El viento fresco de la mañana envolvía a Ana y Gabriel mientras caminaban por el parque, una vez más. Esta vez, sin embargo, el paisaje había cambiado. Ya no estaban buscando respuestas dentro de sí mismos; ahora las buscaban en el futuro, juntos, como una unidad. Su relación había crecido tanto como su proyecto, y cada paso parecía ser una sinfonía de emociones que se tejían de manera armoniosa. —Ana, ¿alguna vez pensaste que la vida nos traería por este camino? —preguntó Gabriel, mirando al horizonte con una expresión pensativa. Ana sonrió, una sonrisa tranquila pero llena de una profunda comprensión. No solo se refería al trabajo que estaban haciendo, sino a la forma en que su vida había tomado un giro inesperado. Si alguien le hubiera dicho hace algunos años que estaría construyendo

