La noche anterior fue una de las más hermosas que había tenido. Quizá el alcohol la había desinhibido, como era costumbre. Porque recordaba que casi se le escapaba decirle a Guido que se sentía atraída por él. Aunque solo tuviera setenta y dos horas conociéndole. A veces le daba la impresión de que lo conocía desde antes. Con una energía que llenaba aquel modesto apartamento de colores, Gia se despertó cuando el primer rayo de luz atravesó el balcón, se levantó. Hizo el desayuno para los dos. Algo completamente americano, unos hot cakes con miel. Pero ella comió antes que Guido, recordó lo de la ducha y calentó de nuevo agua. No quería de nuevo aquella experiencia. A los pocos minutos, ya estaba lista. Al ver ayer las instalaciones de la agencia, y darse cuenta el tipo de ropa que usa

