Mi cabeza cae sobre la almohada para amortiguar mis gritos, mis lágrimas, todo. Mis dedos se clavan en el colchón y los dedos de los pies se agarrotan, pero nada borra el disgusto o los sentimientos encontrados que me atraviesan a la vez. Rezo para que pare, pero sigue y sigue. No termina. No me libera de mi agonía. Y pronto me encuentro de nuevo en mi cabeza. Cierro los ojos e intento pensar en el lugar más bonito en el que he estado. Un jardín verde con rosas de colores y pájaros cantando. Pero entonces el cielo se oscurece y todas las flores dejan escapar un líquido carmesí que parece... sangre. Jadeo y abro los ojos de golpe cuando se sale de mí y me pone de cara a él. Mason está desnudo, con el pecho musculoso cubierto de un brillo de sudor sobre el fino vello. Tiene dos mang

