Las llaves entran en la cerradura y ceden cuando el pequeño muelle se mueve y el resbalón encoje su tamaño. Son más de las tres de la tarde, mis clases acabaron temprano pero me quedé con algunos compañeros de salón a jugar cartas en el parque. La secundaria no queda muy lejos de aquí, estoy acostumbrada a ir y venir sin preocupación, desde que mamá desapareció me he vuelto muy independiente, así también ayudo a mis abuelos que ya no tienen edad para que me estén llevando y buscando. Con trece años soy bastante madura y autosuficiente. La puerta se abre y el panorama que presencio es totalmente diferente al del parque, ya no hay risas ni bromas, tampoco burlas y mucho menos bailecitos. Me abruma la pesadez del ambiente, la abuela Zoila tiene las facciones endurecidas y no se percata de qu

