Cap 6 — Prisionera de la historia

2072 Words
El psiquiatra preguntó algunas cosas y anotaba mientras tanto absolutamente todo. Me dijo que debía ir a verlo de seguido, pero no fui muchas veces. Sé que debí hacerlo, pero si lo hubiera hecho no estaría escribiendo esto. Una vez me introduje en este mundo, tan fácil es como tu mismo puedes identificar a otros como tú, que consumen. No recuerdas cuando dices cosas malas y al otro día te levantas como si nada hubiera pasado. No voy a mentirles, lo necesitaba. Era lo mejor del mundo, por primera vez no era esclava de mi pasado. Pero era esclava del presente y de la inercia. Encontré la beta, pero una vez la encontré, no quería nada más que ese silencio mental, aunque sea por un momento. Tengo una lista de reproducción que era para tener sexo, y lo usaba normalmente cuando lo hacía y estaba drogada. Porque era lo único que me conectaba con los sentidos y no con la persona con la que lo hacía, podía tener sexo con cualquiera y no importaba quien fuera porque sabía que no me aferraría a esa persona. Aunque supe después, que no le puedes contar a todos que consumes, porque lo usarán en tu contra. Y yo, seré lo que soy, consumiera lo que consumiera, pero antes de llevarme algo a la boca era yo misma, y sabía que el mundo me quedaría pequeño siempre, y seguirá siendo así. Aunque ustedes no lo sepan. Conocí una vez a un chico, se llamaba Giuliano. Y esta parte de mi vida es bastante importante porque fue lo que marcó la tragedia, mi tragedia. A Giu lo conocí en la universidad que ambos comenzamos juntos, aunque voy a decirles la verdad un poco, no me gustaba mucho esta carrera ni la docencia en general, pero era barata y mis padres habían estado gastando un dineral conmigo en psicólogos, psiquiatras y medicamentos, así que, estudiando una nueva carrera, conocí a quien era físicamente todo lo que buscaba y más, caucásico, ojos morenos pero ligeramente rasgados, blanco, semblante perfecto, cabello lacio. Siempre había querido tener un novio así aunque sabía que si lo hubiera conocido en una discoteca hubiera pensado que era un imbécil. Comenzamos a hablar, bueno, en realidad, yo le comencé a hablar. Porque me pareció lindo al momento, o al menos lo más lindo en comparación con mis demás compañeros. Él parecía no estar atraído hacia mí. No hablaba demasiado con el resto de los chicos tampoco, pero mi extrovertida personalidad lo atrajo hacia los demás, y lo incluyeron. O eso pareció. Por supuesto yo efectivamente tenía un grupo formado y súbditos, no me tardó mucho, y mientras Giuliano no se llevaba con nadie, para mí fue muy fácil acercarlo al resto. Y la única persona que hizo aquello, la primera persona con la que habló al llegar, fui yo. Y eso estaba repleto de una enorme sensualidad, pero de todos modos no importa, porque ambos dejamos la universidad. Lo cual es enormemente gracioso, triste, porque haber abandonado la universidad para ambos fue una pérdida de tiempo. De Giuliano me había costado entender, y aún me cuestan, porqué busca morirse sin decirlo a viva voz, porque aunque lo oculte, él hace deportes extremos, le gusta saltar desde cosas en movimiento, no tiene miedo a nada, y quizás todo esto y lo que contaré después es lo que hizo que me gustara en primer lugar. Alguna vez me contó, luego de que ambos dejáramos la universidad, que él estuviera pasando algunos días malos, que lo ayude y me lo agradezca. Aunque yo solo lo hice por interés propio, porque me interesaba mover los hilos de algún tipo de seducción. Pensaba que me entretendría estar en clases e incomodarle, me gustaba la idea de que asistiéramos a las mismas clases y quizás posar mi mano en su pierna hasta tal punto de incomodarlo, me excitaba la idea de pensar que saliendo de la universidad nos pudiéramos ir a mi casa y tener sexo, aunque nada de eso pasó en realidad, porque ninguno de los dos siguió en la universidad. Pero no crean que la