- ¿A dónde vas? –escucho al rubio preguntarme cuando me encamino a la puerta de la habitación-. - A mi habitación a vestirme y bajar por algo de comer –le digo con tranquilidad-. - Esta es tu habitación desde el día de ayer –me dice observándome con los ojos entrecerrados parado a un lado de la puerta del baño, aun completamente desnudo sin pudor ante mí, secándose el cabello con una toalla. Verlo al natural es demasiada tentación y un peligro para cualquiera que padezca insuficiencia cardiaca-. - Lamento informarte que mi habitación es y será siempre la que he venido ocupando –le digo volteando rápidamente a quitarle el seguro a la puerta y salir antes de que termine sucumbiendo a sus encantos una vez más-. - Ohmm pensé lo contrario –en la voz se le nota

