2-Lluvia de emociones

2595 Words
Venía acompañado de tres hombres fornidos y rostros firmes y amenazadores, junto a ellos, Alessandro aún lograba lucir imponente, en su mirada, noté lo poco que le importaba conocerme, o simplemente estar allí. Mi vestido n***o acentuaba suavemente mi cintura, para luego caer hasta mis rodillas de manera delicada, los zapatos de tacón alto le daban a mi cuerpo algo de porte y elegancia, mientras que el cabello recogido a la mitad lo complementaba. Me detuve en la entrada de la estancia, que estaba iluminada de manera apacible y suave. Franchesca apareció detrás de mi, y allí se quedó, mientras nuestros padres hablaban con un hombre de hombros anchos y mirada férrea, cuyo apretón de mano pareció afectar la autoestima de mi padre. Una parte de mi sentía desdén, rabia, por tener que rebajarnos a esto, pero otra lo contenía bajo una sonrisa encantadora, pero los ojos, esos no mienten, y en los míos se veía a leguas las llamas de la venganza. —Bienvenidos —comenzó a decir mi padre, cuando su pequeña charla con Domenico Di Santis había terminado. Ninguno de nosotros lucía feliz, o mucho menos cómodo, pero para ellos, esto era una victoria, y una que habían buscado hace muchos años—. Mentiría si dijera que es una alegría tenerlos aquí, pero negocios son negocios. Una risotada abandonó los labios de Domenico, nuestras miradas fueron directo a él, se sentía vencedor, y eso se notaba en su postura. —Siempre tan elocuaz—agregó después —. Salvatore, tu padre estaría orgulloso de ver como proteges a los tuyos&lo había dicho con malicia, buscando que mi padre diera rienda suelta a su mal carácter, pero este se contuvo, y con mucha facilidad cabe aclarar —. Es lo mejor, no estás hecho para esta vida, con esto se nace en las venas, tu padre lo tenía, pero la sangre que corría por ellas, lamentablemente llegó a su fin... Es una pena—bajó la cabeza, en señal de respeto, los suyos copiaron su accionar, mientras su cuerpo contaba una historia de pena, sus ojos disfrutaban de aquella muestra de poder que ejercía en nuestra casa. Mi mano se cerró en un puño, mi sonrisa se desvaneció en segundos, tuve la intención de avanzar pero Franchesca me frenó, me tenía sujeta del brazo, mientras su cuerpo se escondía tras el mío. Muy a pesar, me detuve. —Es una pena, en efecto&respondí con altivez. El centro de atención de aquellos hombres, ahora era yo—. Pero no dudamos, que quienes fueron los cobardes que lo mataron a traición pronto verán venir su fin de la forma menos esperada—sonreí—. Después de todo, como decía Shakeaspeare "Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, mas sangrientos" El ambiente se tornó tenso, nadie emitía siquiera una mínima palabra, me observaban en silencio, como analizandome. Poco me importaba, no quería que mi familia siguiera quedando como un lastre bajo sus botas, tal vez me había sobrepasado, acababa de hablar de traición sin haber consumado la mía, aunque lo mío... No sería una traición, sería una venganza. Domenico inclinó la cabeza hacia a un lado, su baja estatura, no le quitaba el porte imponente que te hacía helar los huesos con su simple mirada. Dio un paso hacia a mi, mantuve mi cuerpo recto, los ojos en él, sin apartar o dudar, Alessandro por otro lado, actuaba con irrevalancia, era obvio para mi, que mientras el líder mayor estuviera aquí, él no era ni parte de su sombra. L os tres hombres que los custodiaban, se tensaron, no fueron delicados al llevar sus manos hacia las cinturas de sus pantalones negros. Mi madre nos observaba con temor, Franchesca aferraba mi brazo tan fuerte, que la sentía tirarme hacia abajo. En cuestión de segundos, lo tenía a menos de un metro de mi, me sacaba sólo unos centímetros, y eso gracias a esas botas que claramente le brindaban unos centímetros más. Alessandro permanecía impávido, como deseando saber como seguiría esto, mientras que mi padre lucia nervioso, no dejaba de prestar atención a cada accionar de los invitados. —Tú debes ser la razón de que me encuentre aquí —me recorrió con la mirada de arriba a abajo, sin interés alguno en mi, más bien en sus ojos la sonrisa ya no estaba, eran gélidos —. Tienes la mirada de tu abuelo... —inclinó la cabeza hacia un costado, me sorprendí ante aquel comentario—. Me atrevería a decir que hasta posees su carácter, es una pena que no vengas con el complemento necesario—me dedicó una sonrisa poco agradable y cínica después de aquellas palabras. Tragué mi rabia, mi respiración comenzaba a acelerarse, respondí su sonrisa con una igual de mordaz. —Ella no necesita complementos—soltó mi padre para interrumpir aquella situación que se estaba tornando agresiva—. Mi hija es bella, muy lista, y por sobre todo sabe comportarse como lo que es, una dama. —Y también es una Di Natale—por primera vez Alessandro abrió la