Maximus giró la cabeza hacia ella, sintiendo el calor de su mano a través de la tela. Por un segundo, el mundo se detuvo: el agarre de Rosie era como un ancla en medio de la tormenta, despertando algo en su interior que no esperaba. Una calidez extraña, un cosquilleo que ignoró de inmediato, atribuyéndolo a la adrenalina. Sacudió el brazo ligeramente, pero no se soltó del todo; en cambio, usó esa interrupción para recomponerse.
—Héctor —ordenó Maximus con voz ronca, sin apartar la vista de Douglas—, llama a seguridad. Ahora. Saca a este impostor de aquí antes de que lo haga yo mismo.
Héctor asintió frenéticamente, marcando el número interno con dedos torpes.
—Seguridad, vengan al pasillo principal. Intruso. ¡Rápido!
Douglas bajó el puño lentamente, pero su sonrisa malévola no desapareció. Miró a Rosie con un interés renovado, como si la evaluara, y luego a Maximus.
—Interesante elección de compañía, sobrino. Una fierecilla que te frena... ¿tu futura esposa, quizás? —Rio de nuevo, retrocediendo un paso—. No necesito que me escolten. Conozco la salida. Pero esto no termina aquí. Reclamaré lo mío, y cuando lo haga, verás lo mala que es realmente tu abuela. Nos veremos en los tribunales... o antes.
Se dio la vuelta con una elegancia calculada, caminando hacia el ascensor público con pasos medidos, dejando un silencio pesado a su paso. La puerta se cerró detrás de él, y el pasillo pareció exhalar al fin.
Maximus soltó un suspiro entrecortado, soltando por fin el brazo de Rosie. La miró por un segundo, con una mezcla de irritación y algo indefinible en los ojos, pero no dijo nada. En cambio, se giró hacia Héctor.
—Asegúrate de que no vuelva a entrar, cancela las reuniones del día de hoy, la abuela me va a escuchar. ¿¡Cómo pudo ocultarme algo así!?
—Jefe… entiendo su enojo, pero también lo están esperando para el ensayo de desfile.
—¡¡Dije que canceles todo!! ¿¿Qué parte no entendiste?? —grita fuertemente y Rosie lo mira algo mal, le parece injusto que Maxi descargue su ira con su asistente.
—Yo iré contigo —dijo Rosie a Maximus.
—¡Esto es un problema familiar, no es tu asunto, Harper! —Livingston se marcha y ella quedó ahí junto al asistente en silencio.
En cuanto Maximus sale de la empresa Atlas, su escolta y chofer ya esperaban por él.
— ¡Jefe! —le abre la puerta de su auto.
—¡Allas, llévame a donde está mi abuela! —ordena ya que Atlas tiene comunicación con todos los escoltas de la mansión.
Livingston no podía creer lo que había visto y escuchado, un Livingston más, y peor aún, su tío, hermano de su padre quien carga un resentimiento hacia su propia madre. En cuanto Atlas le da la información, Maxi maneja como alma que se lo lleva el diablo. Olvidó sus responsabilidades como CEO, necesitaba hablar con su abuela y que le aclarara ese tema.
Llega justamente al spa, propiedad de su abuela quien justamente está acostada en una camilla muy relajada mientras le hacen mascarilla en el rostro.
— ¡Necesito que hablemos, abuela!
— ¡Maxi, querido! —sonríe—. ¿Qué haces aquí? Si deberías estar en la empresa. La presentación de la colección se acerca.
—Salgan de aquí, ahora mismo —ordena a las masajistas y la patriarca frunce el ceño.
—¿Por qué eres tan grosero, Maxi? Es mi día de relajación —se quita las rodajas de pepino de sus ojos—. ¿Acaso no puedes esperar vernos en casa? —pregunta tomando asiento y ajustando bien su bata.
—¡No! El tema de Douglas, tu otro hijo, no puede esperar —espetó con voz de enojo.
La patriarca se quedó helada por segundos.
—¿Por qué, abuela? ¿Por qué carajos no me lo dijiste? ¿Por qué ocultarme algo tan delicado?
—Maxi… —lo menciona y luego retiene sus palabras.
—¿Me ves cara de imbécil?
—Ten respeto, no permito que me hables así —la patriarca baja de la camilla.
—¡¡Entonces dame una respuesta!!
La señora Livingston suspira y mira a su nieto.
—¿Por qué me ocultaste que tenías otro hijo?
—Sí, y lo lamento, pero mis razones tengo.
—¡Dilas, abuela! ¡Por tu hijo está reclamando la herencia! Dice tener más poder que yo. ¿Dime si esa es la razón por la que me quieres obligar a casarme con Rosie Harper?
—Debes calmarte, estás con cabeza caliente y tienes una actitud no adecuada ante mí. Me debes respeto.
Al Maximus escuchar a su abuela, intenta calmarse por lo que ella procedió a decir.
—Es verdad… tengo otro hijo y no sabes cuánto me duele decirlo. Es mayor que tu padre por un año, era mi adoración hasta que empecé a ver su maldad. A medida que fue creciendo vi lo cruel que era, tan igual a su padre con ese n***o corazón de acero. Muchas veces le hablé, muchas veces intenté hacer de él un hombre de bien, pero la avaricia le ganaba. Es duro como madre decirlo, pero mi hijo Douglas de malo es cruel y no le importa pasar por encima de quien sea con tal de lograr sus planes llenos de maldad. Lo desterré de la familia, de todo. Sin embargo… es un Livingston, y no había vuelto a saber nada de él hasta hoy. Por eso necesito que te cases urgente, Maximus, que tengas un hijo con Rosie para que tu tío no nos deje en la ruina porque si mete abogados puede llevarse gran parte de la herencia, de la empresa.
—¡Eso es imposible! Resulta que me ocultas tanta mierda y sobre mis hombros está la carga de la herencia Livingston así como el casarme y dar un heredero a la fuerza.
—Maximus… —su abuela se acerca hasta quedar frente a él—. Sé que he sido dura contigo, pero no puedes permitir que tu tío te quite por lo que has trabajado por años. Sé que no quieres a Rosie, pero inténtalo, es una buena chica.
—No puedo querer a una mujer como Rosie. Me decepcionas, abuela, me has ocultado algo tan importante.
—Maxi… no te vayas —le pide al ver que se iba a marchar—. Hay algo más que debes saber.