Cinco - Parte 2

3462 Words
MASSIMILIANO BENEDETTI Viktor Ivanov. Cuarenta años. Presidente de Grupo BDL y líder de la mafia roja. Tiene a una puta sobre las piernas y me desconcentra la manera en que otra mujerzuela le come la v***a mientras él habla conmigo con total normalidad. Como si la escena fuese tan normal como ir a tomar el té en Buckingham. Asco me dan los rusos con sus actos sexuales públicos y nefastos. Les falta clase y etiqueta. Es evidente por la expresión de Cross que se siente incómodo, y yo también. He vivido muchas cosas dentro de la organización, pero esto de ver a una puta dándole una mamada a un líder violento no es para mí. Qué bochorno. Le doy una calada al cigarrillo y aviento lo queda de el al suelo. Tengo cuidado con mis próximos pasos, estos sujetos son de temer y un mal comentario o mala interpretación de lo que diga me dejaría en medio de una guerra de clanes que ahora mismo no deseo atravesar. Un mes fuera de Costa Cruz y todo se jode en Villa Esperanza. A Franchesko no hay que dejarlo mucho tiempo solo. —Tu viejo maldito se dio cuenta del movimiento la semana pasada —Su inglés perfecto me sorprende, casi siempre hablamos en ruso. Aparta a la golfa que le mama la v***a sin vergüenza y se guarda el m*****o dentro del pantalón, inclinándose hacia adelante, cabreado. No me muevo, esperando alguna reacción de su parte que me haga darle un tiro en la cabeza. La mujer sobre sus piernas se escapa rápido—. Voy a volarle la maldita tapa de la cabeza si nos arruina el traslado de los contenedores. Si ahora no lo he hecho es por el respeto hacia la alianza con la Sacra Corona Unita. Si así fuera hasta yo lo acompañaría en el asesinato. Un peso menos me vendría bien. Escupe el piso, mirándome de mal humor. —Mi trabajo ya está hecho, yo me encargaré de hacer llegar la mercancía a Suiza y de allí a Moscú. Ni defendiéndome de la amenaza el tipo deja de estar fúrico. Estamos rodeados por diez rusos armados, todos matones y entrenados para desaparecernos en un santiamén. Cross y yo somos los únicos presentes de la Società Maggiore y el porcentaje de salir vivos de aquí si iniciamos una pelea dispareja es nula. El robo fue un éxito y los diamantes yacen en estado de tránsito para el blanqueo dentro de Costa Cruz, aprovecharse del envío de la producción petrolera para hacer llegar la mercancía a su destino es la última parte de mi trabajo. Por lo tanto, todo lo que implique barrer la basura es asunto mío, no del maldito Ruso metiche que me está subestimando como si fuera primera vez que hago esto. —Me largo a Palermo mañana en la mañana, más te vale que la llegada sea dentro de la fecha pautada. —Te sugiero que dejes de dejar amenazas en el aire si no quieres que te saque los ojos con una puta cucharilla. Se levanta de la silla y yo no me dejo apabullar. Cross da un paso al frente y escucho los seguros de los armamentos, listos para perforarnos masivamente. —Tus malditos diamantes estarán en Moscú. Está prohibido pronunciar la palabra "Diamantes", es por ello que el rubio de ojos azules y dos metros tres de estatura me ve alterado con las aletas de la nariz dilatadas. —Ublyudok sukin syn. —Pronuncia en su idioma. «Bastardo hijo de puta» Yo le entiendo perfectamente, pero él a mí no porque no habla italiano. Volteo hacia Cross que tiene la mano puesta en su arma, listo para responder a los tiros en caso de que se desate una balacera. Aunque primero caería muerto él antes de que pudiese alcanzar a sacar su Beretta. —Dannato russo, dovrei falsificare i diamanti —Le hablo a Cross, divertido. Abriéndome hacia atrás para marcharme. Tengo una video conferencia con mi equipo operativo, todos están repartidos por el continente Europeo porque aprovechan sus vacaciones cortas antes de volver a las actividades; son las seis de la tarde y la diferencia