El regreso de Ivana a la ciudad fue un torbellino de emociones. Había dejado atrás la calma de la playa y la conexión renovada con Dante, pero la realidad la esperaba con sus desafíos. Mientras conducía hacia su casa, sus pensamientos giraban en torno a lo vivido y a lo que estaba por venir. Al llegar, encontró a Lola, su mejor amiga, esperándola en la sala. La expresión de preocupación en su rostro no pasó desapercibida. —¡Ivana! Necesitamos hablar— exclamó, su tono urgente llenando el aire. —¿Qué pasa, Lola?— preguntó Ivana, sintiendo que algo no estaba bien. —Me enteré de que has estado saliendo con Dante de nuevo. No sé si eso es lo mejor para ti— dijo Lola, cruzando los brazos con una mezcla de preocupación y determinación. —¿Por qué no sería lo mejor? Dante y yo hemos tenido una

