Capitulo 6.

1436 Words
Al parecer ese hombre era el que mandaba, aunque Odette había creído que era el más mayor que había sido el que la había apresado, le hicieron caso sin rechistar, uno de ellos se acercó al fuego que habían encendido hacia un rato, al parecer habían cocinado una especie de cerdo, quizá un jabalí, Odette moría por algo de comer, miraba la comida con deseo, se le hacia la boca agua, el hombre se acercó a ella con un cuenco de madera con carne, la habían dejado apartada de ellos como si fuera contagiosa, estaba atada al arbol con las cadenas por si intentaba escapar, Odette se apoyó en el árbol y observo con cautela como se acercaba el hombre viejo, le tiro el cuenco al suelo y le soltó solo una de las manos, observo a todos antes de atreverse a comer, mientras empezaba, vio como el hombre más joven cogía algo de fruta y se sentó un arbol más haya de donde ella estaba y también comenzó a comer, le sorprendió que el comiera fruta y a ella le hubieran dado carne. «Quizá él había ordenado que me dieran carne, ¿Habra notado que tenía hambre? ». Penso con curiosidad, mientras más lo miraba, más sentía el aura de poder que sobresalía como una neblina difusa, no encajaba en este sitio, a pesar de la vestimenta desgastada, la armadura de cuero n***o y capa de musgo, su cabello, largo y oscuro, cae en mechones desordenados sobre una frente que ha soportado coronas y condenas, la barba, espesa y descuidada, está trenzada con hilos de cuero y pequeñas cuentas de piedra lunar, símbolo de su vínculo con los Custodios. 12 de Bruma del año 843 del Calendario de Aeltharion , se fundó el consejo de los custodios. (Equivalente aproximado: 5 de septiembre del año 843 d.C. en la Tierra) Asi se hacen llamar, Los Custodios, no son soldados ni monjes, son hombres forjados por la tierra, el agua y el silencio, guerreros sin estandarte, filósofos sin libros, protectores de un equilibrio que ni el castillo ni la ciudad comprenden del todo, viven en el bosque de Silvaran, entre raíces que susurran y ramas que vigilan, y su lealtad no es hacia un rey, sino hacia el mundo que respira bajo las hojas. Nacieron de una antigua ruptura: cuando los dioses abandonaron el mundo, dejaron atrás fragmentos de su poder en los bosques, los lagos y las montañas, los Custodios fueron los primeros en escuchar ese llamado, se separaron de la civilización, renunciaron a nombres y títulos, y juraron proteger el umbral entre lo humano y lo salvaje cada uno lleva un tatuaje único, tallado con fuego y magia, que representa su vínculo con la tierra. Aunque parecen bárbaros, los Custodios son sabios, conocen los ciclos de las estrellas, las propiedades de cada raíz, y las historias que el viento lleva entre las ramas, son los guardianes de secretos que ni los sabios del castillo se atreven a nombrar, algunos dicen que pueden hablar con los árboles, otros que han cruzado planos invisibles donde el tiempo se curva. Haunter es el más joven entre ellos, pero también el más marcado por el mundo exterior, aunque al principio lo miraban con recelo, lo aceptaron por su resistencia, su silencio y su dolor. Él no solo aprendió de ellos: les enseñó a mirar más allá del bosque, a entender que el equilibrio también depende de lo que ocurre en el castillo, en la ciudad. La orden fue fundada tras la Gran Fractura, un evento mágico en el que los límites entre los mundos comenzaron a debilitarse, espíritus del bosque, criaturas de otros planos y energías antiguas comenzaron a manifestarse en Silvaran, alterando el equilibrio natural, el castillo de Aeltharion, entonces gobernado por el Alto Consejo de los Sabios, no supo cómo contener el fenómeno sin recurrir a magia destructiva. Fue entonces cuando un grupo de guerreros, filósofos errantes y antiguos druidas decidieron abandonar la ciudad y jurar lealtad, no a los hombres, sino al bosque mismo. Su propósito: proteger el Umbral, el punto invisible donde los mundos se rozan, y mantener el equilibrio entre lo salvaje y lo humano, los Custodios no tienen jerarquías rígidas, cada m*****o es