Marcado por ella

1852 Words
Las palabras de Malika no son una amenaza, son una fiel promesa que sé que desea cumplir, porque como me lo ha repetido más de una vez, estoy en su larga lista de personas de quien quiere deshacerse. Pero las mías, son lo más real y sincero que he dicho en mucho tiempo. Ella es mía. Así, toda desquiciada, loca, psicópata, manipuladora… como la hija de puta que es, la deseo en mi vida, a las dos versiones de ella, no solo por el poder que puede brindarme, sino por todo lo que ambas despiertan en mí por separado o juntas. Mi Bebé supo doblegar algo que jamás nadie había logrado: mi voluntad e independencia. Porque jamás me sentí con la necesidad de rendirle cuentas a ninguna mujer. Porque jamás fui de encabronarme, al punto de obsesionarme como un maldito psicópata por una. Porque siempre aprecié mi oscura soledad, follándome a las putas que me encargaba de seleccionar. Porque nunca en mi maldita vida, cuando comencé a experimentar con el sexo opuesto, me veía en esto. Rendido, malditamente doblegado a una mujer. Y no a una cualquiera, sino a una chiquilla que dentro de su cabecita tiene dos versiones. Dos que me desquician, que me vuelven loco, que me ponen dura la v***a con solo verme con esos preciosos ojos verdes y, por último, pero no menos importante, que me acelera este maldito corazón podrido que tengo dentro de mí. Jamás había visto a las mujeres con adoración, como mi padre miró a mi madre por tantos años. Nunca experimenté esa mierda del amor… si es que así se le puede llamar a esto que tenemos los dos. O los tres, más bien. Pero aquí estoy, totalmente entregado a una mujer y no a una cualquiera, no a una más del montón. Aquí estoy, perdidamente ciego, gracias a la deidad que al frente tengo. Aquí estoy, dispuesto a ser su maldito adorador, su súbdito fiel, su leal seguidor. Aquí estoy, demostrándole lo que jamás he demostrado a ninguna, a pesar de que ella quiere enterrarme las uñas y matarme justo ahora si así lo desea. Pero también me desea a mí entero, vivo, para hacer conmigo lo que quiera. Este juramento que acabo de hacerle es la confirmación de ello. Malika me mira con los ojos ardiendo, con un fuego diferente, uno que conozco bien y que también arde dentro de mí. Toma la mano donde me hice el corte y la lleva hasta su boca. Pasa la lengua por la incisión, haciendo que mi cuerpo reaccione, que mi v***a palpite y tiemble, deseando penetrar su coño con fuerza y sin contemplación. Relame sus labios, esparciendo el rojo de mi sangre en ellos. Lo hace con un sadismo que me estremece, con una sonrisa sádica en los labios que me vuelve loco. Y haciéndole caso a esos crueles instintos dentro de mí, la tomo del cuello, apretando lo suficiente para al menos dejar una marca y acerco sus labios a los míos, pasando la lengua primero por el borde de ellos. Lo hago con calma, sin apuros, disfrutando del sonido de su respiración pesada. Y cuando muerdo su labio con fuerza, que tiro de ellos oyendo el gemido que brota de su garganta, gruño como bestia, mordiendo aún más, hasta que siento el sabor de mi sangre en sus labios. —Eres mía, Bebé —susurro cuando la hago retroceder y la empujo con fuerza contra la pared, aún sosteniendo su cuello. Ella sonríe y con sus manos rompe los botones de mi camisa, dejando mi pecho desnudo al descubierto. Suelto su cuello para deshacerme de mi camisa y rompo la suya en un solo movimiento. Abro el botón de su pantalón y ella se lo quita con facilidad y se deshace de la ropa interior. Estoy salivando de solo verla desnuda ante mí y ella me sonríe, invitándome a tomarla. —¿Va a follarme, señor Romanov? —Puntualiza llamarme “señor” y enarca una ceja mostrándome una mueca burlona en su cara al joderme con la diferencia de edad. —Nunca te ha importado que sea un “señor” cuando me pides que te coja duro, maldita desquiciada —respondo antes de meterme en su cuello y besarla con fuerza, antes de dejarle una mordida que la hace encogerse y darme un puto golpe entre las costillas, cosa que me hace reír—. Te gusta duro, ¿no, Bebé? —Deja de perder el tiempo y dame un maldito orgasmo ahora mismo, que lo necesito. —Se lanza sobre mí y la sostengo desde las nalgas, apretándolas mientras me prendo en una de sus tetas, escuchando cómo gime con el contacto de mi lengua con su pezón. La llevo hasta el sofá y la tiro, haciendo que su delgado cuerpo se deslice por el suelo un poco. —¡Maldito cabrón! —se queja y soy yo quien sonríe esta vez. —Te gusta rudo, Bebé. —Extiendo la mano y tomo la botella de whiskey y le doy un trago directo que me quema la garganta; el resto, lo derramo todo sobre su cuerpo. Mientras lo hago, la oigo quejarse y hacer un ademán para levantarse, pero vuelvo a empujarla. Lanzo la botella contra la pared, oyendo cómo se hace añicos y me arrodillo ante ella. Bebo el whiskey directo desde su cuerpo, lamo su abdomen y bajo hasta llegar a su monte de venus. Ella sube las