—¿Todavía quieres ir a casa así? —Damián se sintió algo impotente, aunque su familia no era tan respetada como la familia Jones, también eran conocidos como una gran familia en la ciudad.
Damián al pertenecer a la gran familia Blake, muy importante había sabido todo sobre Christian Jones durante mucho tiempo y observó cómo Sofía se hundía con él, Damián Blake creía en si mismo aunque tenía el corazón, tenía en claro que no la fuerza para esta batalla.
—Estoy bien, no te preocupes, de todos modos no es la primera vez que me él saca de quicio, Christian no tiene muy buen humor, pero no es tan malo como parece, solo es un poco amargado.
Sofía se retorció la esquina de la camisa e inclinó la cabeza, con los ojos enrojecidos.
Tenia una fuerte ganas de llorar, estaba soportando con todas su ganas.
Damián suspiró, en realidad todavía le importaba lo que pensará Sofía, ¿no es así?
—¡Entonces vuelve y descansa! Si dice algo más que te enoje no te quedes en silencio, solo dile, no seas tan tranquila, no seas tan sumisa, eres un ser humano, con tus propios sentimientos.
—En realidad Christian tiene razón, si lo hiciera lo suficientemente bien, no me regañarían, de hecho, Christian es muy bueno conmigo, de verdad—Sofía levantó la cabeza, con sus ojos brillantes llenos determinación.
No importa como la gente vea a Christian para Sofía era perfecto tal como es.
Así tuviera mil defecto para ella Christian era perfecto, solo que algo solitario y distante.
Damián sacudió la cabeza, sonrió y se despidió de ella, hay algunas cosas que se notan, y quizás algunas personas están confundidas y no lo logran notar con el tiempo, es triste pero Sofía nunca escuchará nada.
De vuelta a su casa, Sofía estaba un poco desanimada, a nadie le haría gracia que le regañaran delante de tanta gente.
Era demasiado vergonzoso, ella ya era un adulto, aunque fuera joven era una adulta.
Dando vueltas en el sofá mientras espera, Sofía miraba la televisión en el salón con la almohada en los brazos, pero sólo podía pensar en Christian.
¿Por qué no le devolvió las llamadas? ¿Por qué no le dijo que había vuelto?
¿Por qué no se alegró de verla?
Habían muchas preguntas y ninguna respuesta.
Mientras estaba sumida en sus pensamientos, sonó el timbre de la puerta y Sofía se puso sus pantuflas y corrió a abrir la puerta.
—¿Señorita Olivia?— estaba confundida al ver a la mujer en su casa.
—Sofí, Christian está borracho, este idiota bebió demás— Olivia, que era mucho más delgada que Christian, parecía estar en buena condición física como para poder cargar con un hombre borracho sin gran esfuerzo.
—Oh, oh, lo siento, entra!.
Sofía cedió y ayudó a Olivia a sujetar al borracho Christian, que estaba demasiado ebrio para caminar correctamente—¡Gracias, Señorita Olivia, por traerlo tan tarde! El no suele ser así, lamento las molestias.
Sofía cubrió con una manta a Christian que se había desplomado en el sofá donde antes estuvo ella, Olivia le frotó el hombro algo dolorido y sonrió indiferente—No es nada, por cierto, Sofía, siento lo que ha dicho Christian hoy, todo es por mi culpa… Hemos estado tanto tiempo en el ejército que podemos perder la sutileza.
—No, no es nada, de todas formas estoy acostumbrada, jejejeje— Sofía sonrió haciéndose la fuerte, no quería mostrar debilidad, no ante una mujer tan fuerte como Olivia— él tiene mal carácter, rara vez sonríe desde que sus padres murieron, cada vez que lo seguí para jugar con él se enojaba, cuando se molesta me regaña, no pensé que sería difícil escapar de su regaños cuando creciera.
Olivia estaba ligeramente aturdida, el Christian que tenía delante era todo un juguetón, pero conocía su lugar, a veces amable y considerado, Sofía era una buena chiva, sólo que no era amada por la persona con quién se caso—¿Es… a menudo malo contigo?—pregunto Olivia Duran.
—Mucho mejor en los últimos años, volvió con menos frecuencia desde esta en el servicio activo, y cada vez que regresa están ansioso por volver a la base en el sur, la actitud hacia mí también es muy buena.
—Olivia… Olivia…— Christian en el sofá murmuró entre sueños.
Olivia volvió a sus sentidos, Sofía no notó nada inusual— La señorita Olivia está aquí, ¿tienes algo que decirle?
El corazón de Olivia latía desenfrenadamente, pero la razón le decía que era hora de irse, después de todo, ella y Christian Jones ya habían acordado que podrían ser amigos y confidentes en el futuro, sólo que no amantes, además, no quería herir a Sofía, una simple joven.
