Odette despertó, observó a su alrededor con dificultad se levantó poco a poco algo mareada y miro hacia el frente, veía un poco borroso así que cerró los ojos con fuerza, los abrió y se sorprendió al ver a sus pies hierba húmeda y de un color verde vivo, alzo la cabeza al escuchar agua caer con furia, se arrodillo con dificultad sus ojos y boca abiertos de par en par viendo la gran ciudad que se alzaba en medio de un lago infinito. Elevado sobre un acantilado de piedra blanca, donde el agua cae en cortinas cristalinas hacia un lago sereno, se alza el castillo de Aeltharion: una estructura majestuosa de torres esbeltas, cúpulas plateadas y balcones que parecen flotar en el aire, su arquitectura, de líneas delicadas y ornamentación etérea, recuerda a los templos de una civilización perdida, donde la magia aún fluye por cada columna y cada arco, el castillo está rodeado por un bosque milenario, conocido como Silvaran, cuyas copas se alzan como catedrales verdes que susurran leyendas al viento, los árboles, altos como torres, tienen cortezas cubiertas de musgo brillante y raíces que se entrelazan con las rocas del acantilado, como si abrazaran la fortaleza para protegerla, entre sus sombras habitan criaturas antiguas: ciervos de ojos dorados, aves que cantan en lenguas olvidadas, y espíritus del bosque que vigilan en silencio, aldeas de salvajes y malhechores. Odette observa las cascadas que brotan desde la base del castillo se alimentan de manantiales ocultos entre las montañas nevadas del horizonte, es casi de noche por el cielo oscuro y blanquecino, hace frio, Odette lo nota por su aun húmeda ropa, el agua, al caer, forma nieblas suaves que envuelven la base del acantilado, creando un halo místico que oculta los caminos secretos hacia la ciudad que se extiende más allá, entre los árboles. «¿Me he golpeado tan fuerte que he subido al cielo, estoy soñando? ». Eran los únicos pensamientos de Odette, se froto los ojos con fuerza, pero seguía viendo lo mismo, miro a su alrededor, el bosque que rodea la misteriosa y divina ciudad, es inmenso los árboles no dejan ver ningún camino, Odette se levanta con dificultad, el olor a agua pura la hizo tener sed, se levantó con dificultad, avanzo unos pasos, sus calcetines se ensuciaban de verde conforme pisaba la hierba frondosa, se acercó poco a poco al borde del bosque donde se suponía que empezaría el agua pero se encontró con un abismo y una caída libre que no sabría decir cuantos metros, el vertigo la abrumo y se retiró rápidamente pegándose a uno de los altos árboles, traga saliva sin saber que hacer, no sabe dónde está y no tiene nada encima, no sabía cómo sobreviviría pero tomo aire y siguió avanzando buscando algo aunque no sabía el que.
Comenzó a andar buscando alguna entrada a ese hermoso lugar, lo admiraba todo como si quisiera grabarlo en su mente, aun no creía que estuviera viva, por lo que podia ver era una gran ciudad construida sobre plataformas flotantes que se entrelazan como pétalos de una flor, la ciudad se extiende en círculos concéntricos alrededor del castillo, las casas, de piedra clara y tejados azules, están decoradas con mosaicos que representan constelaciones y criaturas míticas, las calles son canales navegables junto con caminos de mármol blanco brillante, y los ciudadanos se desplazan en góndolas impulsadas por corrientes que parecían hechas con magia. Odette centro su vista en lo que podia ver ahora mientras caminaba por el límite entre el bosque y el gran abismo, elevado sobre un acantilado coronado por cascadas, el castillo de Aeltharion es una obra maestra de arquitectura que parecía mágica, construido con mármol blanco y cristal brillante, sus torres se elevan como lanzas hacia el cielo, rematadas por cúpulas plateadas que reflejan la luz de la luna, las murallas están adornadas con relieves que narran la historia de los antiguos guardianes del bosque, y sus puertas, talladas en madera de roble n***o, están protegidas por runas que Odette no sabía identificar, nunca las había visto, aunque eran parecidas a los antiguos vikingos. Estuvo al parecer toda la noche caminando por aquel infinito bosque, sin encontrar una entrada a aquella fortaleza, había llegado al límite de agua, parecía una playa de arena gruesa y blanca, cerca de la muralla pudo ver que había una especie de muelles, donde pequeñas gondolas estaban amarradas, supuso que ahi encontraría a alguien a quien pedir ayuda, pero su obstáculo era el agua, debía nada y no sabía si era seguro, ni si había peces o tiburones o lo que hubiera en ese lugar, espero a que amaneciera por completo para echar un vistazo, se sentó en la hierba descansando sus piernas y pies doloridos, se apoyó en un tronco y descanso hasta quedarse dormida sin darse cuenta. Al amanecer, la luz del sol atraviesa las copas del bosque y se refleja en las torres del castillo, haciendo que parezca forjado en cristal. La luz molesta a Odette despertándola de su sueño, se acordó dónde estaba y se puso en alerta al escuchar voces cercanas.
