AVISOS

2288 Words
[ZAED] Golpeo la puerta del piso de Alejandro con más fuerza de la necesaria. No he dejado de pensar en lo que ocurrió la noche anterior desde que salí de su casa y sé que, si no hablamos ahora, voy a seguir dándole vueltas durante todo el día. Tarda apenas unos segundos en abrir. En cuanto me ve, frunce ligeramente el ceño. —¿Qué haces aquí? No tengo ganas de rodeos. —Tenemos que hablar. Sin esperar una invitación, entro directamente al piso. Estoy tan concentrado en la conversación que voy a tener con él que apenas doy un par de pasos antes de detenerme en seco. Una mujer cruza el salón vestida únicamente con ropa interior. —¡Disculpa! No sabía que estabas acompañado. Me doy la vuelta por pura educación. Ella, en cambio, parece no darle la menor importancia. —No te preocupes, guapo. Yo ya me iba. Su tono despreocupado consigue que me sienta todavía más incómodo. Escucho sus pasos alejarse por el pasillo y unos minutos después vuelve a aparecer con un minivestido n***o ajustado al cuerpo. Se despide de Alejandro con un beso en los labios y, antes de marcharse, se acerca hasta mí para dejarme un beso en la mejilla. El perfume que lleva permanece flotando en el ambiente incluso después de que la puerta se cierre detrás de ella. Solo entonces vuelvo a mirar a Alejandro. —¿Quién es? Él hace un gesto despreocupado con los hombros. —Nadie. No puedo evitar arquear una ceja. —Pues para ser nadie, parece que la has pasado bastante bien. Él deja escapar una risa corta. —Vamos, Zaed... ¿De verdad no te diste cuenta? Niego con la cabeza. —Es una stripper. Lo observo durante unos segundos sin saber muy bien qué responder. No esperaba eso. Nunca le había conocido ese tipo de compañías. —¿Y desde cuándo estás con mujeres así? Alejandro camina hasta la cocina y se sirve un vaso de agua antes de responder. Yo termino sentándome en uno de los taburetes junto a la encimera mientras espero su respuesta. —Desde que no puedo tener a la mujer que amo en mi cama. Sus palabras hacen que el ambiente cambie por completo. Toda la ironía desaparece. —¿Hablas de Nayra? Él asiente sin dudarlo. —Sí. Da un largo trago al vaso antes de dejarlo sobre la encimera. —Llevo años enamorado de ella y anoche tú lo arruinaste todo. La acusación cae entre nosotros con un peso que no esperaba. Respiro hondo antes de contestar. No quiero discutir con él. Es mi amigo. Pero tampoco puedo hacer como si lo que pasó anoche hubiera estado bien. —Alejandro... Apoyo ambos antebrazos sobre la encimera y lo miro fijamente. —Lo que intentaste hacer estuvo mal. Él aprieta la mandíbula. —No puedes aprovecharte de una mujer que apenas puede mantenerse en pie. Y mucho menos de Nayra. La conoces desde hace años. Sabes perfectamente cómo es. Durante unos segundos guarda silencio. Después baja la mirada. —Lo sé. Su respuesta apenas es un murmullo. —Créeme que lo sé. Se pasa una mano por el pelo con evidente frustración. —Pero no puedo evitarlo. La amo, Zaed. Llevo tanto tiempo sintiendo lo mismo que ya ni siquiera sé qué hacer. Hay un cansancio real en su voz. No parece estar buscando excusas. Simplemente está perdido. —Precisamente por eso tienes que hacer las cosas bien. Él levanta la vista. —Díselo. —¿Qué? —Dile lo que sientes. Me incorporo un poco en el asiento. —Habla con ella. Dale la oportunidad de responderte. Que sea ella quien decida qué hacer con todo eso. Alejandro deja escapar una risa amarga. —Qué fácil suena cuando lo dices tú. —No digo que sea fácil. —Pues lo parece. Vuelve a guardar silencio unos segundos antes de apoyarse sobre la encimera, justo frente a mí. —Tú sabes perfectamente lo que Nayra significa para mí. Asiento. Claro que lo sé. He sido el primero en escuchar cada una de las veces que me habló de ella. He visto cómo cambiaba su expresión cada vez que Nayra entraba en una habitación. He escuchado demasiadas conversaciones sobre ese tema. —Por eso mismo no entiendo lo que hiciste anoche. Él me sostiene la mirada. —¿Y tú? Frunzo el ceño. —¿Yo qué? —¿Sabes realmente lo que Nayra significa para ti? La pregunta consigue descolocarme por completo. —¿Qué quieres decir? —Lo has dicho tú hace un momento. Cruza los brazos sobre el pecho. —"Sabes lo que Nayra significa para mí". Hace una breve pausa. —Pero nunca hablas de lo que significa