elegido por el bosque, marcado por un símbolo único que aparece en su piel tras un ritual de comunión, viven en círculos, no en fortalezas, y toman decisiones en consejo bajo la luna llena. Su legado se transmite oralmente, y sus armas son forjadas con materiales que solo pueden encontrarse en lugares donde los dos mundos se tocan. Haunter fue recibido con miedo, la marca que él tenía forjada en el castillo se modificó al habitar en el bosque, los sabios lo habían acogido sabiendo que era el nuevo líder, pero el declino el papel, aunque si algo decía él se acataba sin rechistar. Había estado mirando al hombre todo el tiempo mientras comía sin darse cuenta, el sí lo había hecho y no era el único, varios de los hombres se habían percatado de esto, Haunter cansado de la mirada de Odette la miro fulminándola con la mirada, Odette dio un respingo y quito la cara con rapidez, se sonrojo siendo ahora consciente de que no había parado de observarlo y analizarlo, su gran aura la había atrapado, sentía como si ya lo había visto antes, intuir que el si la había entendido solo la incitaba más a volver a mirarlo y hablarle, se acomodó en el tronco todo lo que le permitían las cadenas e intento dormir. Haunter estaba bastante perturbado, este la seguía observando enfadado por lo que le provocaba aquella mujer y era la primera vez que la veía aquí, algo le decía que ni si quiera era de este mundo, lo que era casi imposible, sabía que todos los sabios estaban nerviosos, querían llevársela de allí pronto hacia el castillo y venderla, la tenían como un símbolo de mala suerte por el color de su pelo. La noche había caído sobre Silvaran como un manto de obsidiana, las ramas crujían con el peso del viento, y las antorchas encendidas proyectaban sombras danzantes sobre el claro sagrado: el Círculo de Piedra, lugar donde los Custodios tomaban decisiones que podían cambiar el curso de los mundos. Se habían apartado del grupo de los demás Odette estaba sentada en el mismo sitio siendo vigilada, aunque este dormía ahora, los más antiguos Custodios se reunían: Thalos de Bronce, el filósofo del fuego, con su túnica de corteza y mirada penetrante, Virel de las Garras, el cazador silencioso, con ojos como cuchillas y manos curtidas por la caza, Eryon el Silente, que no hablaba, pero cuya presencia bastaba para imponer respeto y Haunter, de pie, con los brazos cruzados, el tatuaje ardiendo bajo su piel como si respondiera a la energía de la chica, intentaba ocultarlo pero le ardia. Thalos fue el primero en hablar, su voz grave como el trueno lejano: — Creo que todos sospechamos lo mismo, esta mujer no pertenece a nuestro mundo, su llegada no es casual, el Umbral se ha abierto… y eso nunca ocurre sin precio. — Dijo en un tono bajo y preocupado, Virel gruñó, sin apartar la vista de Odette que dormía a los lejos lejana a todo. —Podría ser una espía, o peor… una llave. ¿Y si alguien la envió para romper el equilibrio? — Todos miraron a Haunter que aún no se había manifestado, Eryon se acercó e intentó sacarlo de sus pensamientos, este solo mostro el símbolo que brilló con fuerza, las raíces se estremecieron, el suelo vibro y el cielo pareció caer sobre ellos, algo estaba ocurriendo, algo antiguo que llevaba años apagado, Thalos lo notó. —Haunter… di algo, sabemos que tú sabes o percibes que está pasando, ¿la entiendes? ¿Qué le pasa a tu marca, es por ella? ¿Qué significa esto? — Todos esperaban su contestación con nerviosismo. Haunter miró a Odette y volvió a mirar al consejo. — No lo tengo claro todavía, puede… creo que quizá tiene que ver con mi pasado, pero no estoy seguro, es muy confuso. — Algo está pasando, algo que ni el castillo ni el bosque podían explicar. —No sé, si ella es la llave… entonces debemos decidir si abrimos la puerta o la sellamos para siempre. — Silencio, nadie se atrevía a decir nada, las antorchas parpadearon, el bosque contuvo el aliento, la decisión aún no estaba tomada. Pero el destino de Odette y quizás el de ambos mundos pendía de un hilo.
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