boca para hablar. Mis ojos verdes volaron hacia él, lucia relajado mientras interrumpía —. La sangre es la sangre... "Estamos unidos por la sangre, y la sangre es memoria sin lenguaje". —Joyce Carol Oates—suelto ante su cita, que sé bien por qué la hace. Sonríe, pero a diferencia de su padre, se nota una pizca de agradababilidad. —Tenemos una versada en las letras—asiento con vehemencia—. Al fin alguien que sí es capaz de responder a la altura. Comenzaba a pensar que en esta familia tantas bibliotecas ostentosas eran meramente decorativas... —Sí creías eso, es porque de seguro nunca tuviste una mínima interacción con alguien fuera de tu mundo de cristal—levantó una ceja como intentando discernir si lo que había dicho era con intención o sólo un traspiés, tocó el nudo de su corbata carmesí, su padre se alejó de mi unos pasos, todos parecieron relajarse y olvidar que los había llamado cobardes hace sólo minutos atrás —. Si te crees tan listo para hablar, debes serlo también para escuchar ¿no crees?—adorné mi comentario malicioso con una sonrisa grata y dócil. Mi padre desde detrás de todos, intentaba por todos los medios calmar el ambiente. Domenico era un hombre que sabía como jugar con la tensión. —Que agradable señorita, pero no vinimos a oír frases bonitas—cortó el ambiente como si sus palabras fueran dagas—. Vinimos a cerrar un trato, Alessandro—su hijo se acercó con timidez a él, le dijo algo al oído que lo puso tenso—. Salvatore, imagino que tienes un despacho aquí ¿no? —Eso es mas que obvio—agregó mi padre con hastío, Domenico era una persona que no era fácil de soportar, ni mucho menos de digerir —. Sigueme, Vittoria, lleva a Alessandro a conocer los jardines, caminen y por favor... No quiero dramas, procura que todos mantengan su distancia—otra sonrisa, pero esta lucia demasiado falsa. —No te preocupes—solté mientras mi padre y Domenico se alejaban, me resultó raro que no llevaran a Alessandro, pero algún motivo habría. Para ser su mano derecha, se había mostrado bastante reticente de incluir a su hijo en todo esto—. Te aseguro que en esta casa no abundan los cobardes, así que si intentan pegarte un tiro lo harán de frente... No fingirán que fue accidente. —Son palabras demasiado pesadas para alguien a quien venden como una damisela ¿no te parece?—respondió con altivez, el guardia que quedó con él, era el mas alto de los tres, pero también el menos fornido. Aún así no dudó en fulminarme con la mirada ante mi pequeña amenaza. —Hasta las rosas tienen espinas, no debes olvidarlo —señalé el pasillo que separaba la estancia hacia el patio interno. Él se adelantó y procedí a seguirlo. —Nunca podría, como dije, la sangre no es fácil de disimular—notaba cierto indicio de burla en su forma de dirigirse a mi—. Yo considero que lo mejor siempre es, acabar con el problema de raíz. Una rosa sin contacto con la tierra, no es más que una muerta. ............... —Bonito lugar, amplio... —Alessandro caminaba por los senderos de piedra, mientras sus zapatos de alta costura, evitaban tocar la tierra y el césped —. De seguro que si alguien gritara, nadie oiría. Rodé los ojos evitando confrontarlo, mi trabajo era lograr que creyeran en mi, o al menos, parecerle lo más indefensa posible, y hasta ahora lo había hecho fatal. Mi mal carácter me logró controlar, y no pude cerrar mi bocota. Miles de preguntas inundaban mi cabeza al verlo ir de aquí hacia allá con tanta superioridad. La más importante, era saber de qué hablaban exactamente mi padre y Domenico. Él sólo me había contado partes de lo que pretendía, sé que cuánto menos sepa es mejor, pero... ¿Cómo sabré protegerme si desconozco lo que me aguarda? De pronto un balbuceo me quitó de mi ensimismamiento, Alessandro estaba lanzando maldiciones, pues su pantalón se había manchado con lo que parecía lodo, intentaba quitárselo sin tocarlo, la escena era ridículo, y una risa brotó de mis labios con rápidez. La contuve, bajé la mirada esperando que no lo hubiera notado, él giro con prisa. —¿Te parece gracioso? _soltó, sus amplias zancadas lo aproximaron a mi en cuestión de segundos, la mirada agradable, ahora ya no estaba, el fuego consumía sus ojos. Se veía amenazante. Mi puño se cerró, esperaba tener que defenderme, pero respiré y lo evité. No seria una buena idea. —Sólo un poco—respondí calmada. Observé la mancha, era diminuta, no entendía su brusca reacción. —Aclaremos una cosa—tomó mi rostro entre sus dedos, e hizo que lo viera fijo —. Reírte de mí, está prohibido. No hay nada que deteste más que ser tomado como burla—soltó mi rostro con brusquedad. Me tuve que tragar mis ganas de romperle la cara. Casi muerdo mi lengua conteniendome—. Tu único trabajo cuando nos casemos, si es que llegara a pasar—agregó con burla—. Será lucir bonita, callada, y darme todos los hijos hombres posibles. Nada