Mi vida

1575 Words
Estar, o mejor dicho, sentirme sola en un castillo embrujado no es muy agradable que digamos, pero gracias al ingenioso manual de supervivencia que me ha dejado Charles, parece que todo puede ser más fácil. Sobre todo porque solo debo mantenerme con vida por dos días, y si el chef ha dicho que mi falso esposo no suele ir a la cocina más de dos veces al año, significa que seguramente ya le ha dejado todo cocinado o come fuera, qué sé yo. El manual es muy dinámico, y la muy bonita letra de charles es envidiable, pero lo único que no tomó en cuenta, es que me aterra este lugar. Es enorme, oscuro y está inusualmente silencioso, pero mi estómago empieza a rugir, así que por instinto de supervivencia, es hora de buscar que comer. Con el miedo guardado en el bolsillo, abre la puerta y siendo guiada por las notas que le ha dejado Charles iluminado con la linterna de su teléfono, emprende camino a la cocina. Los pasillos son demasiado tenebrosos, y el sonido de sus intestinos haciendo espacio, dejando salir el aire por falta de comida, no ayudan en la oscuridad, pero le pone tanto empeño y rapidez en llegar, que no le toma mucho tiempo dar con la enorme puerta de la cocina. Abrir las puertas no es muy fácil por lo pesadas que son, pero lo consigue. Aunque solo puede abrir lo suficiente para pasar por allí, y la deja abierta, pues no le gusta la oscuridad. ─Bien... ─mira todo a su alrededor. ─según este manual..., ¿los huevos están bajo el estante de madera blanca...? ─busca con la mirada por todo el lugar, en un rincón encuentra el estante. No le gusta el silencio, por lo que pone "natural" de Imagine Dragons. La música es ruidosa y aunque ella no sabe a ciencia cierta lo que dice la letra, le gusta como suenan los instrumentos, sobre todo la guitarra. Con la música a todo volumen baila por toda la cocina. Se acerca al mesón, y tras dejar con mucho cuidado nota que el lavamanos está mojado, eso le llama un poco la atención pero no lo suficiente para detener su preparación de desayunos, más a allá de un par de segundos. La música siempre será un escape del alma, y la dejará libre sentir. Coreando su parte favorita de la música, con una espátula que finge ser un micrófono, se anima mientras cocina. ─naturrol... ─canta con la comodidad y confianza de un maestro. ─a piril had eustón ... ─balbucea mientras baila como si estuviese en el mejor los conciertos. Pero al dar la vuelta en su baile suelta un grito al ver a Edward de pie en la puerta de la cocina. ─¡¡Joder!! ─se lleva la mano al pecho. ─Que buen concierto... ─dice cruzándose de brazos. Ella no dice nada, solo se gira, toma su teléfono y camina hacia la puerta, lo último que quiere es compartir el mismo aire con él. ─Lo siento. ─dice y ella no se detiene, solo continúa. ─Soy un idiota, y sé que no debí tratarte así, me averguenzo por lo que hice... ─dice, pero ella no se detiene. ─No me importa. ─pone sus ojos en blanco y pasa de lado de él, pero él coloca su brazo en la puerta, impidiéndole el paso. ─No hay excusa para lo que hice, más que decir que fui un idiota. ─Lo eres, claro que eres un idiota. ─dice molesta intentando sacar su brazo, pero él es más fuerte. ─Quería disculparme. Bajé para prepararte un desayuno de disculpa, espero que... ─Yo puedo cocinar sola. ─lo fulmina con la mirada. ─¿qué diablos pensaste que pasaría si me gritabas?, ¿eres tonto, o qué?. ─reclama furiosa. ─Estás enojada, y lo entiendo. Prometo que no volverá a pasar... Solo dame la oportunidad de... ─De buenas intenciones está lleno el infierno. ─regresa a la cocina para seguir preparándose la comida. ─no me interesan tus disculpas, solo déjame en paz. ─le da la espalda. ─No sabía que te gustaba la música... ─musita mientras camina al horno. Solo entonces ella nota que traer los guantes puestos. Se los quita. lava sus manos muy atentamente y toma un par de guantes de cocina. La curiosidad de ella fue más fuerte que su enojo, pese a no haber respondido a su comentario musical, mira discreta lo que hace. ─A mi madre le gustaba cocinar cuando nos sentíamos mal. Decía: "la comida es felicidad, cuando está hecha con amor" ─saca panes recién horneados. ─Por la diferencia de culturas, sé que se te ha complicado comer lo mismo que los demás, por eso pensé... ─se voltea a ella con un plato, que tiene varias rodajas de pan recién hecho, con queso