La tengo, jefe. No me detengo a pensar en lo que pueden significar esas palabras. Mi primera y más importante función en la vida es la supervivencia. No vivo para mí. Vivo en nombre de mi niña. Por la vida que ella no pudo tener. El hombre que me ha capturado es voluminoso y grande como una montaña. Su expresión es severa, dura, como si hubiera nacido con el ceño fruncido permanentemente. Tiene el cabello corto y rubio, y sus ojos claros son tan fríos y despiadados como el hielo. En cuanto me pone en pie, me muevo para zafarme del agarre que tiene sobre mi capucha. Me retuerzo y me giro para agarrar su mano y tratar de apartarla, pero es como si fuera un ratón luchando contra un gato. Parece totalmente desinteresado mientras me arrastra, mi lucha no le disuade en absoluto. Le piso el p

