+++++++++ Mientras tanto, las chicas siguen riendo, chocando copas, ajenas a la tormenta que nos atraviesa a nosotros tres. Bianca lanza una carcajada fuerte desde el otro lado, y mi corazón late desbocado. Ella sabe lo que provoca, y aún así lo hace. La tensión en el aire es tan densa que casi se puede morder. Yo me río bajo, sin humor, y niego con la cabeza. —Esto va a matarme —murmuro, casi sin darme cuenta. Adrián me mira raro. —¿Qué? —Nada. —Le doy una palmada en el hombro, forzando una sonrisa—. Disfruta de tu noche, sobrino. Pero dentro de mí, todo se incendia. Porque la quiero. Porque su hijo me la confía. Porque ella me tienta. Porque yo no sé cuánto tiempo más podré resistir. —Yo me quedaré con ella, y vete tranquilo —le digo despacio, sosteniéndole la mirada, como si mi

