Gia dio un largo suspiro, al escuchar la puerta cerrarse. Guido tenía razón, era el momento de tomar las riendas de su vida. Comenzaría ese mismo día. Se levantó del sofá, y sacudió la cabeza para espabilarse más. Tomaría una ducha rápida, pegó un grito cuando el agua fría le cayó en el rostro. Si todavía tenía sueño, en ese momento se terminó de despertar. Cuando su cuerpo se acostumbró a la temperatura, y exclamó una que otra palabra que no era aceptable para una señorita de sociedad como ella terminó su baño. Minutos después, salía del baño con la confianza de que ese día se comería el mundo. Como estaba de buen ánimo, rebuscó entre sus cosas. Se decidió por un vestido de flores sencillos, en donde resaltaban los colores azul y naranja. Para darle un toque chic lo mejor era combinarlo

