Rosie caminó tan rápido como pudo hasta llegar a cualquier habitación y encerrarse. El acercamiento que tuvo con Maximus la tenía en una marea de calor difícil de esfumar. Aquella CANDENTE imagen de él desabotonando su camisa fue demasiado sexy. Su corazón aún latía a mil; colocó el seguro a la puerta para asegurarse de que nadie entrara y luego tomó asiento en la orilla de la cama, llevando su mano derecha a su pecho. Sintió sus fuertes latidos como si el corazón le fuera a salir. Cerró los ojos por segundos y luego se desplomó como pluma sobre la cama, quedando boca arriba. No podía creer que lo hubiera desafiado de tal manera y que él hubiera aceptado aquel trato. Dentro de poco sería la esposa de Maximus Livingston. Era increíble. —¡Siento que me he equivocado! ¡Debí… debí huir! —tra