más. ¿Crees que tu pequeño cerebro es capaz de entenderlo? —su tono amenazante, su mirada gélida, todo era el resultado de una personalidad fría y calculadora. Había estado midiéndome, no era un joven cauto como pensé, sino que sabía cuándo actuar. Pero su agresividad, sería un punto a mi favor, si no puede controlarla, me resultará más fácil sacarlo de quicio y obligarlo a cometer errores. —Sí—bajé la mirada y respondí con cautela, fingí estar nerviosa, aunque tenerlo tan cerca de mi ayudaba bastante a que en verdad lo estuviera—. Lo lamento—toqué mi brazo izquierdo tratando de parecer pequeña y asustada. Eso pareció convencerlo. —No era tan difícil verdad—levantó mi rostro hacia él, pero esta vez con una sonrisa cálida y en calma. Ver lo fácil que resultaba ser dos personas tan distintas me descolocó —. Tienes un bello rostro, y un cuerpo... —me registró con la mirada desde los pies hasta el escote, en donde se detuvo un tiempo demasiado largo—, que es capaz de enloquecer a cualquiera. No eres tonta, así que si sabes comportarte, podremos pasarlo muy bien juntos...—su rostro se acerco al mío, su mano derecha me atrajo hacia él, mientras escondía sus labios en mi cuello, iba depositando pequeños besos que me llenaban de asco, su cuerpo ancho, me tenía atrapada, su mano izquierda bajaba lentamente por mi espalda, hasta lograr alcanzar el inicio de mi trasero... —Eres excitante—soltó en lo que parecía un gemido, mis manos, por su parte, intentaban apartarnos, pero él era fuerte y aunque pudiera, si lo alejaba de manera violenta eso no ayudaría a mi causa. Me estaba sintiendo ultrajada, odiaba que me tocara, que respirara cerca de mi, que tan solo pusiera sus ojos en mi me generaba náuseas. Alessandro era un hombre brusco, su agarre fuerte resultaba asfixiante. Estaba llegando a mi límite, en todo el jardín, no había una sola alma que pudiera apartarlo de mi, más que su guardaespaldas, que de seguro no está de mi lado. Mi mirada se distraía, iba y venía entre los árboles que adornaban todo el patio, las flores, hasta llegar a la cuenta principal donde cintos de pájaros bajaban a diario a tomar agua y jugar. Recordar los momentos vividos aquí me ayudaban a olvidar como él me estaba tocando. De la nada, un fuerte ruido provocó que me suelte y empuje lejos de él. Trastabille, y caí de lleno en el suelo, sentí un dolor en el tobillo, al que no preste mucha atención, pues, al otro lado del jardín, los disparos rugían y ensordecían todo a su paso. Logré ponerme de pie, vi al guardaespaldas tirado unos metros más adelante, la sangre que brotaba de él impregnaba todo el suelo. Su arma seguía en su funda, Alessandro, agachado, se acercó hasta ella y la tomó. Apunto con rápidez y apretó el gatillo, pero nada pasó. Las balas no salieron. —El seguro —atiné a gritarle, mientras la lluvia de balas venían hacia nosotros, me levanté deprisa, pero sin erguirme, corrí unos metros atrás para resguardarme de los disparos detrás de la banca de piedra que habíamos dejado atrás unos minutos atrás. Alessandro volvió a intentar disparar, pero era inútil, el arma no tenía balas. Se tiró al suelo, arrastrándose llegó detrás de unos árboles. Más adelante, tres hombres armados disparaban sin parar hacia ambos. Lucian ropas gastadas, su aspecto sucio y desaliñado no eran compatibles con miembros de cualquiera de las dos organizaciones. —¿Esto fue su idea verdad?—me reclamó a los gritos, mientras cubría su cuerpo contra el árbol. —¡Claro, por eso también me disparan a mí genio!—solté con tono molesto y cínico. Por el costado de la banca, atiné a observar cuando las balas se detuvieron, estaban recargando, por lo que sin pensarlo dos veces, levanté mi vestido y despegue de mi entre pierna una pequeña arma, que traía en su funda. Comencé a dispararles, y estos retrocedieron, el ruido, no tardaría en llegar a nuestros hombres, sólo debía esperar. Volví a esconderme, cuando un grito a mi costado me sorprendió. Alessandro estaba forcejeando con un hombre más bajo, pero más corpulento que él. Había logrado desarmarlo, tal vez el arma se había quedado sin balas, no lo sabía, pero si dejaba que lo mataran eso nos hundiría. Muy a pesar me giré sobre mi misma, apunté, y luego solté un grito. —¡Alessandro!—una fugaz mirada hacia a mi, hizo que pusiera al hombre en posición, lo empujo como pudo hacia mi y entonces disparé tres veces. Todas las balas dieron en su torso, este cayó. El impacto del arma no me desestabilizó, estaba acostumbrada a su peso. Él me miró con una respiración rápida, seguía apuntándole, nuestras miradas no se cortaban. Lo tenía en posición, mi arma aún tenía una bala... ¿Lo había salvado por nuestro futuro... O por qué no quería que me quitaran el placer de ver como la luz abandonaba sus ojos? ....... .
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD