Capítulo 11

810 Words
La mañana llegó más rápido de lo que esperaba. Aún sentía un leve cosquilleo en el cuello, justo donde la luna creciente marcaba mi piel como un sello ardiente que no lograba ignorar. Intenté concentrarme en mi trabajo —organizar unos papeles, responder correos, ordenar la agenda del jefe—, pero mi mente parecía un desorden distinto: mis sueños, la marca, Shanon… todo mezclándose de una forma que me hacía latir el corazón con fuerza. Un golpe en la puerta me regresó a la realidad. —Adelante —dije, intentando sonar profesional. La puerta se abrió y Travis asomó medio cuerpo antes de entrar por completo. Su sonrisa encantadora era la misma de siempre, esa que muchos encontrarían irresistible. —Buenos días, señorita Mari —saludó, usando ese diminutivo que solo mi mamá me decía y que me tomó por sorpresa. Le devolví una sonrisa amable, aunque algo tensa. —Buenos días, señor Travis. Traía una carpeta entre las manos. —Le traigo estos documentos para que el jefe los firme —dijo sin apartar la mirada de mí ni un instante. —Está bien, déjelos sobre mi escritorio. Él avanzó unos pasos, los dejó en la mesa… pero no se retiró. Seguía allí, observándome con demasiada intensidad. Podía sentirlo incluso sin mirarlo directamente. —Señorita Mari… ¿ha pensado en lo de aceptar mi invitación? —preguntó con una seriedad que me tensó los hombros. Me quedé inmóvil por un segundo. Travis estaba siendo directo, y yo… yo había jugado un poco con sus palabras el otro día. No porque quisiera algo con él, sino porque me sentía confundida por demasiadas cosas. Y quizá él interpretó el gesto como una señal. Pero la verdad era que dos motivos me impedían siquiera considerar la idea: primero, el rencor profundo que llevaba arrastrando hacia los hombres… y segundo —el más poderoso—, los sentimientos que poco a poco habían arraigado en mí por mi jefe. No quería herir a nadie. No quería dar falsas esperanzas. Bajé ligeramente la mirada. —Travis… disculpa si te di alguna ilusión. Fue mi culpa seguirte la conversación aquel día. Pero ahora no puedo corresponder a tus sentimientos —dije en un susurro contenido. Vi cómo sus ojos cambiaban: decepción, sorpresa, quizá un poco de herida. —Oh… entiendo —murmuró en voz baja, casi resignada. Se dio la vuelta para irse, pero antes de abrir la puerta se detuvo. Su mano quedó quieta sobre el pomo. Luego giró la cabeza hacia mí, los ojos entrecerrados. —Esto es por el jefe, ¿verdad? —preguntó con un filo inesperado en la voz. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. —No sé de qué hablas —respondí frunciendo el ceño, aunque por dentro tenía una idea bastante clara. Él soltó una risa irónica. —Vamos, señorita Mari. Es obvio. El jefe quiere algo contigo. ¿No lo has notado? Te mira diferente… incluso te cela cuando algún hombre se te acerca. Su comentario me atravesó el pecho. Ese detalle… yo también lo había percibido. Apoyaba mi teoría de que eso podían no ser mi imaginación. Pero no podía admitir algo así. No frente a él. —No sé qué habrás imaginado, pero no me parece apropiado suponer esas cosas —dije intentando mantener la postura profesional. Travis ladeó la cabeza, como un hombre que sabe más de lo que dice. —Llevo años trabajando aquí —susurró con un humor ácido—. Y nunca había visto al jefe venir tanto a la empresa… ni interesarse tanto por alguien. Créeme, cuando alguien te quiere, se nota. Y él te quiere. No entiendo cómo no lo ves. Me dejó sin palabras. Sin aire. Todo sonaba demasiado real… demasiado peligroso de aceptar. —Señor Travis —respondí finalmente, obligándome a levantar la barbilla—, si usted ha notado esas cosas, yo no. Solo cumplo mi trabajo como secretaria del señor Shanon. No soy ningún interés amoroso. Mentira. Pero dicha con la firmeza de una máscara. Él me sostuvo la mirada. Por un segundo pensé que iba a insistir… pero solo suspiró. —Aún no pienso rendirme, señorita Mariana —dijo, esta vez usando mi nombre completo, antes de salir de la habitación. La puerta se cerró suavemente detrás de él. Solo entonces me atreví a soltar el aire y apoyarme sobre mi escritorio. —Así que no era mi imaginación… —murmuré para mí misma, tocándome inconscientemente el lunar del cuello que estaba cubierto por maquillaje. Si Travis había notado todo eso… Y si coincidía con lo que yo también sentía… Entonces ¿por qué Shanon no había dicho nada? ¿Qué estaba esperando? ¿O qué estaba evitando? No quería hacernos daño. No quería alimentar una ilusión… pero era demasiado tarde. Porque por más que lo negara… Mi corazón ya lo había elegido.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD