Al otro lado del crucero…
Tiana salió del baño después de una ducha rápida. Llevaba puesto un albornoz y secaba su cabello con una toalla mientras caminaba por el camarote. Comenzó a vestirse con prisa, no quería llegar tarde a la gran fiesta.
Desde la cama, el hombre la observaba con atención, una amplia sonrisa dibujada en el rostro. No podía creer que se había acostado con Tiana Lux, la famosa. Hermosa, segura, candente... superaba todo lo que había imaginado. Miraba alrededor del camarote todo desordenado recordando lo salvaje e increíble que fue el encuentro.
Ella, sin prestarle demasiada atención, giró mientras se colocaba los aretes y le habló en un tono frio.
—Debes irte, Simón —dijo con voz firme, pero sin agresividad.
Simón asintió en silencio. Se levantó y empezó a buscar su ropa con cuidado de no dejar nada olvidado. El traje que había usado era costoso, prestado y no se podía permitir un accidente ni que su jefe descubriera lo ocurrido. Se vistió aún con la sonrisa en el rostro, como si viviera un sueño.
Al acercarse al peinador, se inclinó y le dio a Tiana un beso suave en la coronilla. Ella, sorprendida, se detuvo por un instante.
—¿Nos veremos después? —preguntó él, con una chispa de esperanza en los ojos—. Podríamos ir juntos a la fiesta —sugirió con tono tranquilo, pero por dentro se sentía ansioso.
Tiana parpadeó y lo observó en silencio, sin decir nada. No podía volver a verlo. Había venido al crucero con una misión y tenía que cumplirla. Simón solo fue un desliz. Un desliz delicioso que disfrutó en todo momento... pero había llegado la hora de terminar con aquello.
—Yo creo que no deberíamos... —intentó decir, buscando las palabras correctas, algo menos hiriente.
No alcanzó a terminar la frase. La puerta se abrió sin previo aviso y una mujer de gafas gruesas irrumpió en la habitación, visiblemente molesta.
—¡¿Te he estado buscando por todas partes?! —espetó con tono acusador.
Tiana rodó los ojos. Era Laidy, su asistente.
Laidy miró al hombre que terminaba de abotonarse la camisa y salía del camarote sin decir palabra, con la expresión incómoda de quien ha sido descubierto. Él no quería causarle problemas a Tiana, la buscaría más tarde.
La joven asistente comenzó a caminar de un lado a otro, peinándose el cabello, claramente frustrada por la escena del hombre en el camarote de Tiana
—¿Cómo pudiste hacerlo de nuevo? ¡Sabes muy bien por qué estamos aquí!
Tiana, sin inmutarse demasiado, se sentó en la cama y comenzó a calzarse los tacones. Volvió a rodar los ojos al escuchar la voz quejosa de Laidy.
—Lo sé, lo sé, no dejas de repetirlo... —respondió con impaciencia—. Acercarme a Joaquín, enamorarlo y casarme con él para ser una mujer rica y poderosa, tener un mejor futuro y una carrera prometedora...
La frase final salió con tono sarcástico. Estaba harta de que todos intentaran controlar su vida como si fuera un personaje de una telenovela mal escrita.
Laidy se frotó los ojos con gesto de cansancio y habló con voz apagada:
—Recuerda que de esto depende seguir en el medio. Si no lo consigues, tu padre...
Tiana la interrumpió, alzando la voz con frustración contenida:
—Sí, ya lo sé. Mi padre seguirá metiéndose en mi vida y en mi carrera.
Se levantó y se miró en el espejo. Su reflejo le devolvió una imagen impecable, pero en sus ojos se asomaba el peso de las decisiones que no quería tomar. El rostro de su padre apareció en su mente, imponente, autoritario. Tiana bajó la vista, recordando una escena que aún le dolía.
Era un empresario famoso, acostumbrado a controlar todo, incluso a su única hija.
Tenía solo diecisiete años cuando audicionó a escondidas para una película independiente. Fue seleccionada para el papel principal. Estaba tan emocionada que corrió a contarle a su padre. Él no la felicitó. Ni siquiera la miró.
—¿Actuar? —dijo con desprecio—. Tú no necesitas eso. Yo te haré famosa, pero no con esas ridiculeces.
Esa noche le prohibió volver al set y llamó al director para que la reemplazaran. A Tiana le rompieron el corazón… y la primera oportunidad real de su carrera.
Él quería que Tiana se casara con un viejo amigo suyo: un hombre rico, poderoso... y mucho mayor que ella. Un anciano que solo buscaba una esposa trofeo, alguien obediente, silenciosa, perfecta para lucir en eventos y callar en casa.
Tiana no era eso. Ella amaba su carrera como actriz, su libertad, su independencia.
No había trabajado tanto para terminar decorando la vida de un hombre que quería apagarla. Cuando trato de hablar con su padre, él se negó a todo y la amenazó con repudiarla si seguía con esas ideas, sabía que su hija estaba acostumbrada a la vida de lujos y dinero y no se iría, Tiana con todo el dolor de su corazón tomó una dura decisión, se fue lejos para empezar a tocar puertas y convertirse en una gran actriz, era su sueño.
Al ver el gesto triste en el rostro de Tiana, Laidy decidió no insistir más. Suspiró con resignación y en tono más suave, cambió de tema.
—Vamos. Joaquín Urrutia estará en el evento. Ya arreglé todo para que seas su acompañante esta noche. ¿Estás lista?
Tiana asintió con una pequeña mueca. Su rostro seguía apagado, pero respiró hondo, como si dejara atrás sus recuerdos, sus pensamientos y al exhalar, algo cambió. Levantó la barbilla, su expresión se transformó en una sonrisa jovial y coqueta, esa que dominaba frente a las cámaras.
Tomó su bolso con elegancia y salió del camarote con paso seguro. Laidy ya más tranquila al ver a Tiana cambiar su ánimo, la siguió de cerca, mientras le iba dando los últimos detalles sobre lo todo lo que ocurriría esa noche y las oportunidades que tenía para acercarse a Joaquín
El gran salón de baile ocupaba casi toda la cubierta central del crucero, una joya arquitectónica flotante diseñada para impresionar.