Un libro más después del primero, y el aburrimiento empieza a hacer de las suyas en la habitación de Ángel, se deja caer en la cama pensando lo incómodo que es cabestrillo y lo aburrida que es estar encerrada, por lo que decide tocar el botón en la pared.
La mujer que antes ha puesto la ropa de cama aparece casi enseguida como por arte de magia.
─disculpa si te molesto, pero es que estoy muy aburrida. ─se lamenta avergonzada con sigo misma.
─No se preocupe. Dígame, ¿que se le ofrece?, ¿necesita algo?, ¿que traiga, o haga algo? ─se ofrece muy amable.
─De hecho... sí. ─se levanta despacio por la incomodidad del cabestrillo, miso que se vuelve a quitar, ya que le pica, y sabe que si no mueve su brazo, no le duele y no le afecta en nada.
─Dígame. ─insiste.
─Pensé que tal vez, si no es mucho pedir... me gustaría ir a la cocina, y ver como preparan todo. ─dice lo que al parecer la sorprende, ya que no esperaba tal cosa.
─Claro que sí. ─dice con una sonrisa muy amable.
Al salir de allí, los pasillos vuelven a la escasa iluminación como en la habitación de Edward, por lo que para matar el aburrimiento y hacer algo de conversa, ella pregunta.
─¿toda la casa está así de oscura o solo los pasillos?, ¿incluso la cocina? ─pregunta con asombro.
─Por órdenes del señor, toda la casa se mantiene con esta iluminación. ─señala las pequeñas lámparas. ─pero la cocina no, esa es el área con más iluminación externa e interna de la casa, a menos que el señor ordene lo contrario. ─conversa muy tranquila.
─¿y suele ser muy seguido?, esto de que él vaya a la cocina? ─pregunta con la esperanza de que diga que no, lo último que quiere es verlo, y menos en la cocina.
─No. ─se detiene con cuidado. ─lo ha hecho solo un par de veces al años, él pasaba más tiempo en la biblioteca o el invernadero. ─dice abriendo un par de enormes puertas al final del pasillo.
La iluminación llegó a cegarla por un par de segundos, realmente la mujer no había escatimado en razón, el lugar era pulcro, blanco y lleno de luz, tanto que llegó a iluminar el pasillo muy a lo lejos, y Ángel no desperdició un segundo en ver lo que aquel, y al parecer pasillo antiguo poseía bajo la misteriosa oscuridad, su decepción no se hizo esperar al descubrir que solo era eso, un pasillo antiguo con cuadros en la pared.
Al abrirse las puertas, un hombre vestido de blanco, y una mujer con el mismo uniforme que aquella que la acompañó, se voltearon a ella, limpiaron rápidamente sus manos e hicieron una especie de venia.
─Buenas noches. ─dijeron los dos al unísono, al mismo tiempo que las enormes puertas que regresaban la oscuridad al pasillo se cerraron, lo que la hizo dar un brinco.
Tras un barrido visual, quedó fascinada con lo enorme, blanca y elegante que se veía la cocina.
─Buenas noches. ─sonríe algo nerviosa. ─Es un gusto conocerlos, solo vine a ver como cocinan, y si puedo aprender algo. ─dice suplicando al cielo no trabarse, y afortunadamente no lo hace.
Ambos se miran entre sí, luego a la mujer que la llevó, y por último a ella.
─Bienvenida. ─dicen al unísono, aunque se ven confundidos.
─No sé como sea Edward cuando está aquí con ustedes, pero yo no estoy aquí para criticar nada, solo tenía curiosidad, y creí que tal vez me dejarían aprender algo. ─dice ya algo apenada, por cómo ellos se ven unos a otros sin decir nada.
El hombre de blanco asiente con una sonrisa y señala toda la cocina, pero se ve muy incómodo..
─¿qué sucede? ─pregunta ahora ella confundida. ─¿dije algo, o hice algo que los moleste? ─pregunta a la mujer que la llevó.
─Lo lamento en verdad, yo pense que el señor se lo había dicho. ─dice ella apenada mirando al suelo.
─¿qué sucede? ─insiste en saber, porque la tensión ya es palpable.
─No estoy aquí para criticar la comida, ni cómo la preparan. ─insiste.
─El Chef Giorgio, no habla español, y su ayudante tampoco. ─dice mientras se retrae, esperando un regaño.