para ti. Siento un pequeño nudo formándose en el estómago. Procuro que no se note. —La conozco desde que teníamos cinco años. Él no parece satisfecho con la respuesta. —Eso ya lo sé. Su tono se vuelve más serio. —Lo que quiero saber es qué más es ella para ti. No entiendo hacia dónde pretende llevar esta conversación. O quizá sí lo entiendo. Y precisamente por eso empiezo a ponerme nervioso. —No sé de qué estás hablando. Alejandro me observa durante unos largos segundos. Como si intentara leer algo en mi cara. —Anoche te vi mientras bailábamos. Mi respiración se detiene apenas un instante. Intento mantener la expresión completamente neutra. —¿Y? —Vi la forma en que nos mirabas. Trago saliva con discreción. No puede saberlo. Es imposible. Nadie sabe lo que pasa entre Nayra y yo. Jamás hemos dado motivos para sospechar. —Solo quería asegurarme de que estaba bien. Mi respuesta sale mucho más tranquila de lo que realmente me siento. Alejandro niega despacio. —Yo vi algo más. No aparta la vista de mí ni un solo segundo. —Zaed... no te hagas el idiota. Se pone de pie. Yo hago lo mismo casi por instinto. —Te la comes con la mirada. Durante unos segundos ninguno de los dos habla. Mantengo la respiración completamente controlada mientras intento ordenar mis pensamientos. No puedo permitir que siga tirando de ese hilo. Porque, si lo hace, tarde o temprano terminará encontrando una verdad para la que ninguno de los dos está preparado. —Te has vuelto loco. Intento que mi voz suene firme, incluso algo molesta, como si su acusación me pareciera completamente absurda. Sin embargo, por dentro estoy muy lejos de sentirme tranquilo. Alejandro no aparta la mirada de mí. —No. Niega despacio con la cabeza. —Creo que nunca he tenido las cosas tan claras como ahora. Cruza los brazos sobre el pecho y da un paso hacia mí. —¿Qué se traen ustedes dos? La pregunta queda suspendida entre nosotros. Durante un instante siento que el tiempo se detiene. Mi cabeza empieza a trabajar a toda velocidad buscando una respuesta que no despierte más sospechas de las que ya tiene. Mantén la calma, Zaed. No puedes cometer un error ahora. Respiro despacio antes de responder. —Nada. Lo digo con la mayor seguridad que soy capaz de fingir. Él suelta una risa sin humor. —¿Nada? —Nada. Sostengo su mirada sin pestañear. No pienso ser yo quien deje escapar la verdad. Alejandro da un par de pasos por la cocina antes de volver a girarse hacia mí. La frustración se refleja en cada uno de sus movimientos. —Entonces explícame una cosa. Levanta una mano en el aire. —¿Por qué demonios te metes en medio si quiero acostarme con ella? Aprieto la mandíbula. No es solo la pregunta. Es la forma en que la plantea. Como si todo se redujera a eso. Como si Nayra fuera un premio que alguien pudiera ganar. —Porque esa no era la manera. Mi tono se endurece. —Si de verdad la amas, no puedes besarla cuando apenas puede mantenerse en pie. No puedes intentar llevarla a tu casa aprovechándote de que no estaba en condiciones de decidir por sí misma. Él niega inmediatamente. —¡Yo jamás le haría daño! —Entonces demuéstralo. No levanto la voz. No hace falta. —Respeta sus tiempos. Dile lo que sientes. Espera a que sea ella quien decida. El silencio vuelve a instalarse entre los dos. Alejandro baja la vista durante unos segundos. Cuando vuelve a levantarla, parece mucho más sereno. —¿Y cómo haces tú? La pregunta me descoloca. —¿Cómo hago yo qué? —Todo eso. Hace un gesto con la mano señalándome de arriba abajo. —Hablar con las mujeres. Gustarles. Conseguir que quieran estar contigo. Por un instante me quedo completamente inmóvil. Había entendido otra cosa. Durante unos segundos llegué a creer que había descubierto la verdad. Siento cómo el aire vuelve lentamente a mis pulmones. —¿De verdad crees que eso funciona así? Alejandro deja escapar una risa amarga. —Vamos, Zaed. Mírate. Señala hacia mí otra vez. —Eres atractivo, tienes dinero, seguridad... Las mujeres se acercan solas. —Eso no significa que me acueste con cualquiera. —Pues nadie lo entiende. Se encoge de hombros. —Hace dos años terminaste con Paulina y desde entonces ninguno te hemos vuelto a conocer una novia. Tampoco te vemos salir con nadie. Bajo la mirada apenas un instante. Si supieras por qué... Si supieras que, desde que Nayra