El aire fresco de la mañana se sentía distinto aquel día. El mundo parecía estar más en calma, y aunque la rutina de trabajo seguía siendo intensa, Ana y Gabriel se dieron cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, podían respirar con facilidad. Después de meses de arduo trabajo, por fin sentían que lo que habían construido no solo era fuerte, sino que era parte de algo mucho más grande que ellos. La comunidad de Armonía Viva estaba creciendo con rapidez, pero con ese crecimiento también llegaban nuevas responsabilidades. Más personas significaban más opiniones, más desafíos y, por supuesto, más decisiones que tomar. —Gabriel, ¿te has detenido a pensar en lo que hemos logrado? —dijo Ana una mañana mientras revisaba los mensajes de la comunidad que llegaban sin cesar. Gabriel se ace