horaria los debe tener sofocados por no recibir noticias sobre el cambio de planes para trasladar la mercancía. El ruso me ve, indignado. —¿Qué has dicho? Cross me sigue. Ni le respondo. Afuera de la mansión espera mi Lamborghini, nos largamos apenas subimos. Ha sido una locura venir aquí sin un plan b, sin armamentos, argumentos y a la buena de un Dios ciego. Un poco de mala suerte y me acribillan a tiros. —Me preocupa Franchesko, Massi. El infeliz del hombre que me procreó anda de amigo con Oswald Prenter, adjunto del presidente de PRINT, empresa Británica muy afín con las corporaciones de Venezuela, Francia y España. No sé qué carajos pasó durante los treinta días que no estuve, pero se fijaron de las anomalías en el despacho y traslado de los barriles exportados y sus derivados a Canadá. Pidieron revisión exhaustiva de la próxima exportación, justo en la que planeo sacar los diamantes hurtados de la Torre de Londres. Tantos meses de acción organizada no pueden irse a la mierda por un elemento externo. A Bisain Abdelmo le tengo los días contados por no supervisar su parte del trabajo, no estoy yo solo en esto. Cada quien acciona por diferentes motivos, los árabes tienen deudas pendientes con Viktor, los estadounidenses presentan acciones en la mercancía que estoy contrabandeando y Brasil fue comprado, yo por mi parte sólo hago mi labor, respondo por lo que me contactaron y de lo que obtuve ya el 50% del pago. Al terminar cerraré negocio con los Ivanov, garantizando más puntos a mi reputación y más dinero. Tengo una lista con pendientes después de que salga de esto y mi lavado principal y más rápido por el momento es el tratado internacional de petroleo. No es fácil ocultar las irregularidades a otras cuatro corporaciones y a Franchesko, pero para eso está Rusia, Brasil y Arabia Saudita, para agilizar el proceso de tránsito. —Es más fácil contrabandear para coleccionistas obsesionados que para carteles o clanes de las mafias mundiales. No vuelvas a aceptar hacer algo como... —¿Eres imbécil o se te fundió el cerebro de la cagada que te echaste allá adentro? —Piso el acelerador, tomando la autopista que nos llevará de regreso a Villa Esperanza—. Decirle que no al jefe de la mafia roja no es una opción, ni a él ni a ninguno. Bufa. Nos matarían en menos de lo que canta un gallo. —Estoy cansado, viejo. Quiero una vida normal. —Puedes largarte cuando quieras, nadie te detiene. El resto del camino es silencioso y agradezco por no tener que volver a escuchar la molesta voz de Cross, mucho menos sus quejas sobre querer ser un tipo corriente de mierda. Él se queda en el Ikton para retomar la precisión de los pasos de Franchesko, yo tengo una reunión con mi nuevo socio. Un honrado comerciante que está a nada de recibir un contenedor con la mercancía nueva para abastecer sus negocios, mismo que se irá de regreso con los artículos defectuosos en garantía que almacena con destino a Estados Unidos, el cual trasladará los diamantes que debo hacer llegar a Suiza. A cambio le venderé el terreno sobre el que yace su tan amada tienda de móviles inteligentes. °°°°°°°°° 4 meses atrás Las pinceladas son precisas, es un trabajo complejo. Contengo la respiración, acomodando la lupa de mi lente de precisión antes de ultimar los detalles con mi pincel. La luz es intensa y me permite observar cada centímetro del lienzo. Estudié El boceto de la reina hace quince días y ya que he memorizado cada milímetro del cuadro creado hace millones de años y que resguardaba el Museo Nacional de historia Griega estoy listo para darle al mundo una réplica exacta. —Dos metros para la llegada, señor. —Es la voz de Mina, asistente y mayordomo digital que controla con su sistema inteligente toda la seguridad de la Fortaleza Benedetti. Dejo el pincel en alto, retrocediendo con cuidado para