piernas hasta mis hombros y me atrae más cerca de su coño. La veo reposar sobre sus codos para sonreírme mientras me acerco y pruebo no solo el licor, sino sus propios jugos. Me aferro a su cadera mientras lamo, chupo y muerdo. Mientras juego con su clítoris y la oigo gemir bastante fuerte. Mi Bebé se retuerce, lo hace en medio de gemidos cargados de este placer retorcido y pasional que solo los dos conocemos y sabemos sacar a flote. Sonrío en mi interior, porque sus perros nos están oyendo y me vale mierda, que todos en la mansión lo hagan. Que la oigan gritar mi nombre, que la oigan gemir totalmente descontrolada. Así les queda claro a quién le pertenece, así no se atreven a verla con adoración otra vez, sino como su puta jefe. Malika empuja mi pecho con su pie, haciéndome caer al suelo y se levanta. Para seguir apoyando el pie en mi pecho, manteniéndome en mi posición. De tener un tacón de punta final, ella sin duda me lo enterraría solo por placer. —Así me gusta que estés, arrastrado en el suelo por mí —declara con aires de grandeza, se muerde el labio inferior y todo mi cuerpo tiembla. Estiro mi mano y tomo el tobillo del pie que aún permanece en el suelo y lo halo, haciéndola caer de culo justo a mi lado. —¡Hijo de puta! —me grita mientras me burlo. Pero solo dentro de mí, porque por fuera le estoy mostrando el hombre imponente que una vez conoció y que no está jugando cuando se trata de follarla con descaro y pasión. —Soy el hijo de puta que te va a poner como su perra esta noche. —Me arrodillo y la tomo de la pierna, atrayéndola hacia mí. Ella se resiste, mientras que con su mano trata de buscar algo entre la chimenea y el fuego, pateando varias veces mi pecho, pero mi fuerza es más grande que la suya y su cuerpo, termina cediendo. Me toma por sorpresa cuando me entierra el acero ardiente del mango de su cuchillo en el hombro. Maldigo entre dientes al sentir mi piel arder. Esto quema y su mano sangra por tenerlo apretado con todas sus fuerzas. —Esto y más, es lo que puede hacerte esta perra —me gruñe y le quito la mano para ver un tatuaje de fuego, una M perfecta. La maldita me ha marcado como ganado. —¿Marcando territorio, Bebé? —cuestiono, ignorando el dolor en mi hombro. —Es lo que haces siempre, ¿no? —Se encoge de hombros—. Tú me marcaste, yo solo hago mi parte también. La tomo del cabello con fuerza y la beso, no le doy tiempo de hacer nada más, cuando la volteo y la hago estar en cuatro, sosteniéndola no solo del cabello, sino también del collar. —Estamos jugando a marcarnos, ¿no? —Tenso el collar, haciendo que eche su cabeza hacia atrás, mientras que ella restriega su culo en mi v***a, que sigue guardada en mis pantalones. Con una sola mano abro el botón del pantalón y libero mi erección. Quiero follarle la boca, pero primero quiero penetrar su coño mientras admiro su culo. Quiero cortarle la respiración mientras la embisto, que caiga desmayada con mi v***a dentro de ella, que clame más, mientras le doy sin parar. Y es por eso por lo que jalo más el collar y ella se retuerce, porque no tiene escapatoria. —Maldito, suéltame —habla con la voz ahogada y yo sonrío. Con una de mis rodillas abro más sus piernas y la penetro de un tirón, haciendo que se le escape un gruñido. —Vas a gemir para que todos nos oigan —le ordeno y me muevo rápido, con fuerza, con brutalidad—. Vas a ser más que mi Bebé hoy. Vas a ser mi perra y yo tu dueño. Y prometo ser una bastante complaciente, mi amor… Ella se echa hacia atrás, haciendo que me entierre completo y puedo sentir cómo su coño aprieta mi v***a, haciéndome gemir, volviéndome malditamente loco. Descontrolándome hasta más no poder. Y más cuando veo el tatuaje de cisne de dos cabezas que tiene en su espalda, cuando veo esas alas pintadas con sangre. Se le ve jodidamente sexi, me provoca lamerlo. Lo haré un día de esos, de eso no cabe duda. Nuestros cuerpos chocan, se siente delicioso. Lo único que se oye son nuestros insultos, los gemidos y la humedad de cada uno en el lugar. —¡Con más fuerza, señor! —demanda con ese tono de voz erótico que más duro me la pone—. ¿O es que estás demasiado viejo para darme placer? Tenso más el collar, cortándole la respiración y empujo con más fuerza. Su cuerpo se tensa, quito mi mano de su cadera y le suelto un palmazo en su nalga que resuena en toda la residencia. Aflojo un poco el agarre del colar por unos segundos y ella se mueve para golpearme, pero vuelvo a tensarlo cortándole la respiración en cuanto veo que quiere atacarme. Follarla con el collar puesto y usarlo para privarla del oxígeno, me excita, pero ver la marca que la loca de mierda me puso en el hombro, me hace llegar al límite. Me marcó como a un pendejo corderito, lo hizo con todas las intenciones de que jamás pudiera borrarlo. Es imposible, mi piel se ha quemado y, si soy sincero, esta cicatriz jamás me la borraré. Con orgullo la mostraré.
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