Capítulo 1
La mañana había amanecido gris. Un manto de nubes pesadas cubría el cielo como si presintiera algo que yo aún no sabía interpretar.
Mi madre diría que era un mal augurio, sobre todo en días importantes como este. Pero, por más supersticiosa que ella fuera, yo no podía darme el lujo de creer en señales. La entrevista de trabajo era hoy, lloviera o no.
Estaba sentada en una larga fila de mujeres, todas más elegantes, más seguras y más hermosas que yo. Aspiraban al mismo puesto en la empresa Gransie, un lugar al que muchas soñaban entrar. Un lugar donde, si tenía suerte, podría cambiar mi vida.
La antigua secretaria del jefe había muerto en un accidente meses atrás. Una mujer mayor, según decían, con años de experiencia y una reputación intachable.
Irremplazable, murmuraban las más veteranas.
Quizá por eso el jefe había tardado tanto en buscar a alguien más.
Respiré hondo. ¿Qué posibilidades tenía yo entre tantas?
Y para colmo, era la última en ser llamada.
—Tal vez ni tenga oportunidad… y menos con un día como este —murmuré para mí misma, observando cómo las primeras gotas golpeaban el cristal.
La lluvia siempre me había traído paz. Incluso cuando la vida parecía temblar bajo mis pies, ese sonido constante me recordaba que el mundo seguía girando. Mamá podía decir lo que quisiera, pero para mí la lluvia era un abrazo.
Pasaron horas. Las mujeres entraban y salían, algunas radiantes, otras con el ceño fruncido. Yo estaba casi dormida cuando por fin pronunciaron mi nombre.
Entré a la sala y me encontré con una mesa larga. Tres personas me observaban: dos hombres impecablemente vestidos y una mujer de mediana edad con expresión seria. Me indicaron que tomara asiento. Recordé las enseñanzas de mi madre y me senté con elegancia, cruzando las manos sobre mi regazo.
Hablé de mi experiencia, dos años apenas. No era mucho, pero los había vivido con dedicación.
Los hombres mantenían un semblante neutro; la mujer revisaba mi expediente con atención silenciosa, como si buscara algo que yo no sabía que tenía.
Al terminar, me agradecieron la presencia y me informaron que me enviarían un correo con la decisión. Así, tan simple y tan frío.
Salí de allí con una punzada de decepción. Tal vez no era para mí.
Aun así, al abrir la puerta del edificio y ver cómo la lluvia seguía cayendo con más fuerza, sentí algo parecido a un suspiro del destino. Saqué mi sombrilla y avancé entre la gente, pero una sensación extraña comenzó a inquietarme.
Alguien me observaba.
Me detuve y miré alrededor. Nada. Solo sombras movidas por la lluvia y personas con prisa.
Negué con la cabeza para espantar la paranoia.
En la estación del metro, revisé mi celular. Tenía una llamada perdida de mi mamá, así que la devolví.
—Mi niña, ¿cómo te fue en la entrevista? —preguntó de inmediato, con ese tono lleno de ilusión que me hacía sentir culpable.
Suspiré.
—Lo hice lo mejor que pude, mamá… pero había mujeres increíbles compitiendo por el puesto. No sé si tengo chances.
—Los días lluviosos no son buenos para buscar trabajo —respondió, como si aquello lo explicara todo—. Pero al menos lo intentaste. Y nunca se sabe, tal vez te acepten.
Me sonrió con la voz, como siempre.
—Ojalá, pero prefiero no ilusionarme —contesté. El sonido del metro aproximándose retumbó en la estación.— Mamá, llega el tren. Te escribo si hay alguna noticia, ¿sí?
—Está bien, mi amor. Cuídate.
Colgué y entré justo antes de que las puertas se cerraran.
Mientras el tren avanzaba en la penumbra del túnel, no pude evitar sentir que, desde algún punto desconocido, alguien seguía observándome.
Como si la lluvia no hubiera sido un mal augurio… sino un aviso.