Unas tres horas tardó Gia arreglando el lugar, sacudió alfombras y cojines. Limpió estantes, sillas y mesas. Lavó con mucha asquerosidad el baño. Primera vez que lo hacía, al punto de que no sabía cómo se utilizaban los productos de limpieza, que casi se ahoga mezclando el desinfectante con la lejía. Dio un suspiro de tristeza, y luego una solitaria lágrima rodó por su mejilla, al darse cuenta de que todo lo que le había dicho su abuelo unos días atrás era verdad. Durante mucho tiempo vivió en una burbuja, la cual debía de ser reventada. Lo que más dolía era que el golpe al caer al suelo era duro. Sin embargo; pensaba que lo estaba haciendo bien, y más de la mano de Guido. Suspiró, había tenido un novio en América. Uno del cual no quería recordar, y que la relación había terminado de muy

