Un diamante de corte esmeralda, rodeado por una aureola de brillantes platino, captó la luz de la suite y estalló en mil destellos. Era una pieza de la familia Sterling, algo que mi abuela siempre decía que debía ser para la mujer que me devolviera la cordura... o me hiciera perderla por completo. Claro que mande que me lo trajera. Mamá es cómplice. —Ariadna Flores —mi voz sonó más ronca de lo que pretendía, cargada de una verdad que me quemaba la garganta—. Te lo dije en tu habitación, rodeado de tu desorden y tu realidad, y te lo repito aquí, en mi mundo de cristal y mármol. No quiero esperar a que el miedo me gane. No quiero ser tu novio por cinco años mientras rezo para que no encuentres a alguien mejor. Quiero que seas mi esposa. Ahora. Legalmente. Ante la ley y ante quien haga falt

