No dejo de mirarlo. Sus palabras rebotan en mi cabeza una y otra vez, como un disco rayado que no puedo apagar. Él baja la mirada, y cuando la alza de nuevo me atraviesa con esos ojos que conozco hasta el hueso. Siento que se me desmorona algo dentro. —Bianca —dice despacio, como midiendo cada sílaba—, me iré un año. Sí, un año. Volveré. Volveré por ti. Te dejaré pensar. ¿Quieres espacio? Te lo daré. Y cuando regrese no quiero que me salgas con lo de la edad y menos con lo de tu cuñado. Mi hermano no está aquí. No estamos haciendo nada ilícito. Nos enamoramos, nos atraímos. ¿Eso qué? ¿Qué le debes al mundo, que le debes a mamá, que le debes a tu hijo? ¿Dónde está tu felicidad? Intento comprenderte, pero tú no me dejas. ¿Quieres un espacio? Te lo daré… ¿Quieres conocer personas? Perfecto,

