Giuliano tenía una familia de dos hermanos, madre y padre juntos, lo típico. Inclusive era bastante unido con ellos, y esa era una de las cosas que me gustaron de él. No, no que tuviera una familia, pero sí que la quisiera. No sabría decirles si conocí personas muy desunidas en cuanto a sus padres o es que somos los hijos desarraigados de la historia y quejarse de que nos aman es instintivo. Recuerdo que el hecho de que Giuliano expresara que quería a sus padres me hacía sentir familiarizada, porque yo también solo vivía por ellos. Pero sus padres compartían un miedo en común sobre cosas que ocupaba el tiempo Giuliano; lo extremo. Siempre se la pasaba de rampas, en bikers, en skate, habían días que no aparecía por estar con sus amigos y todos ellos tenían autos y sabía que jugaban a quien era el más veloz en las rutas.
Una vez, mucho antes de que todo comenzara a desmoronarse, nos metimos a su casa a hurtadillas, y su padre le gritó, no me había visto, pero sin embargo quizás eso era peor, pensó que yo era un amigo y que Giuliano otra vez había metido gente a escondidas a su casa para drogarse, y su padre lo regañó, pero siempre lo apoyaron a pesar de que él fuera un peligro.
Tenía muchas ganas de estar con Giuliano, todos los chicos con anterioridad reaccionaban a mis provocaciones o a mis insinuaciones, pero Giu no. Y no precisamente por esto es que me gustara, porque en realidad me disgustaba bastante esta parte de él. No nací para ser insignificante para alguien. De todos modos no es que fuera insignificante, o eso me gusta pensar. Giuliano finalmente comenzó a hablarme con el tiempo de una manera particular, porque habían pasado meses desde que había dejado la universidad y no lo había vuelto a ver. Y el tiempo, en este siglo, es oro. En meses algunas personas se ponen en pareja y terminan con la misma rapidez con la que empezaron. Entonces, efectivamente meses pudieron significar que quizás no íbamos a estar juntos nunca. No quiero convertir esto en una historia romántica, porque no lo es. Es una mera coincidencia nuestro encuentro, no tiene ningún significado cósmico.
Giuliano no estaba enamorado de mí, eso lo supe mucho tiempo después, pero yo, estaba enamorada de la sensación de no estar sola. Estaba cansada de que al final de la fiesta, estuviera sola con mi cabeza, que todo terminara en mi cuarto con la mirada al techo, y el tiempo que estaba con él, se sentía bien pensar que tenía alguien que me tomaría de la mano mientras todo daba vueltas. Él nunca fue culpable, no era responsable de que yo me arrojara al vacío sin paracaídas.
Creo honestamente que ambos, todo lo que hicimos fue abrazarnos al otro en una ilusa idea de que alguno de los dos podría salvar al otro. Ya sabes, ''lo hago por nosotros'', ''estoy soportándolo por amor'' y en el camino nos desaparecimos. Incluso creo que antes de estar juntos ya ninguno se reconocía a sí mismo. Pero fuimos ilusos, soñadores y egoístas. El sufrimiento personal es egoísta, creo que el solo hecho de que te autoflageles es sinónimo de un complejo de víctima.
Volviendo un poco a la historia, no recuerdo cómo se dio la primera vez que nos vimos, no es porque no fuera especial, pero casi nada era especial en aquellos días. En ocasiones creo que mi cerebro me llevaba a vivir en constante pugna conmigo misma, porque no pensaba profundamente que Giuliano estuviera interesado en mí, y sin embargo, el encuentro recuerdo haberlo organizado yo. Supongo que aunque no lo admitiera, inconscientemente me boicoteaba a mi misma, porque esperaba que dijera que no y abriera alguna herida. Lo solía hacer constantemente, con anterioridad, huir o buscar que me lastimen para saber hasta dónde llegaría el otro. Supongo que creí, equivocadamente, que los extremos significaban sentir y ese era mi problema, que sabía que peor era no sentir nada.
Y ciertamente lo es, porque por momentos estuve tan drogada en mi vida que no sentía dolor, pero tampoco felicidad, excitación ni inmutación alguna. Todo importaba una mierda y no podía llorar, recuerdo buscar hacerlo tantas veces porque recordaba que antes de comenzar a drogarme lo hacía todo el tiempo. Pero nada. En ocasiones me autoinducía el llanto solamente para comprobar que aún tenía emociones. Buscaba intensamente todo lo que sabía que me entristecía o que recordara con mucha pasión, y nada lo disfrutaba. Con el tiempo esa sensación de que nada te inmute se volvió lo único que buscaba. Porque el ser humano es así, tiene mucho menos miedo a morir que a sufrir. Y déjenme decirles que eso tampoco era vivir.
No puedes desmenuzar tu interior a tu antojo, sin creer que no quitarás lo bueno. No puedes apreciar algo ni valorarlo si no sabes lo que es sufrir por no haberlo tenido, por eso, muchas veces caemos en el grandísimo error de dar por sentado lo que tenemos.
Una vez, de madrugada, porque solo parecía acordarse de mí cuando eran sus noches de soledad, me habló y me sugirió ver el amanecer juntos porque tenía el auto de su madre por el momento, decidí coincidir con él y nos mantuvimos drogados observando lo que tarda en cobrar vida. Y dijo que alguna vez veríamos el atardecer juntos, pero que le gustaría hacerlo de nuevo con un auto propio. No me importaban las sandeces que decía, yo solo quería estar con él. ''Amor y vida'' tenía escrito en un brazo, amaba ese tatuaje, significaba tanto para mí, amor y vida, pensaba, amor y vida lo dividiré. Y él me abrazaba y se acurrucaba conmigo, me daba besos sorpresa y yo comenzaba a perder resistencia, resistencia a que fuera el tipo de chica de las cuales esperaría a Giuliano toda la vida. Sabía que su mundo se movía rápido y quemaba casi igual. Me llevó a lugares que nunca había estado, y era algo que venía con él, algo que no podía transmitirse, que suscitaba problemas. Y entonces, los recuerdos vuelven, pero él nunca lo hace.
