Si te vas, ¿quien será el próximo?
¿Te irás o te quedaras?
¿Tu amor sigue fuerte como antes?
Si te vas, ¿guardarás el recuerdo de cuando la noche punzó tanto que lastimó?
Él ha hecho todo esto antes, pero te estás mintiendo a ti misma. Pidiéndole más.
¿Necesitas a alguien?
¿Tienes miedo de lo que viene?
Si te vas, ¿entonces será lo mismo o te verá?
Una canción se repite y se repite de fondo, diciéndome lo obvio, que estaba rota. No era fuerte para lo que estaba atravesando, y ni siquiera puedo decir con exactitud si era un rompimiento porque eso significaría atribuirle un significado a una relación que no sucedió, que solo pasó en mi mente. Y las relaciones requieren más que una sola mente trabajando para ello.
Estaba compungida, con el corazón roto, y lo llamaba de vez en cuando con insistencia, pero no contestaba y en algún momento dejó de sonar el número, había perdido el último de sus rastros. Y no iba a molestarlo o acosarlo en otras r************* , sentía que me odiaba, hubiese estado bien tan solo habler hablado con él, pero a veces hay cosas que es mejor no hablarlas, porque sabes que se sienten mal preguntarlas.
Y lloraba todas las noches, mis padres me arropaban y pensaban que el imbécil al que nunca conocieron me había hecho trizas, y la verdad es que la única que se había hecho daño a si misma fui yo. Me lastimé tanto, que pensé que lo que hacía Giuliano era amor, pero era todo lo contrario. El amor no te da drogas, el amor se preocupa cuando sangras, el amor te da amor, no te ignora. Y él lo estaba haciendo ahora. Me estaba abandonando, cuando necesitaba que alguien estuviera aquí para mí.
Y todo se destrozaba, mis padres habían perdido lo último de esperanza en mí pero no lo admitían, pasábamos tiempo intentando reconstruir lo que alguna vez fue, como cuando era niña y mis lágrimas no tenían consecuencias graves.
Cuando iba a mi cuarto, murmuraban, se suponía que yo no podía escucharles, pero se preguntaban que podían hacer conmigo, si rehabilitación me ayudaría, si debía comenzar a retomar la terapia con el psiquiatra y también con los psicólogos, si me ayudaría seguir con mis estudios en mi estado, si podría seguir viviendo así, y varias cosas más. E igualmente los entendía, eran padres. Mi dolor no lo entenderían y sin embargo ellos se acercaban a hablarme. A intentarlo, lo cual era mucho más de lo que había recibido de otras personas.
Mi padre sentado viéndome triste, me dijo algo como ''No vale la pena enojarse con tu vida solo porque estás enojado con solo una parte de ella'' y era cierto. Mis padres no se lo merecían, verme llorar, no se merecían todo lo que estaba sucediendo, mi madre nunca dejó de estremecerse sobre cuando me vio caer al piso como si fuera una bolsa totalmente inconsciente, o cuando me vio convulsionar, y cuando finalmente me vio en coma, solo esperaba que despierte, y sabía que necesitaba ayuda, y yo no había hecho nada para no querer estar así. Mi madre entendía que mi mundo era sensible, pero no estaba en él, y le dolía mucho más aún, porque no sabía la medida de mi dolor, y no sabía como podía ayudarme.
En ocasiones lo pienso mejor, y me digo a mi misma, ¿porque sufrir cuando te aman? ¿porque sufrir cuando lo tienes todo? Familia, amigos, una vida. ¿Porque me costaba tanto vivirla y porque le daba tanta importancia al vacío que sentía? Era la prisionera de una historia que nunca terminaba bien, o al menos para mí. Nunca lo hacía, había estado tan acostumbrada a estar triste que cuando las cosas iban bien también parecían tristes. He estado esperando que vengan a rescatarme de toda la tristeza que vive dentro de mí, pero la única que la ha dejado vivir soy yo. Soy la única que se hizo esto.
Traté de volver a mi vida, como una persona corriente, pero ya todo no tenía tanto sentido, o al menos no lo tenía al principio, porque cuando terminas con una ilusión, ya no te queda nada, no existe un después, y tienes que moverte por inercia, y las noches a veces son muy buenas y te hacen olvidar el porque estabas triste pero solo lo es en un principio, en ocasiones solo hay noches que terminan contigo.
Contigo mirando al techo pensando cuando fue que comenzó todo. Pero de todos modos con el tiempo dejó de doler, venía de aquí para allá y recuerdo haberme sentido un maniquí. No podía hacerle sentir a mis padres que la tristeza seguía estando, porque cada vez que yo me lastimaba, le hacía daño a ellos. Y no quería hacer más daño, así que seguí, seguí adelante aunque sintiera que no pudiera, y las noches estaban llenas de imperfección, no sabía tanto de mí como pensé, las cosas que antes me gustaban ahora parecían gustarme menos, y comencé a ver un lado muy hostil de la vida.
Estaba irreconocible por días, y otros días solo tenía como meta no tratar mal a nadie, y eso era una meta, había otra y era despertarme. Y lo intentaba, todo el tiempo. Desde que me despertara, y solo deseaba dormir hasta siempre, hasta intentar llevar una conversación con las personas cuando en el momento sentía que no me importaba nada más, y luego, con el tiempo, fui acostumbrándome. Aunque en el fondo sé que fuera mentirme a mi misma, y que no paraba de hacerlo, estaba viviendo y eso era lo que todos esperaban de mí, y quería dárselos, porque no quería preocupar a nadie más por todo lo que sucedió. Y sí, supongo que les hice creer un poco, que estaba bien y no lo estaba.
