+EMILIANO+ Me he ido. Llevo un mes entero lejos de Bianca. Un mes en el que Londres me tragó vivo con sus oficinas grises, reuniones interminables y ese aire húmedo que cala hasta los huesos. Tuve que regresar, no había opción: problemas con las empresas, contratos que se caían, proveedores que se volvían fantasmas, empleados que sólo obedecen cuando me ven sentado en la cabecera de la mesa. “Solo tú puedes solucionarlo”, me dijeron. Y yo, como siempre, cargué con el peso. Lo malo, lo que me carcome día y noche, es que no he podido comunicarme con ella. Intenté todo. Le escribí, le llamé. Silencio. Me bloqueó. Ni un mensaje, ni siquiera una reacción. Cada vez que marco al teléfono de la casa, me atienden con evasivas: “No está”. “Salió”. “Llama después”. Y el vacío me devora. Mi sobrino