evitar dañar mi obra. Las luces titilan dentro del estudio y me quito la lupa de mal humor por la interrupción inoportuna, pero a la vez aliviado porque el robo ha sido un éxito y por fin tengo la mercancía en Milán después de un largo recorrido desde Reino Unido. Dejo todos mis instrumentos sobre la mesa, las notas de Mozart resuenan por cada rincón y salgo de allí quitándome el delantal y los lentes. Por un momento pensé que nos caeríamos en la misión, no puedo negarlo. Suelo ser bastante objetivo y supe desde un principio que enviar al equipo a Londres era un plan casi suicida. Los pasillos me reciben, cantando victoria en la mente. Sobre todo después del tropiezo en Génova con el que estuve a punto de resbalar y perder todo el avance. Habría sido un desastre si nos decomisaban el cargamento, ni imaginar las represalias de los Rusos por perder sus pertenencias. Han sido largos meses de planificación y ejecución que muy pronto rendirán sus frutos en totalidad. Ahora la parte más tediosa se acerca y es el lavado de la antigüedad, parte del proceso fue exitoso desde Londres con el escuadrón en cubierto que traspasó la propiedad en un bucle interno. Aun así y para evitar que las autoridades judiciales ahonden en la investigación necesito darle un plus que sólo me ofrece el tratado internacional de petróleo. —Abre las compuertas, Mina. —Entendido, señor. Tengo que atravesar casi toda la fortaleza para llegar al cuarto de operaciones, la habitación enciende sus luces apenas entró gracias a la inteligencia artificial que me ofrece Mina. El panel de control brilla de manera intermitente y presiono el botón rojo para que las compuertas se preparen para abrir. La música clásica avasalla mis oídos, dándome la calma que necesito después de semejante interrupción. Me arremango el suéter que cargo hasta los codos, mis pies descalzos se mueven con agilidad. Tengo que pensar en la dinámica para introducir los diamantes a Costa Cruz, cada antigüedad debe entrar y salir de maneras distintas para evitar levantar sospechas ya sea por la Aduana o por parte de los demás países aliados del tratado y que no forman parte de la organización corrupta a la que pertenezco. —Preparándonos para recibir al equipo en tres, dos, uno. La voz de Mina es robótica y clara. Quedo de frente a la pared de cristal que me ofrece la vista del túnel subterráneo que conecta con la entrada secreta de la fortaleza, que es donde se estaciona la camioneta blindada antes de que las compuertas le den paso. Vuelven a cerrarse y bajo en el elevador hasta la planta base para recibir a Cross, Veronika, Ifna y Valentín. Grupo operante del escuadrón contrabandista. Todos bajan con trajes especiales, parecen una fuerza paramilitar y se me hace una burla verlos con esas fachas dentro de mi propiedad. —¿Se disfrazaron de los malditos Power rangers o que mierda? —Se llama tener estilo, tío. —Responde Veronika. Española. Metro setenta y ocho, de nariz aguileña, bonito cabello n***o azabache y ojos cafés redondos y grandes que resaltan en su pálida piel blanca. Es perseguida en su país y trabaja para mí desde hace siete años. Delgada y de buena silueta, creativa y especialista en dar soluciones de último momento, ha salvado las misiones a nada de irse a la mierda. Como en el robo de la Gioconda cuando estuvimos a muy poco de ser atrapados por la INTERPOL en Madrid, ya que nos tenían localizados desde el robo en París. Fue una persecución reñida, casi como si un infiltrado diera nuestras ubicaciones constantemente. Gruño con su respuesta tan patética, tiene cuarenta años y se sigue comportando como una niña inmadura de quince que dice estupideces en los peores momentos para "aligerar la tensión", y solo la empeora. Ni le respondo. —Casi nos agarran. —Cuenta Ifna. Es la más joven del grupo, huérfana y destinada