dorado derretido sobre estas humeantes delicias. ─que tal vez, si me disculpo como se debe, podrias darme una oportunidad. ─dice acercándose a ella. Angel permanece de espaldas, aun tratando de despegar la pizza con un cuchillo enorme, hasta que escucha sus pasos más cerca, se voltea. ─¿Sabes hacer pan? ─pregunta manteniendo su seriedad, mirando el pan. No importa cuán enojada está, ciertamente la madre de Edward y ella tenían algo en común, la teoría de que la comida solo puede hacer feliz a las personas. ─Mi cuna fue Italia, mi madre era italiana de las tradicionales, no podía ser diferente. ─emula una sonrisa, en un intento de verse animado, pero ella no se inmuta. ─Entonces... ─coloca sus manos en la cintura. ─cada vez que hagas algo mal, o me grites, o te enfades de manera confusa, ¿me vas a cocinar? ─lo ve directamente a sus ojos. ─Te cocinaré las veces que desees, pero no volveré a herir tus sentimientos, o hacer nada que te hiera... ─asiente con sutileza. ─¿Y solo sabes hacer pan?. ─toma el plato. ─¿me disculpas? ─pregunta sacando sus guantes de cocina. ─Tengo una duda. ─se voltea y choca el plato contra un jarra de vidrio haciendo que esta caiga al suelo y estalle en muchos pedazos. ─Yo lo arreglo. ─dice tomándola por la cintura como una niña, dejándola sentada sobre el mesón. ─Pero... ─queda confundida sentada, viendo como el se encarga de recoger todo. ─Para alguien que baja aquí solo dos veces al año, conoces muy bien donde está todo... ─toma un pedazo de pan, pese a lo caliente que está. ─Crecí aquí. ─toma una toalla, la humedece con agua fría y la frota en los dedos de ella, los mismo que ha usado para tomar el pan. ─está muy caliente. ─susurra ─Esta casa fue construida hace más de cien años, pero ha mantenido el mismo orden desde mi abuela, mi madre, y yo no quise que fuese diferente. ─saca una jarra de jugo y fruta picada, colocándola en el mesón, junto a ella. ─no importa si me voy y regreso en diez años, el personal no puede cambiar el orden de nada. ─enfatiza. ─que lo disfrute. ─dice mientras toma sus guantes y camina a la salida. ─¿No tienes hambre? ─pregunta ofreciendo fruta en un tenedor. ─Pensé que... ─niega con la cabeza confundido. ─Tres enormes panes, un enorme plato de fruta, y toda una jarra de fruta, ¿quieres que ruede, o qué? ─bromea. ─¿Extrañas mucho a tu familia? ─pregunta acercándose a ella. ─Más de lo que pensé, pero ellos están bien, y eso es lo único que me importa. ─da un gran mordisco al pan. ─¡realmente está muy rico! ─exclama muy asombrada. ─Alessandra... ─hace una pausa con el pan en la mano. ─¿quien es? ─pregunta fingiendo no recordar. ─Es mi hermana. Ella era... ─Buena cocinera, bonita, hábil... ─Era horrible. ─sonríe con sus ojos enrojecidos. ─ella solía molestarme todo el tiempo, quería que yo saliera con sus amigas, pero no que fuese su novio, siempre me usaba como saco de boxeo cuando tenia un mal dia, pero como chofer, cajero, y guardaespaldas cuando tenía uno bueno. ─Así son los hermanos, siempre peleando por todo, pero en el fondo... ─Ella era mi mejor amiga. ─sonríe. ─aquella noche... ─¿Me acompañas a la piscina? ─pregunta al notar que su voz se está quebrando. ─¿qué? ─pregunta confundido. ─Quedarme quieta por tanto tiempo hizo que el brazo ya no doliera tanto, y pensé que tal vez... ─se baja con cuidado. ─podrías acompañarme y poder nadar sin ahogarme. ─sonrie dando un gran mordisco. ─por cierto. ─toma un gran pedazo de pan y se acerca a él. ─abre. ─ordena tajante. Con una sonrisa mal disimulada, abre un poco su boca, pero esto basta para que ella introdujera el pedazo de pan. ─No estás comiendo nada. ─lo regaña. ─¿siempre eres así? ─pregunta viéndola caminar a la nevera. ─¿qué buscas?, yo puedo ayudar. ─pregunta viendo como hurga en el refrigerador. ─Sí. ─voltea a él. ─¿no soy un amor? ─hace una mueca graciosa. ─buscaba un poco de esa cosa parecida a ensalada de frutas, que sabe muy dulce. ─dice volteando su mirada al congelador. ─Sangría. ─¿qué? ─es cosa, que se parece a una ensalada de frutas, es sangría. ─corrige. ─¿aún tienes hambre? ─pregunta señalando la comida. ─No, se me antojo un poco de esa cosa... Sangría. ─se voltea a él. ─Ven conmigo. ─dice y lleva fuera de la cocina, pero solo bastó un poco mas de oscuridad en los pasillos, para que ella se aferre a su brazo.
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