Los ladridos de perros furiosos y las voces en un idioma que no entendía la alertaron del peligro que le acechaba, ante el miedo comenzó a correr, no sabía hacia donde iba, solo quería perder a esa personas pero sobre todo a los perros se oían cada vez más cerca, voces de hombres gritando se escuchaban por el bosque de distintos sitios el pánico casi la paraliza, al pasar por unos matorrales de pinchos su vestido queda enganchado, intentando arrancarlo de los pinchos un perro grande y furioso la había alcanzado. Se soltó el vestido y se dio la vuelta para enfrentar a los hombres, son hombres de cuerpos tallados por la batalla y el tiempo, sus torsos desnudos están cubiertos por cicatrices que narran guerras contra criaturas del bosque y espectros del lago, llevan capas de piel de lobo, cuero y brazaletes de bronce con inscripciones en runas griegas, sus barbas son espesas, trenzadas con hilos de oro y huesos de enemigos caídos, caminan con sandalias reforzadas y cascos que combinan la cresta espartana con los cuernos vikingos, y portan lanzas de madera negra con puntas de obsidiana. Hablan poco, pero cuando lo hacen, sus voces retumban como truenos en las copas de los árboles, Odette no los entiende, pero el pánico aumenta, son sabios en el arte de la guerra, pero también en la filosofía del bosque: conocen los ciclos de la luna, los secretos de las raíces, y las canciones que calman a las bestias.
Odette habría dicho que eran vikingos, pero como, si esos tiempos pasaron hace millones de años...pero estaba claro que este mundo, dimension o planeta, no sabía dónde estaba no era normal.
Uno de los hombres se acercó a ella hablando en un idioma que no entendía, la cogió con fuerza y la zarandeo, Odette no se movió, tenía las de perder, la apreso le pusieron unos grilletes a pies y manos de hierro viejo, estos pesaban, la levanto del suelo de un empujón, Odette ando con dificultad por el peso, intento soltarse o zafarse del hombre, pero no le fue posible. —¡Dejadme en paz, por favor...soltadme! - grito desesperada, mirándolos por si alguno la entendía, solo uno de ellos la miro, el que al parecer era el más joven de ellos, lo miro con suplica, pero este quito la mirada con rapidez y siguió andando, grito de nuevo dirigiéndose a ese hombre en concreto, pero no sirvió. — Σκάσε μια για πάντα! Θα σας πουλήσουμε, για σας θα μου δώσουν τουλάχιστον εκατό χρυσά νομίσματα, δεν ξέρω από πού ήρθες, αλλά αυτή η ομορφιά δεν είναι από αυτό το μέρος, αν δεν μπορώ να σε πουλήσω, θα σε αξιοποιήσουμε καλά, αυτό το όμορφο σώμα και πρόσωπο δεν είναι σπατάλη αν δεν χρησιμοποιηθεί, θα έχουμε μια καλή νύχτα.
(¡Cállate de una vez! Te venderemos, por ti me darán cien monedas de Oro al menos, no sé de dónde habrás salido pero esta belleza no es de este lugar, si no consigo venderte, te aprovecharemos bien, este cuerpo y cara tan preciosa no es un desperdicio si no es usado, pasaremos una buena noche.) — Le dijo el más viejo de todos, riéndose a carcajadas, era moreno con el pelo largo, barba bastante larga, pero a pesar de que estaba entrado en años sus músculos no era menos que los demás, todos los demás rieron, mirándola con lujuria, Odette por un momento se sintió desnuda, asqueada por sus miradas, no había entendido su idioma, nada de lo que el viejo le había dicho, pero sus ojos habían reflejado suficiente con esa caricia en su pelo obscena.
Habían estado todo el día andando, estaba agotada por el peso de las cadenas, no había comido ni bebido nada desde hace dos días y comenzaba a notar el cansancio, casi al anochecer, las estrellas se alinean sobre Aeltharion como si lo reconocieran como un punto de encuentro entre el cielo y la tierra, Odette observa el cielo, con hambre con sed, sentada la habían dejado mientras ellos montaban una especie de campamento, solo rezaba para que alguno de ellos le diera algo de agua, observo y busco con la mirada al hombre más joven, estaba segura de que la había entendido. Después de un tiempo que Odette no sabía medir, el hombre que la había entendido se acercó a pocos metros de ella la miro de reojo, su sombra proyectada por el fuego de las antorchas hizo que Odette alzara la cabeza para verlo mejor, Odette lo miró suplicante, con lágrimas gruesas que brillaban como cristales a la luz de las antorchas. —Tú me entiendes… ¿verdad? Por favor… ayúdame…— Repitió en un susurro.
Haunter así se llamaba el hombre la observó en silencio, algo en ella le llamaba la atención, parecía que despertaba memorias enterradas, ecos de su vida antes del destierro, pero su rostro permaneció imperturbable. Dio media vuelta, ignorando su súplica, y ordenó. —Δώστε του λίγο φαγητό και νερό, φαίνεται ότι δεν νιώθει καλά. (Dadle algo de comer y agua parece que no se encuentra bien.) — Mientras se alejaba, el tatuaje en su costado ardía con un calor extraño, el símbolo parecía reaccionar a la presencia de la chica, como si ella fuera la llave de algo que aún no comprendía… o el comienzo de una verdad que llevaba demasiado tiempo enterrada.