historia de Giuliano termina aquí, porque no lo hace. Giuliano pensé que sería el amor de mi vida, de lo contrario solo fue lo peor que pude haber conocido, y un accidente que me costó muchísimo tiempo de olvidar. Creo que habría sido un plan del destino que acabásemos juntos. O acabásemos. Una de dos. Luego de unos días, Giu comenzó a mostrarme tabletas de xanax vacías, y solo decía ''Mi amigo de ayer es un blandito, con este tipo de cosas se duerme'' y luego él iba con esas pastillas y muchas más, como con ketamina, a tomar con sus amigos. Amigos a los que inició presentándome, haciéndome parte en un principio, me daba la mano frente a ellos, y me hacía sentar en su regazo, y hasta una vez hicimos el amor con las manos entrelazadas una vez estuvimos a solas, me hacía sentir importante. Siempre que me diera un migaja de afecto me hacía sentir importante. Les hablaré de ése día, porque eso fue el comienzo de todo. Habíamos hablado de vernos y terminamos haciendo algo con sus amigos, lo vi tocar guitarra y escuchar géneros musicales que jamás escucharía sino fuera por él. Y sin embargo él cantaba y para mí era el éxtasis. Después, antes de llevarme en el auto de su madre, hicimos el amor cerca de una costa del pueblo, en la madrugada, y nos entrelazamos las manos, y me las apretaba, como si me quisiera, y yo estaba tan necesitada de afecto, que quería ver que eso era algo bueno. Pero solo fue una vía libre. Luego comenzamos a vernos para drogarnos horas y horas, y yo no podía pedirle mis medicamentos a mis padres, así que tomaba los de él, y él me instaba a que tomara más, y nos reíamos, drogados, frente a frente, bailando una canción que quizás solo sonaba para nosotros como en películas hollywoodenses, pero no, no eran las películas. Era la vida real. Eramos un desastre, pero supongo que de algún modo me encantaba haberlo conocido, poder drogarme con él, y tomé el gusto a que alguien más quisiera hacer las mismas porquerías raras que hago, pero eso no significa que son el amor de mi vida. Pero lo creí. Me gustaba fascinarme con historias románticas aunque no lo admitiera. Me encantaba Diario de una Pasión y en el fondo quería que alguien me escribiera 365 cartas. Giuliano era un drogadicto que veías y lo sabías, sabías que probablemente lo era, su mirada, sus expresiones lo delataban. El problema fue cuando todo eso se trasladó a mí, cuando la que lucía como una drogadicta era yo. Primero fue un secreto a voces, y luego dejé de verme con mis amigos, porque en general, siempre me decían lo malas que eran las pastillas y que debía parar por mi bien. Yo solo estaba comenzando algo nuevo con alguien que me gustaba, no estaba más sobria, no era mi intención hacerle daño a alguien, pero supongo que comencé a ser violenta con las personas a mi alrededor, y todos fueron alejándose de mi. Pero yo estaba cobrando vida junto con Giuliano. O eso creí. No respetábamos el tiempo, ni teníamos horarios, aunque él nunca hablaba de ello, en realidad es que él buscaba estar más tiempo fuera de su casa. Entonces, nuestra casa se había vuelto su auto, sus amigos, la casa de alguien, y todo era hermoso. En realidad, todo era hermoso hasta que Giuliano me regalaba como si fuera objeto de ofrecimiento frente a sus amigos, o me usaba como un trofeo, pedía que nos tomen fotos mientras me tomaba el trasero, y yo, tontamente, creí que era tierno. Este tipo de cosas cobraron sentido después, pero de todos modos, Giuliano era un drogadicto y yo también, su entorno también lo era. Era un ambiente muy peligroso, y lo debí haber sabido, y es algo tonto contarles algo, porque sé que nadie entenderá sin saber lo que sucedió después, pero yo juré haber estado enamorada de Giuliano, y sin embargo, nadie importante en mi vida jamás lo conoció. No conoció mi casa, ni mi familia, ni mis intereses. Ni siquiera habíamos compartido tanto tiempo en la universidad porque yo había ingresado y él