Ni lo hará.
Cuando le solía comentar a mis amigas, lo poco que le comentaba, respecto a Giuliano, siempre quisieron conocerlo. Es algo tonto pero esas cosas me hacían preguntarme sobre nosotros y quienes éramos, él solía llevarme con sus amigos, venir borracho y drogado, conocía su casa pero él no conocía la mía ni a mis amigos, y mientras más lo pensaba solo podía verme a mi misma en tercera persona y ver como en realidad siempre estaba sola. Giuliano en realidad parecía una persona que había inventado en mi propia cabeza y nunca lo que realmente era en la mía, es decir, podían pasar semanas donde mi mente llevaría a la cama los pensamientos donde en todos él era protagonista, pero cuando tenía que comentarle a alguien más sobre él, me daba cuenta que en realidad no podía decir nada. Él nunca estuvo a las circunstancias de nada de lo que estaba en mi cabeza en realidad. Solo era mi mente la que lo llevaba a tener un lugar y pensar que estaba bien aquello. No pude prensentarle Giuliano a mis amigas, ni tampoco a mis padres. Sin embargo, mis padres sabían que estaba con él y sabían su nombre, sabían que su hija pasaba tiempo con alguien llamado así pero jamás lo pudieron conocer realmente. Solo veían a través de las cortinas de la ventana de la casa las luces de frente de su auto estacionado para buscarme, pero el resto, era una figura.
Cuando recuerdo este tipo de cosas, lo pienso en profundidad. Me avergüenza que en realidad jamás tuve algo concreto con él y la manera en la que lo había idealizado en mi mente sucedió tan rápido que ni siquiera pude darle un freno o ser consciente. Y daba igual lo que sucedía, como me sentía, que él nunca estuviera en mis recuerdos con las personas que también yo quería, y solo cuando lo recuerdo, me doy cuenta que era inevitable alejarme del mundo, porque Giuliano nunca quiso ser parte de mi mundo, entonces yo abandoné mi mundo y también me abandoné a mí para ser parte del suyo o hacer en su lugar un mundo nuevo, algo que jamás sucedió. No hicimos un mundo nuevo y tampoco me integró al suyo. Ahora mismo, que ha pasado tanto tiempo, sé con certeza que jamás fui parte de su mundo y que en realidad no lo conocía.
Cuando él cambiaba de número o se desaparecía por tiempos indeterminados, los mensajes terminaban nadando en la profundidad del olvido y la imagen quizás se volvía un poco más palpable, más real. Giuliano se transformaba en lo que realmente era en mi vida, un fantasma, un montón de mensajes de los que nadie era testigo y de los que no importaba a quien se los mostrase, cuando leía entre líneas jamás en nuestras largas conversaciones figuraba yo como un elemento de importancia en su vida. Es decir, podía solía sentirme tan bien cuando él me escribía y cuando charlábamos, pero luego me daba cuenta que las personas que te amaban no eran una ausencia permanente, que todo lo que yo debía exigirle a alguien no se las podría exigir a él, y si no se lo exigía, de todas maneras tampoco me las daría. Y luego me doy cuenta, que quizás por eso es que nos veíamos de seguido, porque yo nunca representaba un lugar real, y él, sin embargo, cada momento en el que pensaba que podría olvidarlo, que sería mejor pasar página, de pronto, él aparecía y yo retrocedía en todas mis decisiones o dejaba de lado todo lo que estaba haciendo porque volvía a tener su atención. Estaba tan feliz que apareciera, que no se lo llevara el vacío y el tiempo, que cada vez que regresaba, la cuenta volvía a cero. Entonces siempre volvíamos a estar en cero, no había nada que reclamar y todo estaba en el olvido, sus ausencias, las veces en las que me preguntaban por el ''chico'' que me gustaba, y todas las veces que solo Dios sabrá que busqué respuestas perdidas en las paredes y en los muebles de los lugares en los que estaba, porque no podía mentir y usualmente mi rostro incierto intentando modular una respuesta coherente, siempre me delataría.
Con el tiempo, las personas dejan de preguntarte, y sé que por dentro saben la verdad que yo no sabía o no veía en el momento, y es que estaba sola. Pero la realidad era aún peor. Si bien es cierto que estaba sola, cada vez que él aparecía, yo me alejaba de mí. Y alejarse de uno mismo es una de esas cosas que parecen profundas o no son fáciles de explicar, pero básicamente era lo que sucedía en el trajinar en el que tenía que mentir y justificar sus ausencias porque sabía que él aparecería algún día sin aviso y volvería a sus brazos, y que estaba de acuerdo con esa situación, y que eso podía pasar en meses, años, y yo solamente estaría a la espera. Entonces yo me había convertido en esa mentira prolongada, en ese discurso que evitaba la realidad, que dejaba preparado para cuando volviera, pensando ilusamente, que quizás un día él regresaría para quedarse y para tomar el lugar que yo con tanto fervor le quería dar.
La relación con mis padres comenzó a complicarse también en ese tiempo, porque no tenía ánimos de estudiar y sentía que vivía en automático, en una larga e interminable espera y me había vuelto hostil y un poco agresiva, no tenía nada para contar y lo poco que tenía en realidad eran cosas que sabía que no podía contarle al mundo y entonces comenzó a producirse un silencio incómodo con mis padres que era el único vínculo que funcionaba para mí, entonces dejó de funcionar y todo el resto fue en caída libre.