Supongo que estaba mintiendo, y me mentía a mi misma que podía con sexo olvidar, con amistades llenar la soledad, que podía enfocarme en vivir un día a día con metas poco fiables, pero todo pendía de un hilo muy fino, y todo podía derrumbarse, y en el fondo, en ocasiones, quería que todo volviese a cómo estaba antes, porque cuando sientes que lo perdiste, quieres que hasta lo malo regrese, porque así también puedes volver a tener lo bueno devuelta.
De todos modos esto era un mal augurio, solo era un antecedente a que todo lo que sucedería luego se sentiría absolutamente peor a cómo lo estaba viviendo. Me pregunto ahora mismo, si la vida suele respirarte en la nuca. Porque así se sentía. En esos días yo podría jurar que nada era peor que el hecho de un chico que me guste me ignore, y luego sucedió algo peor. Como si el diablo hubiera estado presente en mis noches de odio, como si realmente las cosas que uno desea y dice enojado realmente tuvieran lugar en un mundo alterno y luego se trasladase esa misma realidad aquí.
Solía sucederme que en ocasiones deseaba tanto algo que se cumplía. Normalmente eran cosas malas, porque las buenas nunca tenía la entereza suficiente para mantenerlas. El odio solo se acrecenta, empeora, hasta que un día solo lo dejas. Me han dicho que son solo cosas accidentales, que quizás era mera coincidencia desear algo malo para mis adentros y que luego se cumpliera. Quizás es el mal augurio. Quizás yo lo sabía y por ello lo deseaba. Quizás una parte de mi drogadicta cabeza había conectado con el cosmos y hubiera de saber de antemano las tragedias del mundo. Pero estoy divagando, ni siquiera creo con firmeza en estas cosas.
De todos modos es escalofriante como las cosas que alguna vez pensaste que terminarían en el purgatorio junto a miles de pensamientos erráticos, se convirtieran en sucesos reales. De todos modos, no puedo adelantarme a los hechos, solo puedo decir que hay días que mazcan la tragedia, donde el diablo observa atento y disfruta de cómo reprochas y de cómo éste te respira en la nuca. Después de todo, la vida es fugaz, no es tan siniestro pensar en lo rápido que tardaría en cobrar una vida un mal deseo, y supongo también que no tenemos la culpa de eso. Los hilos de la vida son muy delgados cuando solo conoces gente miserable y tú eres una de ellas. Es normal estar más de un lado que del otro.
Luego comprenderán de lo que les hablo.
De todas maneras, soy reticente al decir que el foco de la atención no estaba en mí, ni tampoco en la ausencia de Giu. La vida es más grande que eso aunque no lo supiera, aunque no lo comprendiera en aquel momento. La vida era un poco las decisiones que abandonaba o dejaba pasar porque estaba en ese estado, un poco los buenos momentos que dejaba pasar porque estaba enojada y ocupada siendo una víctima en mi mente, y las palabras e interminables intentos de acercamiento de mi familia. Y quizás esto es lo que más me arrepiento, en ocasiones siento que había arruinado a mi familia.
Una vez había llegado a casa cansada, solía cansarme escuchar a las personas en general. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que pedí que me dieran mis pastillas porque algo no funcionaba en mí, y mi madre comentó que había tomado las suficientes del día, lo que desembocó en una discusión tremenda que no recuerdo ni la mitad porque supongo que estaba drogada también cuando pedí que se me diera más. Y entonces, empujé a mi madre, la volví a maltratar, ella solo trataba de defenderse de mí y yo no paraba, era como si estuviera poseída por algo que me hiciera no detenerme, y luego, pasaron horas. El ambiente se calmó, y como todas las familias, el caos sería perdonado. Después de la tormenta debería salir el sol, pero esa vez, mi madre estaba tan ensimismada en sus propios asuntos, que encendí un interruptor y no era el mío, era el de ella. Mi madre tomó una sartén e intentó hacerse algo con ella. Sé que todo aquello lo había causado yo. Y debió ser suficiente. Estaba llorando, sentía lástima por haber generado todo lo que había generado, por haber destruido la paz en mi hogar. Y luego, volvía a drogarme. Culpable, pero lo hacía.
Mi madre me dijo que lo peor para una madre era ver a su hija convulsionando en el suelo al borde de la muerte, que aquello era la cúspide de dolor que podía soportar. Y luego, me veía llorar todo el tiempo sin explicarles nada, desaparecer sin saber a dónde estaba, y luego, cuando todo parecía estar bien, en realidad era porque estaba fingiendo. Era demasiado. Estábamos viviendo demasiado, y el cuerpo nos pidió que nos calmásemos. Pero no lo escuchamos. Yo principalmente, había estado extremadamente preocupada y me sabía ciertamente que todo lo que sucedía con mamá era por mi culpa, no podía deshacer lo que había hecho y solo la abrazaba, buscaba demostrarle en el día que la quería, pero nada era suficiente. La había empujado a querer hacerse daño. Esa era yo. Llevaba a todos al límite. Y estaba cansada de hacerlo, pero lo seguía haciendo inconscientemente. Una vez que comenzaba no podía parar, y todas estas peleas que sucedían, en ocasiones no lo hacía porque yo no estaba presente, y me sentía tan mal, tan horrible, que sabía que lo único que podía desentenderme de todo esto era por lo mismo que ellos se preocupaban, entonces volvía a consumir y volvía a repetirse todo como en un bucle.
Estaba exhausta. Eso era genuino. Pero también lo era el hecho de que estaba enojada con la vida y me desquitaba con todo y con todos. Tenía problemas de ira como todos los drogadictos y luego de un ataque, buscaba abrazar a quienes había hecho daño y decirles que nada era para tanto. Estaba fuera de mí, me avergüenza escribirlo. Nadie se merece conocerme de esa manera. Y nadie merece que lo dañen como yo dañé a quienes quisieron ayudarme.