—Está borracho y diciendo tonterías, Sofía, yo iré primero, estás a cargo de él.
—Hmm, Ok, adiós Señorita Olivia.
Sofía asintió mientras Olivia miraba al inconsciente Christian en el sofá y se daba la vuelta para marcharse.
—¿Estás despierto?—pregunto Sofía
—Mmm—Christian están muy ebrio para responder.
La noche paso sin novedad alguna, solo algunos murmullos del durmiente Christian.
Al abrir los ojos con pesadez Christian se frotó la frente—Ayer no dije nada extraño… ¿verdad?
—¡No! No dejaste de llamar a la señorita Olivia por su nombre, eso fue todo.
Los labios de Christian se movieron para decir algo, pero finalmente lo ignoro y no dijo nada.
Sofía se sentó en el borde de la cama, a cierta distancia de Christian, e inclinó la cabeza: —Ayer no debí marcharme, lo siento… Fui muy grosera.
Christian se quedó ligeramente sorprendido —¿Crees que ha sido culpa tuya?
Sofía apartó la mirada con inquietud —Es que ayer lo pasé un poco mal, esta semana, te he llamado mucho, te he mandado muchos mensajes y no me has contestado, era difícil verte o saber de ti, te encuentro por error y estabas bebiendo con otras personas, no quería ignorar a la señorita Olivia—Sofía dijo y su voz se volvió a entrecortar—Realmente no quería hacerte enfadar.
Christian la escucho hablar y luego tiró de Sofía y la atrapó entre sus brazos y le besó la frente—Tonta, soy yo quien debe disculparse, perdí mi teléfono en el aeropuerto y no tenía tu número, así que no te devolví la llamada, ayer iba a volver después de cenar con ellos, no esperaba encontrarme contigo allí, es culpa mía por estar enfadado contigo, Sofía, no llores— Sofía lloro con la voz quebrada —Tu deberías de estar enojada conmigo... Te asuste, lo siento.
Así se aclaró un malentendido, pero sus vidas estaban lejos de ser pacíficas…
La relación no parecía de casados, parecía cada vez más fría y distante.
Sofía se ocupaba todos los días de las comidas de Christian, o de la lavandería.
Christian, en cambio, aunque estaba en casa, solía sentarse en su estudio todo el día —Recuerdo cuando solías ser perezoso—Christian estaba un poco desconcertado mientras comía una comida que podría fácilmente pasar por plato principal de algún restaurante.
—Recuerdo que el abuelo te preguntaba qué tipo de gente te gustaba, y tú decías que te gustaba la gente pacífica, trabajadora y amable— Sofía explicó tímidamente que ese era el motivo de su decidida transformación, Christian parecía un niño travieso que se sentaba a esperar la cena para empezar a aprender a cocinar y que empezó a salir de fiesta muy pocas veces.
Los movimientos de comer de Christian se detuvieron, una vez que sus criterios para elegir a un cónyuge eran, en efecto, pacíficos, trabajadores y amables, Olivia no tenia casi nada que ver con estas ocho palabras, pero igual termino de enamorarse, ella era del tipo perezoso y codicioso, muchas veces también era poco razonable, cuando estaba en el ejército, cuantas veces, la gente decía, ¡Christian está mujer no vale la pena! El lo ignoro y siguió su corazón.
—¡Huh!—Pensando en lo que pasó con Olivia en el pasado, Christian no pudo evitar reírse.
—¿Qué pasa?— pregunta entre confundida y extrañada.
—No, solo olvídalo, pensé que el viejo yo era divertido…
Los labios de Sofía se movieron varias veces y no supo qué responder.
La mesa volvió a quedar en silencio y, después de comer, Christian se dirigió de nuevo al estudio, dejando a Sofía sola, frente a las ollas y los platos.
Sofía lavaba los platos mientras no podía ocultar su abatimiento—Parece que cada vez habla menos.
Con el paso de los días, Sofía no pudo evitar expresar la tristeza que ocultaba su corazón a Christian: —Parece que eres infeliz en casa todos los días…
—No, soy la misma persona de siempre, no es como si me conocieras por primera vez, Sofía, ¡no hablo mucho en primer lugar!— Christian estaba sentado en su estudio, hojeando incansablemente los libros.
—Entonces, ¿tienes alguna afición? No sé lo que te gusta hoy en día, y por cierto, ¿todavía juegas al tenis?—
Sofía estaba temblando, temía que esta conversación se acabara en unos segundos.
—Ya no juega mucho, si quieres salir, está bien, no te preocupes por mi—Christian ni siquiera levantó la vista, y Sofía acabó marchándose abatida.