo a Nicolás, quién me mira apretando la mandíbula y se va. —¿Qué le pasa? ¿Por qué dijo eso? —Si no quería que ese tipo dejara de acosarla con sus celos ridículos, me hubiese detenido. —Pero es que usted y yo no somos nada, mintió.
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