Un hermoso aroma invadió mis fosas nasales, que me encanta mucho, más que el olor a tierra mojada, es nada más ni menos que el olor a café.
Admirando y disfrutando de mi taza de café, cuando, de pronto comienza a sonar mi celular. Al ver quien era, mi corazón dio un vuelco y me apresure a contestar.
~~~Llamada ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
— Sí, está hablando con la reina de la locura, ¿con quién desea hablar? — contesté tratando de ser seria y no reír.
— Oh, con ella misma quiero hablar — respondió riendo.
— Bueno, para que soy buena — dije riendo.
Me encantaba que siguiera mis juegos. Él era el único que parecía entenderme.
— Para muchas cosas. Pero, por ahora, ¿sabés qué hora es?
— Amm... Supongo que son las 6:30 am, es temprano aún — afirmé confundida.
«¿Por qué lo diría? Que yo sepa es muy temprano para ir a la preparatoria.»
— Sabía que se te olvidaría, Esther, olvidaste adelantar tu reloj - guardó silencio por un pequeño momento y después suspiró - son las 7:30 am.
—¿Qué? - pregunté exaltada. - Dime que no es verdad.
—Lamento no poder hacerlo, pero, es verdad, así que apresúrate que te estoy esperando acá afuera.
— Está bien, gracias.
~~~~~Fin de la llamada ~~~~~~~~~~~~
Me tomé lo más rápido posible mi café, salí a toda prisa con la lengua quemada y el aliento caliente.
Él ya me estaba esperando, se veía tan relajado. Y vaya que mi amigo es todo un galán, no lo digo por ser su amiga, sino que... no sé, tiene su propio encanto.
—¡Ay Esther! , tú no cambias, por eso te dije que configurarás tu celular.
Dijo risueño en cuanto me vio.
— Ya lo sé, deja de estar burlandote de mí, Jess. No es divertido.
Respondí fingiendo estar enojada.
—Al menos, para mí si lo es.
Se mofo.
— Oyes.
Exclamé aun más molesta y dándole un puñetazo en su brazo.
— Auch, tranquila.
Se quejó sobando.
— Tonto, gracias por venir a traerme, no sé que haría sin ti.
Sonreí tontamente mientras lo miraba disimuladamente. Me encantaba ver su sonrisa y su presencia desde temprano.
— Sí, llegarías tarde.
Respondió riendo, tirando el ambiente romántico que se había formado.
— Sí eso, que bien me conoces.
Respondí uniendo me a su risa.
— ¡Ay Esther! ¿Qué haría sin ti?
Preguntó entre risas.
— No reirías tanto como ahora.
— Exactamente.
En el camino continuamos riendo como locos hasta las demás personas se nos quedaban viendo raro.
Al llegar a la preparatoria, nuestro amigo nos esperaba con sus manos cruzadas y con un gesto serio, tan digno de él.
— Jess, Esther, casi no llegan, ¿qué les pasó? Preguntó Ángel un poco molesto.
Mi querido amigo Ángel, es un chico más alto que yo, nos llevamos solo unos 10 cm de diferencia, tez clara y cabello castaño oscuro. Gracias a Jess lo había conocido. Recuerdo que era muy reservado al principio, pero gracias a mi buen humor, poco a poco fui ganandome su confianza.
— Oh, nada solo que a nuestra brillante amiga se le olvidó programar su reloj.
Se mofó Jess.
— Oh, ya veo, ay Esther, ¿que hacemos contigo?
—Comprenderme.
Contesté haciendo un puchero, de esos infalibles que siempre me ayudaban a salirme con la mía.
—Mejor vamos a clases.
Indicó Jess sonriendo.
...
Después de clases, nos dirigíamos a nuestras casas, estos dos nunca paraban de hablar, por eso me los había shippeado era mi lindo shippeo el “Jengel”, aun recuerdo que se enojaron cuando se los dije. Me armaron un pancho y hasta me dejaron de hablar por un rato. Luego, se les pasó el enojo y volvimos otra vez con la promesa de que no lo volvería hacer.
No obstante, secretamente los sigo shippeando, hasta tengo fotos de los dos. Aunque, lo nieguen forman una bonita pareja.
— ¿Y tú que opinas?
Me preguntaron los dos al unísono.
—¿Qué? ¿Sobre qué...?
Pregunté confundida
Solo a mí me pasa esto, por andar recordando los viejos tiempos, «¡ah, que lindos recuerdos!» Ahora debo de inventar algo, o mejor no.
— Ay Esther, no nos escuchaste
— Oh, lo siento, es que iba perdida en mis pensamientos ya que ustedes no hacían más que ignorar me.
Contesté mirándolos con molestia.
— Tranquila.
— Estoy tranquila, Jess.
Respondí intentando estar tranquila.
—No, no es cierto.
Respondió Jess mirándome fijamente.