─¿y usted sabe el idioma de ellos?, ¿podría traducir lo que he dicho? ─pregunta muy avergonzada. Ruega que la tierra se la trague y la mande lejos, muy lejos.
─Sí. ─sonríe amable. ─yo pensé que se ofendería, o...
─Nada de eso. ─la interrumpe. ─yo solo hablo español, y con suerte algo entiendo de inglés, pero italiano... eso solo en mis mejores sueños. ─sonrie. ─¿me ayudas? ─insiste y ella asiente.
─Non so come sia Edward quando è qui con te, ma non sono qui per criticare nulla, ero solo curioso e ho pensato che forse mi avresti lasciato imparare qualcosa. ─da un paso adelante. ─Non sono qui per criticare il cibo o il modo in cui viene preparato. ─dice al verla con una sonrisa.
Espera unos segundos y el chef sonrie de oreja a oreja y levanta los brazos.
─Benvenuta Signora Argento, questa è la sua cucina, entri e si senta libera di chiedermi quello che vuole. Qui assaggerete solo le migliori prelibatezze culinarie. ─dice y con ademanes, muy emocionado le pide a la mujer que le traduzca.
─¿qué dijo? ─pregunta con una gran emoción.
─Él dijo: sea usted bienvenida señora Argento, esta es su cocina, pase, y sientanse con la confianza de pedirme lo que usted desee. Aquí sólo probará los mejores manjares culinarios. ─sonríe más animada, al ver cómo el chef habla bien de la señora Argento.
─En ese caso, dígale: Será un verdadero placer probar la exquisitez del chef y su cocina, siempre que me deje probar antes de la cena, una que otra delicia.
─Sarà un vero piacere provare le squisitezze dello chef e la sua cucina, a patto che mi faccia provare l'una o l'altra delizia prima di cena. ─dice y es como si al chef le dijeran que se acaba de ganar la loteria. Su emoción llega a contagiar a todas las presentes, llenando de sonrisas la cocina.
Un botón azul se enciende en lo alto de la cocina y el sonido muy similar al canto de un gorrión se escucha, por lo que la muejr que la llevó allí, tiene que salir casi corriendo del lugar.
Angel, pese a no hablar el mismo idioma, prueba una que otra muestra del chef, y solo basta verla gesticular para saber que está encantada. La asistente del chef saca una jarra con lo que para Ángel parece una ensalada de frutas.
El chef al ver su emoción al ver la jarra, rápidamente toma una copa.
─È una delizia, se me lo permetti, lascia che ti delizi con la delicatezza degli dei ─dice sirviendo la primera copa con mucho orgullo.
Ella no entiende nada, solo asiente con una sonrisa. Da un sorbo, y es su sabor dulce y afrutado lo que la hace terminarse la primera copa, aunque se haya dado cuenta desde el primer sobro, que definitivamente no era ensalada de frutas. Mientras el chef saca la cena y decora, ella se toma una segunda, y una tercera. Llega una cuarta y la jarra ya está casi vacía, cuando el Chef se da cuenta.
─Il suo fascino è mio, ma dovrebbe esserci spazio per la cena. ─toma la jarra.
─Está rico... ─rie algo ruidoso. ─no te la lleves, la cena puede esperar. ─sonríe.
─¿señora? ─pregunta viendo el rubor en sus mejillas.
─me reido mucho, me duele la cara, pero mejor iré a la cama. ─dice al levantarse.
La mujer habla con el chef por los cambios que le ha dado Charles, para la cena de esta noche, por lo que no se da cuenta que ella se tambalea. La oscuridad del pasillo de regreso a la habitación ayudó a que no lo notase.
─¿y esa caja? ─pregunta ─al abrir la puerta y ver la caja en su cama.
─El señor ha pedido que lo acompañe a la cena en la terraza esta noche. ─dice sin entrar, debe correr para subir todo.
─Claro, no me tomará más de media hora. ─mira curiosa, porque todo se mueve a su alrededor. ─¿dónde queda la terraza? ─pregunta sin voltear.
─Yo vendré para llevarla. ─dice y se va enseguida tras cerrar la puerta.
¿Estoy ebria? ─se pregunta mientras ve como la cama se mueve y a cada paso, parece que el piso juega con ella. ─¿que tenía la ensalada de frutas?