*Mason* Nunca he creído en las segundas oportunidades. Confiar en que alguien puede cambiar es una ilusión en el noventa y nueve por ciento de los casos. Es una pérdida de tiempo y energía. Sin embargo, siempre existe ese molesto uno por ciento. La anomalía. La... desviación del comportamiento humano. El hecho de que sea casi imposible predecir o captar un momento así es lo que lo hace especial. Incluso deseable. Es un pecado a la espera de ser cometido. Una rosa intacta a punto de ser arrancada para que se marchite en un lugar alejado de su hábitat natural. E incluso ese uno por ciento no es de fiar. No es que la gente cambie por voluntad propia. Se ven obligados a hacerlo por fuerzas externas, por las circunstancias y las tragedias. En cierto modo, las segundas oportu