Su mirada siempre me hace sentir pequeña y eso no me gusta.
—Bueno, ya, que era lo que me preguntaron.
Dije para cambiar de conversación y evitar su penetrante mirada.
—¿Qué te parece si vamos a comer pizzas y luego ver una película el viernes? ¿Qué dices?
Preguntó Ángel entusiasmado.
«Mmm... A ver, después de terminar con los exámenes y que mi madre no me ha castigado, creo que sí puedo salir con ellos»
— Oh, sí. Vamos.
Respondí contenta.
—Bueno, está decidido iremos después de clases. Bueno, chicos yo me voy por este camino, nos vemos mañana.
Dijo Ángel emocionado.
—Sí, vete con cuidado.
Nos despedimos los dos al unísono, como si estuviéramos sincronizados.
Ahora solo nos habíamos quedado Jess y yo, ya que los dos vivíamos cerca.
Mientras lo miraba recordé la primera vez que nos vimos. Fue tan gracioso nuestro primer encuentro.
» Iba caminando mientras escuchaba música con mis audífonos, estaba tan concentrada en el camino y en la música que no note que el semáforo había cambiado a verde y comenzaron a avanzar los autos. Asimismo, estaba a punto de ser arrollada por uno, pero unos cálidos y fuertes brazos que me jalaron, salvando me de quedar aplanada como una tortilla. Caí sobre alguien, al levantar la vista pude ver que era un chico más alto que yo, creo que me llevaba por 10 o 20 centímetros, cabello oscuro, ojos cafés oscuro y moreno.
— ¿Estás bien?
— Eh, sí. Gracias.
Respondí tímidamente.
— Deberías fijarte antes de cruzar.
Indicó serio.
— Oh, sí, lo sé. Solo que hoy iba muy distraída, lo siento y gracias.
Me apresure a responder avergonzada.
— Bueno, me alegro que estés bien.
Dijo mientras se levantaba y me ofrecía la mano.
La tomé y me ayudó a ponerme de pie. Su mano se sentía cálida, fue en ese momento en el que me di cuenta que era una buena persona. Por lo que...
«debo saber más de él. Además de que porta el uniforme de mi preparatoria» pensé seriamente.
Ya se iba, pero le tomé su brazo. Él no se escaparía de mí, oh no.
— Por cierto, ¿Cómo te llamas?
— Me llamó Jesson,pero, prefiero que me digan Jess. ¿Y tú?
— Me llamo Esther, mucho gusto. « Y así fue como nuestra buena amistad comenzó.
—Sí que estás muy distraída hoy.
Dijo riendo y sacándome de mis bellas memorias.
— ¿Yo?
Pregunté sorprendida apuntando me a mí misma.
— Sí, tú.
Respondió riendo aún más.
—¿Por qué lo dices?
Pregunté curiosa observandolo detenidamente.
— Hace 2 minutos que ya llegamos a tu casa y tú sigues caminando, casi la pasamos de largo.
—¿Ah, sí?
Alcance a decir avergonzada.
Sentí mi cara caliente, podía jurar que la tenía ruborizada. Más que él me dedicaba esas curiosas miradas que hacen que mi corazón palpite más fuerte.
—Sí, ahora dime, ¿en qué estas pensando?
Preguntó curioso.
— Oh, es que de repente, recordé el momento en que nos conocimos.
Respondí jugando con mis manos para luego mirarlo.
— Vaya, pero que sorpresa, eso mismo recordé hoy mientras te esperaba
Dijo sorprendido.
— Oh, vaya.
Comenté sorprendida.
— Sí, ahora, entra a tu casa.
— De acuerdo, nos vemos mañana.
Me despedí mientras le daba un pequeño abrazo y me dirigí a la puerta.
No sé porque lo abracé, eso no es propio de mí, ¿por qué lo hice? Debe de ser porque he estado muy melancólica últimamente. Aunque, hacerlo me dio una gran satisfacción. Sentí como si volará en las nubes.
Jess ha sido mi amigo desde que entre a la preparatoria, desde aquel día nos volvimos inseparables. Él se ha convertido en una persona muy importante para mí. Si no hubiera estado distraída no lo habría conocido, de pensar que él era mi compañero que se sentaba detrás de mí. Fue tan gracioso cuando me lo dijo.
— Esther, esa sonrisa. Paso algo bueno, ¿verdad? Déjame adivinar, Jess y tú, ¿ya son novios?
Dijo mi hermana mientras me dedicaba una sonrisa socarrona.
Solo con oír su pregunta, mi corazón que apenas se estaba recuperando de aquella emoción comenzó a palpitar rápido.
— Eh... Noo, somos... Somos amigos.
Respondí nerviosa, sin darle oportunidad corrí despavorida a mi habitación, donde me encerré.
«Somos amigos, solo eso. Pero, ¿Por qué me siento así»