Shanon me cargó en brazos y me llevó hasta la cama. Me sonrojé al instante; en sus brazos me sentía como una princesa protegida por su rey. Me acomodó con suavidad sobre las sábanas, como si temiera romper algo frágil, algo sagrado. Luego se recostó a mi lado. Nos miramos en silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Su mano derecha se alzó para acariciar mi rostro con infinita delicadeza, recorriendo mi mejilla como si memorizara cada rasgo. —Mi amor… ¿puedo hacerte una pregunta? —susurré con timidez. Él sonrió con ternura, esa sonrisa que siempre lograba calmarme el alma. —Lo que quieras saber, mi luna. Estoy dispuesto a responderte —dijo, tomando mi mano izquierda y besando uno a uno mis nudillos con un gesto tan dulce que me hizo estremecer. Tomé aire, armándome de val

