—No... —Mi voz es estrangulada, callada y un poco ronca, como si aún estuviera atrapada en esa pesadilla. —No me mientas. —Su tono es tranquilo pero amenazante—. Huelo tu coño en estos dedos. —He dicho que no. —Ese es tu primer strike. Miénteme de nuevo y te castigaré. Los recuerdos de la pesadilla me estrangulan la garganta y sofocan cada gramo de aire de mi entorno. Me desnudará y me follará ahora. Me tomará como un animal y me dejará sin nada. Confiscará mi poder y mi voluntad. Su agarre en mi muñeca es firme y calienta mi carne como si fueran mil llamas, con la intención de quemarme desde abajo de la piel. Me tiemblan los labios y clavo las uñas en el borde de cerámica de la bañera para mantenerme en posición inclinada. —Por favor... no... no.... Mason me suelta la mano