a morir de hambre de no ser por mí. Me la tiré un par de veces, luego ella entendió que no sería más que un simple acostón y dejo de insistir para concentrarse en trabajar y en rendir dentro de mi banda. Porque aquí sirves o te largas muerto. A sus treinta es bastante madura, la infiltrada reina. Consiguiendo abrir accesos desde adentro de cualquier organización a la que se planee vulnerar, como en el Vaticano con su actuación perfecta de la hermana Sole. —Pero no pasó. Y Cross, el más viejo y líder del grupo, interviene. Haciéndose hacia atrás para abrir la puerta trasera del camión y dejar al descubierto el enorme cofre que resguarda a miles de nefitas blancas. —Bájenlo de ahí. —ordeno. Valentín y él se ponen manos a la obra, buscando el soporte mecánico que levantará los 200 kilos que pesa el cargamento. Mientras tanto, Ifna y Veronika me ponen al tanto de lo acontecido en Génova con detalle. El buque saliente de Cardiff fue inspeccionado por la aduana nacional en Génova después de encenderse las alarmas a nivel mundial por la autoridad cultural de Inglaterra que hizo público todo el robo en La Torre de Londres. El blanqueo no fue sencillo dentro del territorio víctima, y ni con contactos en Gales los diamantes se perdían de vista en el localizador. Es de entender, el componente químico de esas gemas en específico suponen un material peligroso en las manos equivocadas. Finalmente, y gracias al plan esquematizado por Savino y por mí meses atrás, se logró despejar la sospecha. La mano del vicepresidente del consejo de ministros de Italia también se involucró por una deuda pendiente conmigo y que ahora está saldada. Era por las buenas o explotarle la casa con su familia adentro. Digamos que el resto de las organizaciones criminales a nivel mundial tienen buena relación conmigo gracias a mis trabajos de contrabando de antigüedades y falsificación de obras de arte bien hechos, también por ser uno de los clanes en alianza; siendo el líder de la casa Benedetti dentro de la organización italiana tengo mis escalones arriba dentro del mismo país. Fuera de eso, ni me interesa andar en pleitos o crímenes de lesa humanidad. —¿Cómo procederemos ahora? —Valentín se detiene a admirar la máquina que carga el cofre—. ¿Quién de nosotros se va a Costa Cruz? —Yo. No es que sea voluntario, es que soy la mente maestra de todas las operaciones, y el jefe. —¿Massi, estás loco? —Cross como siempre metiendo la cara en donde nadie le ha pedido opinión—. Quedamos en que tu cabeza no se pondría al frente de ningún operativo después de lo de Barcelona. Ese fue un pequeño contratiempo. Al final siempre tuve todo bajo control. —Voy a supervisar la refinería de la Corporación Benedetti —Sigo yo, sin prestarle atención al gesto desfigurado de mi amigo. Hace mucho que no visito el país petrolero—. Franchesko está ocupado en lamerle el culo a Prenter, no ha notado las seiscientas entradas de carga ilícita en los últimos cuatro meses ¿Qué te hace pensar que vaya a notar que el contenedor de los barriles cargue con Nefitas blancas ahora? —No estoy de acuerdo. —Venga, tíos. Pensaos en el tiempo que Massi lleva fuera de la adrenalina. Sólo quiere un poco de diversión. Le guiño el ojo a Veronika por sumar positivamente a mi decisión. No me pasa por alto que Ifna se enoja con el gesto y niega con la cabeza, dándose la vuelta. —Eres la cara de todas las empresas Benedetti, hombre —Responde Valentín una vez más—. Un error mínimo y a la mierda tu familia entera. Piensa en tu hija. Ese tipo de manipulaciones me enerven la sangre, porque dentro de su lógica de animal es cierto. —Voy a Costa Cruz, punto. No les estoy pidiendo permiso, estoy haciendo mi parte del trabajo. —¡Tu parte del trabajo es replicar las antigüedades! ¡O dirigir las misiones a nivel inteligente desde afuera, carajo! —¡Cierra