─Listo, ya está. ─dice abriendo el último botón, mientras le ayuda a quitarse el vestido.
Ella no lo nota, pero los escasos segundos que él puede verla correr al baño con una casi traslúcida bata de dormir color beige lo dejan sin aliento. Hace mucho tiempo que no se reía así de esa manera, ni siquiera había conseguido sonreír, su rostro le dolía de tanto reír.
Las risas de ella se pueden escuchar hasta que abre el grifo, pero su sonrisa aún está en su rostro, había pasado tanto tiempo que ella no reía así, por algo que no tenia que ver con sus hijos. Es tan raro, tan diferente, que, aunque fuese algo tan simple como los botones de un vestido, realmente lo disfrutó.
Al acercarse al lavamanos, la escasa iluminación de fuera hace que sus ojos se abren como platos al bajar su mirada y ver la bata que usa, usa lencería que fue comprada por él, y en combinación con la bata, lo hace demasiado seductor para una boda falsa.
─No lo puedo creer. ─niega con la cabeza.
─¿está todo bien? ─pregunta desde fuera.
─Sí, todo bien. ─responde mirando por primera vez en su vida, su cuerpo de una manera que jamás lo vio, bonito. Ha vivido toda su vida sintiéndose fea,sintiendo que su cuerpo, y su rostro eran feos, que ella era fea sin importar nada. Sin embargo, aún con escasa luz, al verse a sí misma se siente bonita, tal vez sea la ropa elegante que jamás usó, el maquillaje costoso que jamás probó, o solo el hecho de sentirse como esposa,.
─Todo está sobre la cama. ─dice desde fuera.
─Me daré una ducha. ─dice intentando no verse nerviosa. Nada de lo que él pudiera decir ahora, lo haría salir de ahí, sobre todo porque la había visto en lencería.
─Iré con mi padre, hablamos a mi regreso. ─dice asegurándose de cerrar bien la puerta al salir.
Más allá de la escasa iluminación, al estar sumergida en el agua caliente y lo cansada que está, relajarse no fue difícil, pero lo que sí fue complicado, fue el mantenerse despierta por el cansancio, la falta de sueño de días anteriores, por lo que pese a lo mucho que ama la idea de quedarse en la bañera, decide salir solo para vestirse y buscar la manera de dormir.
─que bien. ─musita al ver la habitación vacía.
Como si fuera parte de un libro, lo lógico es que ella duerma en algún sillón, dormir en la cama sería muy atrevido, sobre todo porque no se supone que esté ahí. Toma su ropa y la usa, aunque no sea muy cómodo dormir con un pantalón, y camiseta, se siente más segura así, por lo que decide acostarse en el sillón en un rincón de la habitación. El día a sido difícil, por lo que no le toma mucho tiempo quedarse dormida.
Mientras tanto en la recepción...
─Vaya, ya era hora. ─dice su padre impaciente y molesto.
─¿por qué insistes en estar donde no te quieren? ─pregunta abrochando su guante de cuero.
─Eres mi hijo. Aunque no lo creas, lo único que quiero es por tu bien. ─dice bajando la guardia.
─El matrimonio es real. ─Se sienta cómodamente frente a su padre. ─Ella es inocente, y sé, que lo que sea que hagas, no lo haces por mí, ni porque te importe. Lo único que quieres es guardar tus cochinos secretos. ─hace ademanes.
─Lo diré hasta el día que me muera, soy tu padre, y lo único que quiero es que tú estés bien. Y hacer una estúpida boda falsa, es el más grande error de todos. Por suerte, aún puedes cambiar de opinión, siempre que no llegues a consumar el matrimonio, y no pasen más de quince días...
─Es ahí donde te equivocas. ─se levanta, y Charles se acerca rápidamente a servir el trago. ─Le propuse matrimonio a esa mujer, por que me gusta, me enamoré de ella, y quiero una vida con ella.
─Ella no es una chica. ─se levanta furioso, esperando que Charles le sirva un trago también, pero él se limita a ver por su jefe, por lo que se lo sirve el solo. ─si fuese una mujer soltera, aún siendo de barrios bajos e ignorante la habría aceptado, pero es una arribista con hijos, mismos que ha dejado abandonados por estar aquí, contigo, ¿acaso sabías eso?. ¡Ni siquiera los tres bastardos son del mismo padre!, ¿crees que será digna?, ¡¡por dios Edward, reacciona maldita sea!! ─exclamó tirando el vaso al suelo.
─Tengo total conocimiento de la vida de mi esposa, y si planeas quedarte, te pido..., no. ¡Te exijo! que la respetes. ─da un par de sorbos.
─¿Acaso has perdido la cabeza? ─da grandes zancadas hacia él, lo que mantiene a Charles muy alerta.
─Y si no puedes cumplir mis exigencias, me vas a forzar a sacarte con seguridad. ─asiente dejando el vaso. ─Ah, no tienes que aceptar nada, soy adulto y puedo tomar decisiones. ─¿Está claro? ─lo deja allí, con la palabra en la boca.
Edward sabía que era mamá, no investigó, por lo que asumió que sería de un par de bebés o niños pequeños de un matrimonio fallido, pero el saber que no solo eran tres, sino que además eran de diferente padre, si llegaría a ser algo a considerar, pero al llegar a la habitación, y verla acostada en el sillón, con ropa ciertamente incómoda para dormir, no pudo evitar sentir compasión.
Su cama es muy grande, cómodamente pueden caber cinco personas, por lo que no dudó en tomarla suavemente en brazos y llevarla a la cama. Verla allí, durmiendo tan tranquila le da paz, no había imaginado jamás tener en su cama a una mujer, pero él no es para nada tradicional y la cama es lo suficientemente grande, que no ve un problema en dormir en la misma cama.
Es extraño, después de todas las noches que ha pasado en soledad, en la oscuridad, no esperó dormir acompañado, pero verla dormir era uno de los pocos placeres que ha adquirido, no fue una decisión difícil.
Charles se mantiene vigilante en el pasillo, por lo que ve al padre de Edward acercándose a la habitación de él y le avisa a su jefe.
Al recibir el mensaje se levanta rápidamente, se quita la máscara, la camiseta del pijama y se acuesta junto a Ángel, entierra su rostro entre el cabello de ella, y aún con algo de recelo se cubre bajo la misma sábana con ella.
─Te voy a demostrar que todo es una farsa─ susurra el anciano desde fuera, mientras abre la puerta, pero contrario a lo que esperaba ver, su hijo está acostado junto a su esposa dormida.
Está por dar un paso dentro, pero Charles llega a tiempo para llevarlos de regreso a su habitación.
Edward espera por tanto tiempo que se queda dormido, abrazado a ella.
Ángel es una persona que tiene una rutina muy arraigada, así que pese a lo cansada que ha estado, se despierta a las cinco de la mañana al baño, es casi como un reloj, pero se lleva una gran sorpresa al abrir sus ojos, está en la cama, y su sorpresa es aún mayor a voltearse y descubrir a un hombre abrazado a ella, por la vestimenta oscura y los guantes, sabe quién es. Intenta no alarmarse, pero la curiosidad de lo que habría bajo aquella máscara de cuero empieza a ganar terreno sobre la cordura. Duda si ceder a su curiosidad y ver más allá de sus ojos, que es lo único que puede ver entre sus cabellos, o solo salir de la cama, pero él está allí, dormido e indefenso, y ella está ahí, tan cerca y por debate moral a la privacidad tan lejos.
Con un inmensurable esfuerzo sobre sí misma intenta levantarse sin despertarlo, pero él, abre los ojos y la asusta tanto que intenta levantarse, sin embargo por la escasa iluminación cae de la cama de una manera aparatosa, y tan avergonzada como adolorida se queda en el suelo cubriendo su rostro con ambas manos, porque está a punto de llorar por el dolor.