y yo cruzamos aquella línea, ninguna otra mujer ha conseguido interesarme lo suficiente como para intentar algo serio... Pero eso jamás podré decírtelo. —Mi vida privada es asunto mío. Levanto nuevamente la vista. —Pero no estamos hablando de eso. Vuelvo a llevar la conversación hacia donde realmente importa. —Estamos hablando de Nayra. Y no pienso cambiar de opinión. No permitiré que vuelvas a ponerla en una situación como la de anoche. Alejandro suspira profundamente. —Pareces su hermano en lugar de su amigo. La frase consigue provocarme una sonrisa amarga. Si tan solo supiera lo lejos que estoy de sentirme su hermano... —No lo soy. Mi voz suena mucho más tranquila ahora. —Pero es una de las personas más importantes de mi vida. La conozco prácticamente desde que tengo memoria y no voy a quedarme de brazos cruzados mientras alguien le hace daño. Él mantiene la vista fija en mí. Durante unos segundos parece analizar cada una de mis palabras. Después su expresión termina relajándose. —No nos vamos a pelear por ella, ¿verdad? La pregunta consigue removerme por dentro. Ojalá fuera tan sencillo. Porque el verdadero problema no es pelear con él. El verdadero problema es que los dos queremos a la misma mujer... aunque por motivos completamente distintos. Al menos eso intento convencerme. Escondo ese pensamiento detrás de una media sonrisa. —No le hagas daño y no tendremos ningún problema. Alejandro permanece callado unos segundos antes de asentir lentamente. —Tienes razón. Se deja caer otra vez sobre el taburete. —Anoche me equivoqué. Lo dice con una sinceridad que no esperaba. —Voy a hablar con ella. Levanta la vista. —Le pediré disculpas y después le contaré lo que siento. Ya no quiero seguir escondiéndolo. Asiento despacio. Es lo mejor que puede hacer. Aunque una parte de mí preferiría que esa conversación nunca llegara a producirse. —Hazlo. No añado nada más. ¿Qué podría decirle? No puedo contarle que Nayra no siente lo mismo. Tampoco puedo explicarle por qué estoy tan convencido de ello. Solo me queda esperar que sea ella quien encuentre la forma de manejar toda esta situación. Nos despedimos con un apretón de manos que deja claro que la discusión ha terminado, aunque ninguno de los dos haya salido completamente satisfecho. Abandono el piso con una extraña sensación de vacío. Mientras camino hacia el coche no dejo de darle vueltas a todo lo que acaba de pasar. Alejandro no sospecha la verdad. No realmente. Pero ha estado demasiado cerca. Mucho más de lo que me gustaría admitir. Si anoche llegó a interpretar mi reacción de aquella manera, significa que debo empezar a controlar mucho mejor lo que siento cuando Nayra está delante. Porque basta un descuido. Una mirada de más. Un gesto fuera de lugar. Y todo lo que hemos mantenido oculto durante tanto tiempo podría venirse abajo. Subo al coche y dejo caer la cabeza unos segundos sobre el respaldo antes de sacar el móvil del bolsillo. La pantalla se ilumina mostrando un mensaje nuevo. Nayra: "¿Algún plan para esta tarde?" No puedo evitar sonreír. Parece tener un radar especial para aparecer justo cuando más necesito distraerme. Escribo la respuesta casi sin pensarlo. Zaed: "No. ¿Por?" La respuesta llega apenas unos segundos después. Nayra: "Ven a la piscina. Rocío y Lola estarán aquí." Me quedo mirando la pantalla. Después de la conversación con Alejandro, probablemente lo más sensato sería mantener cierta distancia. Dejar que las cosas se enfríen. Intentar poner un poco de orden en mi cabeza. Sin embargo, en cuanto se trata de ella, toda esa lógica deja de tener sentido. Siempre encuentro una excusa para verla. Y, cuando es Nayra quien me busca, nunca consigo decirle que no. Zaed: "Vale. En un par de horas estoy allí." Guardo el móvil y pongo el coche en marcha. Mientras conduzco hacia la oficina para recoger unos reportes que necesito revisar, no puedo evitar preguntarme en qué momento dejó de resultarme tan fácil negarme a cualquier persona... excepto a ella. Quizá sea porque, cuando estoy con Nayra, no necesito aparentar absolutamente nada. Conoce todas mis versiones. Las buenas. Las peores. Las que nadie más ve. Y, aun así, siempre termina consiguiendo que me sienta exactamente en el lugar donde quiero estar.
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