Capítulo 2

791 Words
Capítulo2 Cuando llegué a mi departamento, lo primero que hice fue dejar caer el bolso en el sofá y sentarme unos minutos. Sentía el cuerpo pesado, el cansancio mezclado con la incertidumbre que había arrastrado todo el día. Más tarde preparé algo de comer, me di una ducha caliente y me acosté. El sueño llegó rápido, aunque no de la manera reparadora que necesitaba. ❀·°·❀·°·❀ Los días pasaron sin una sola señal. Ni un correo, ni una llamada. Nada. La esperanza comenzó a escabullirse en silencio, como si me estuviera preparando para una decepción segura. Esa tarde, mientras me duchaba para despejar la mente, escuché el sonido de mi celular vibrando en alguna parte del departamento. Una notificación… y luego otra. No le di importancia. El agua caliente me relajaba el cuerpo y no quería que nada me sacara de ese momento. Cuando salí envuelta en una toalla, recordé que el teléfono había sonado. Lo tomé y, al desbloquearlo, casi se me congela la expresión. Un mensaje de mi ex. Lo abrí y una sonrisa sarcástica se me escapó sin remedio. ¿En serio? > “Preciosa, perdóname por todo lo que te dije. Fui un idiota… De verdad te extraño. Por favor, volvamos. Te lo ruego.” Sentí el impulso de reír y golpear algo al mismo tiempo. Apreté la mano libre. Después de todo lo que me dijiste… ¿tienes la cara de volver así? Aquel hombre había sido una herida abierta durante mucho tiempo. Me había dicho cosas que todavía dolían si las recordaba demasiado. Sin pensarlo, lo bloqueé. No quería que nada de mi pasado volviera a envenenarme. Yo había venido a esta ciudad para comenzar de cero. Y él no cabía en mi nueva vida. Justo cuando dejé el teléfono sobre la mesa, noté otra notificación. Esta vez, un correo. Lo abrí sin mucho ánimo, pero al leer la primera frase, sentí que el corazón se me salía del pecho. Me habían aceptado. Me habían aceptado. Yo… era la nueva secretaria del jefe de la empresa Gransie. —¿Qué…? —balbuceé. La emoción fue tan intensa que, al dar un paso hacia la cama, choqué contra la pata de la misma y me golpeé el dedo meñique del pie. —¡Ayyy! ¡Maldita sea! —me retorcí de dolor—. ¿Qué tiene el jodido dedo chiquito de mi pie derecho? ¡Todos los golpes vienen a él! —grité frustrada, saltando en un pie. Después del drama inevitable del dedo traidor, volví al teléfono. El mensaje indicaba presentarme al día siguiente a las 8:30 a.m. en recepción. Respondí confirmando, y segundos después la respuesta fue un simple: > “Ok.” No dormí bien esa noche. La emoción, la ansiedad, el miedo… todo se mezclaba como un torbellino. Cuando me levanté, tenía ojeras que ni siquiera el maquillaje pudo ocultar del todo, pero al menos las disimuló. Llegué a la empresa con el tiempo justo. Respiré hondo antes de entrar. El vestíbulo era tan impecable que me sentí pequeña por un instante. Me acerqué a la recepción. Allí estaba la misma mujer que me había atendido el día de la entrevista. —Buenos días —saludé con suavidad. Ella alzó la vista para observarme con atención. —Buenos días, señorita. ¿En qué puedo ayudarla? —Mi nombre es Mariana. Fui aceptada como secretaria en la oferta de hace unos días. La mujer buscó mi nombre en la computadora. Tecleó unos segundos y luego asintió. —Aquí está. Su nombre completo es Mariana González Camille, ¿correcto? —Sí, así es. —Perfecto. Por favor, vaya a la derecha y tome el ascensor hasta el último piso. Camine recto por el pasillo; la puerta del fondo es la oficina del jefe. Él desea conocerla —dijo, ahora mirando directamente hacia mí. —Muchas gracias —respondí con una sonrisa tímida. —No hay de qué. Bienvenida a Gransie —añadió con una calidez inesperada. Caminé hacia el ascensor con el corazón latiendo más rápido a cada paso. Presioné el botón y las puertas se cerraron con un susurro metálico. El ascenso se sintió eterno. A cada número que cambiaba, la emoción y los nervios se entrelazaban en mi pecho. Cuando el ascensor llegó al último piso con un ding suave, respiré hondo y salí. El pasillo era largo, elegante, silencioso. Flaqueado por varias oficinas, las paredes de las mismas eran de cristal, y el ambiente era tan pulcro que casi me intimidaba. Al fondo, una puerta negra resaltaba como si fuera la entrada a otro mundo. El jefe me espera ahí… Y aunque todavía no lo sabía, ese encuentro cambiaría mi vida para siempre.
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