la boca, Cross! —Le hablo fuerte. Y el silencio reina. —Que se vaya a Costa Cruz. Total, mejor librarnos del tirano por un rato. Me le quedo viendo a Ifna, serio. Es una ardida de mierda. —Yo no quiero ir a Costa Cruz. La queja de Cross se me hace graciosa teniendo en cuenta que no le invité a ir conmigo. Aunque sé que por solidaridad y la enorme devoción que siente hacia mí vendrá igual. —He escuchado que hace demasiado calor. La envidia no se me está permitida cuando el sol de allá no es un atractivo precisamente. Cuando la cita sea en París me avisan que allí sí me anoto. Veronika me hace reír con su chiste de mierda. Todo lo que dice es cómico cuando no estoy cabreado como hace diez minutos. —¿Y después qué? —Valentín ama lo que hace. Ser ladrón, infiltrado y andar en persecución es lo suyo. Nunca está satisfecho con la cantidad de operaciones, siempre quiere más. —Después habrá vacaciones. —Zanjo yo. Ya estoy cansado de poner el cuello en la mira de la INTERPOL por andar de ratero por todo el mundo, ni hablar de los cuadros más caros que replico para vender y hacer pasar por originales, estafando a criminales que de enterarse ya tendría un destino bastante claro bajo tierra. La sala está repleta de antigüedades verdaderas con las que nos quedamos antes de dar réplicas exactas a quienes contratan mi servicio. Las gemas no son una opción porque los Rusos no son personas con las que quiera meterme. —¡Yupi! Quiero ir a Chile. —¿Entre tantos países por conocer y tú quieres volver a Chile, Veronika? —Concuerdo con Ifna —Suelta el rubio de barba oxigenada con una sonrisa en la cara. Valentín se empieza a sacar el traje. —Voy a conocer Chile, Valentín —Se defiende la española—. Ir a robar no es igual que ir a ser turista. —Buena suerte con tu viaje siendo una prófuga —Le suelto—. No pagaré fianzas por ti ni extradición. —Massi siempre cagándose en la buena vibra. Esta gente es a la única que le permito trato diferente hacia mí. Son familia, son de confianza, son todo aquello que cualquiera desearía tener. Me encojo de hombros, yéndome al elevador. Tengo una pintura que terminar y un viaje por coordinar. Al terminar éste trabajo me iré al viñedo a pasar un par de meses antes de volver al ruedo. —¿Tú qué harás en tus vacaciones, hombre? —Me pregunta Veronika, tratando de integrarme a su momento de relajación después de una misión estresante. —Joderle la vida a Cross. El rubio se ríe de su propia respuesta y ladeó la cabeza para responderles a todos. —Tirarme a tantas putas como pueda. Ruedan los ojos, fastidiados con mi contestación. —¿Más? ¿Existe un límite para ti? —Valentín se ríe. —Nunca es suficiente. •••••••••••••••••••••• Dannato russo, dovrei falsificare i diamanti: Maldito ruso, debería falsificar los diamantes. •••••••••••••••••••••••••••••••• ¡Hola! la verdad estoy muy contenta con la aceptación de esta historia. Espero que se disfruten tanto como yo conocer a estos personajes que son cajitas de sorpresas. Es mi primera historia del género erótico en sí y espero estarlo haciendo bien. Muchas gracias por leerme y estar pendiente de las actualizaciones. Trataré de hacerlo lo más seguido posible, siempre y cuando mi tiempo me lo permita. No es tan sencillo sentarse a escribir porque no vomito ideas, tengo que concentrarme. En fin, les cuento también que esta historia está disponible en w*****d sin censuras. Y lo comento porque acá suelen aparecer muchos asteriscos impidiendo leer las palabras de manera correcta y no sé si logran entenderlas. Igualmente los invito a que me sigan en i********: como: @ginamorrisescribe Es mi cuenta oficial y por donde subo memes, imágenes sobre mis obras, vídeos y demás informaciones importantes para los lectores. Me despido con mucho cariño, nos leemos pronto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD