Capítulo 7

1253 Words
NARRA GONZALO 2018 ....Meses anteriores al accidente automovilístico... Había perdido tanto tiempo en la vida, cosas absurdas que no dejaron nada positivo en mi. Me había perdido de las cosas más pequeñas de la vida, que resultaban ser más intensas que cualquier cosa en el mundo; el amor. Era incapaz de lograr mantener mi compostura, odiaba el hecho de que mis deseos controlaran mi mente. Las mujeres se habían vuelto una droga para mí. Conocer, sentir, hablar, tener sexo una y otra vez, mujeres altas y otras bajas, piel pálida y piel canela, habían tantas mujeres que eran increíbles en sí, mis ojos y mi deseo se iba con cualquiera. Mi cuerpo anhelaba día tras día tener un cuerpo junto al suyo. Admiraba la capacidad que tenía Bruno se controlarse, de ser correcto y preciso. Había logrado todo lo que mis padres y muchos padres querían, el hijo perfecto. Había logrado avanzar más rápido que cualquiera en los estudios; inundando su alma de una sabiduría que quizás jamás yo lograría alcanzar. Me arrepentía muchas veces de no aprender, pero me reprochaba aún más el querer hacerlo y no saber cómo. Bruno lo hacía ver fácil, quizás para él lo era, pero yo no podía seguir todo el reglamento, no podía permitir que me pusieran etiquetas, obligaciones, no quería sentir que la vida pasaba y yo no pasaba por ella. Me encargué de vivir al máximo, vivir sin miedo a nada; conocí tantas mujeres en el camino que quizás no recuerde ni la mitad de sus nombres. Había uno que siempre retumbaba en mi alma; Hope. Hope luchó sin más por mi, por aquello que fuimos y que queríamos ser. Dos jóvenes jugando a entender el amor. Hope podía capturar a cualquiera con aquella mirada miel que te hacía pensar en un atardecer cálido, una voz tan delicada y llena de paz que podría hablarme y llenarme de cuentos el resto de la vida. Hope fue quizás la primera mujer que vió algo más en mi, y sin importar el desastre que era y que dejé cada día a mi paso, no se rendía. Esperaba poder superar aquel Gonzalo inepto que no sabía que quería en la vida, y que por mucho, había perdido el chance de tener a una increíble mujer. 1.55 de altura que se hacía inmenso a mi lado, sus brazos que se aferraban a mi llenos de esperanza. Aún siento su piel rozando la mía y aquel primer beso que fue tan torpe. No olvidaba mi promesa de volver a ella, tenía que volver a saber de ella, mirarla, hablarle. Sabía que estaba ahora muy lejos de aquella promesa; en el camino lejos de casa solo terminé de arruinarlo. Había conocido a Charlotte en una fiesta, peliroja de 1.68 de altura, ojos verdes que capturaron mi atención aquella noche de manera inmediata. Llevaba un vestido de flores rosas, aún podía recordarlo. Un vestido que horas más tardes estaría deslizando por su cuerpo, pasando mis manos por cada rincón de su ser; oyendola gemir una y otra vez. Solo sabía su nombre. Había ocurrido una y otra vez esa historia. Pero ésta vez, habría un final diferente, y que por mucho, hizo que todo en mi cambiara. 2 meses más tarde de aquella fiesta recibí un mensaje de un número desconocido, el cual no respondí. Minutos más tarde mi celular volvía a sonar, una llamada entrante. Aún recuerdo las palabras que hicieron que todo en mi se derrumbara.—Hola soy Charlotte.—Fue lo primero que dijo. —¿Charlotte?—Pregunté confundido. —Sí, Charlotte, la chica peliroja de aquella fiesta.Vestido de flores.—Culminó. Ahí había entendido.—He sí, hola Charlotte. ¿Cómo has encontrado mi número? ¿A qué debo tu llamada? Justo ahora estoy muy ocupado.—Solté sin más. Mientras lanzaba aquella pelota de goma una y otra vez sobre la pared fría de mi habitación. —No te quito tiempo. Estoy de vuelta en la ciudad, quisiera verte.—Siguió. —Charlotte, yo realmente lo siento pero...—Y aquella frase fue interrumpida. —Estoy embarazada. Tengo dos meses de embarazo.—Susurró. Dejé de lanzar la pelota y miré la pantalla de aquel celular. Mi mente viajó en mil recuerdos y mi cuerpo aún seguía inmóvil. Finalicé aquella llamada y seguía asimilando aquellas palabras. Sería padre con una total desconocida. El celular estuvo sonando quizás unas 3 horas siguientes. Jamás volví a contestar aquella noche. Lloré como un niño pequeño, había sido todo y ahora realmente lo había arruinado. No tenía estudios, ni dinero, ni amor hacía aquella persona. Mi mente estaba en blanco y solo podía pensar en Hope. La única persona que realmente podría llamar amiga. Quería saber su número y simplemente llamarle.—Hey, soy Gonzalo. Sí, aquel Gonzalo. Seré padre.—Reí al aire. Un hijo significaba estar aún más lejos de aquella promesa; una promesa que sabía, jamás podría cumplir. Días más tarde tomé el valor de regresar aquella llamada a Charlotte; nos volvimos a ver y no podía despegar mi mirada de su vientre. Aún no se notaba pero sabía que ahí pronto estaría mi hijo. La conversación era incómoda, ninguno por mucho sabía qué hacer. Puse sobre la mesa una propuesta cobarde.—¿Realmente quieres tenerlo? No nos conocemos Charlotte. ¿Y si mejor lo abor...? —Ni lo digas.—Dijo molesta.—Tú y yo hicimos esto, sabíamos las consecuencias. No quiero sufrir todo lo que conlleva hacer como si nada hubiese pasado. Entendía y respetaba su decisión. Necesitaba a gritos una ayuda, un apoyo. Un abrazo. Fumé más cigarrillos esa noche que en toda mi vida, mis manos temblaban y a su vez, sudaban. Por primera vez temía. Temía no solo mi futuro, si no el futuro de un hijo que no tenía unos padres unidos, un hijo que nacería sin ser planeado. Lo siguiente a eso fue llamar a mis padres, les expliqué que había una noticia que quería darles y que pronto volvería a la ciudad. Pasó solo un mes y volví allí, el sitio donde había crecido y dónde había visto a Hope por última vez. Al primero que encontré fue a mi hermano, sentado en la entrada de la puerta tomando café.—Estás algo viejo, tomas café.—Dije burlón. —Y tu, que grande estás Gonzalo. Por fin sientas cabeza, ¿es tu novia?—Preguntó. —Es una larga historia, solo espero que mamá y papá no quieran asesinarme.—Dije evitando aquella pregunta. —Están muy contentos de que vuelvas. Lo recordaba todo, cada una de las palabras que oí durante esos meses. Los meses más difíciles y duros de creer. Ese día que volví a casa, había hablado con Bruno, estaba bajando cajas y bolsos del automóvil y la vi. Su cabello estaba mucho más largo que antes, sus ojos seguían estando tan llenos de luz como la última vez que la vi. Llegaba a casa en un vestido corto y chaqueta de jean. Siempre sonriente y libre, un cigarrillo en su mano derecha. Una mala maña que había tomado de mi. Eso era mi culpa. Probablemente no me había visto y si lo había hecho, por mucho había evitado cualquier contacto visual. Y sin importar el pasar de los años, las estupideces del pasado; seguía siendo Hope. Aquella Hope que intentó sacarme de un agujero sin fin. Si ella no pudo, nadie podría. Nunca fue el problema, siempre lo fui yo.
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