no. Lo que significa que yo seguí la universidad un poco más de tiempo que él. Y respecto a mi historial académico, no voy a mentirles, soy una haragana y holgazana. Nunca leía libros, no era amante de las rutinas, normalmente las personas asumían por propia cuenta que era intelectual pero en realidad solo era alguien normal. Me había postulado para exámenes de admisión en dos universidades distintas, una de derecho y otra en docencia, pero la universidad de derecho era más costosa, aunque me gustara más, y lo hice, estudié unos años y luego quise relajarme, así que me postulé para ser profesora de psicología y funcionó un tiempo. Funcionó el tiempo que estuve con Giuliano, luego me aburría. Las universidades con exámenes de admisión son algo problemáticas, puedes hacer los amigos que quieras pero luego te encontrabas en un aprieto, a veces admitían a tus amigos y a ti no, y otras veces solo a ti. Y mi caso era el último. Cuando ingresé en la universidad de derecho, no es que lo hubiera notado. No tenía amigos, el examen se dio muy pronto, prácticamente era solo postularse y probar suerte. Cuando lo hice la segunda vez para psicología, es decir, para docencia en psicología, el examen se haría luego de un mes donde deliberarían diariamente quien ingresaba y quien no. No me tenía confianza en ninguna universidad de todos modos, yo sabía que era antirutinaria y que podía querer abandonarlo todo si pensara que las cosas eran difíciles. Pero no lo fueron. En leyes solo reprobé dos materias en el tercer año que llevaba, y luego comencé a tomar pastillas y tenía cansancio todo el tiempo, así que no podría aventurarme en un examen con alguna jugarreta poco fidedigna. Esto es algo que realmente nunca he leído que nadie hiciera pero quizás todos lo hacen, y al menos a mí me funcionaba. Jamás leía todo el material para los exámenes, solo leía lo que sabía que tenía relevancia y luego palabras claves para explayarme sobre todo el resto del tema. Como les dije, no era aplicada. Tuve alguna vez una materia, historia, y me costaba mucho porque había ingresado a la universidad cuando en el instituto yo había ido a la especialidad de Ciencias Naturales. Lo que significaba que nunca había sido buena para historia, pero luego supe que no me disgustaba, que solo no la había aprendido. Sabía que el profesor en la universidad tenía ciertos afectos por algunos temas más que por otros, así que una vez me senté a esperar a que todos salieran de dar sus exámenes y les pregunté que temas les habían preguntado, así que solamente estudié esos temas. La probabilidad estadística dudo saberla, pero básicamente es que no había manera que él supiera que tenía una lista de temas aleatorios de los que les gustaba leer, que tampoco sabría que descartaba el resto del programa y a todas las unidades cuando priorizaba solo once temas. Y es probable que él pensara que si sabías con exactitud once temas, es porque el resto de la cuadrícula también la sabías. Pero asumir no era de la posición de un profesor de universidad, ellos solo ponen una nota y tendrán al final del día un porcentaje de personas que completaron los conocimientos que él esperaba que hicieran, y otro porcentaje de personas que tuvieron una perspectiva distinta, que no significa que no hayan estudiado, o que no leyeron lo suficiente, sino que no leyeron lo suficiente del tema que ellos querían. El resto de las materias era una cuestión azarosa, normalmente nadie lo admite y es algo que me disgustaba que estuviera muy evidente en el profesorado. Y era el hecho de que allí ya no importaban los exámenes, importaba una gran parte de un porcentaje de nota actitudinal, que podía ser por cuestiones que fueran desde que eras un revoltoso en la universidad a como caerle mal al profesor de turno por tu cara. No me gustaba esa variación. Yo nunca caía bien a las personas por mi cara.
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