Te prometo II

1476 Words
Marco la línea directa, pienso en todo lo que me va a decir, escucho el sonido del tono indicándome que está repicando, decido dejar el aparato del demonio en paz, ya perdí la reunión y Alex ya debe tener los bocetos o Chanel, conociendo todo ella los tiene, el ataque de risa que me da no lo logro controlar la situación me parece tan chistosa que mientras yo estaba de lo más rejada en como serpiente ellos tenían que estar aguantándose al cliente… De la que me salve por mi despiste. Ese despiste que me puedo dar el lujo de tener por ahora. Las lágrimas mojan mis mejillas, quiero controlarme algo, aunque sea un poco… Un poquita y fracaso. Estas situaciones me hacen reaccionar de esta manera un poco incómoda para quien me vea, cualquier persona que me vea va a suponer que tengo varios tornillos flojos. —¡Guao! —abro los ojos al ver a Alex recostado en el marco de la puerta con los brazos cruzados en el pecho y detrás de él nuestra secretaria, que ya está acostumbrada a nuestras locuras. —Se me olvido—me justifico en medio de hipidos. —Nos dimos cuenta—mira sobre su hombro—ves Chanel, mientras nosotros trabajamos como esclavos, la jefa está de lo más relajada. Trato de hacerme la ofendida, pero es en vano mi risa regresa peor. —Ya la perdimos, señor Alexander—informa Chanel. Me muerdo el labio para aguantar las ganas de continuar riendo. —Lo peor es que le he regalado una cantidad considerable de relojes sin contar los que he tenido que poner en todas partes, para que la jefa sea puntual y mira—me señala. —Es un caso perdido señor Alexander. —Es que tenía la esperanza de que en algún momento de su vida fuera puntual y asistiera a una reunión como la jefa que es—niega varias veces. Mi ataque de risa no pasa… Esto es horrible. —Señor Alexander deberíamos pedir aumento—sugiere Chanel. Es que no pierde la oportunidad. —Será un bono—vuelvo hablar con la voz pastosa. Trato de respirar varias veces logrando controlar la risa, me arreglo la ropa y el cabello bajo la mirada del par de chantajistas, carraspeo varias veces para aclararme la garganta. —Dejen de ser holgazanes, esclavos—hablo muy seria y desarreglada—vamos a trabajar o no abra bono—doy un par de palmadas para que se muevan logrando que me vean aburridos por mi acto—bien hagan lo que quieran luego no se quejen de que no les pague el bono. —No te esmeres tanto, sabemos que eres la jefa de papel, la que manda es Chanel—informa Alex en medio de burlas. Pasamos el rato entre risas y bromas, los diseños y los planos están listos para otro cliente, Alex se toma su tiempo en revisarlos mientras Chanel va por comida, ya son las tres de la tarde y no hemos almorzado, como siempre hacemos incluimos a nuestra adorada secretaria no nos conviene que se enferme. —Alex, ¿has tenido noticias de él? —pregunto en un susurro. —No. —Es raro que tenga años sin tratar de lastimarnos—digo en voz alta mis pensamientos. —Lo sé, pero no quiero que te preocupes pequeña Cass—habla con seguridad mientras continúa verificando los planos. Planos que tenía que hacer él y termine haciendo yo, se ve tan elegante y atractivo, por eso el condenado es un mujeriego de primera sabe que está muy comestible para el género femenino y masculino, más de uno ha tratado de ligarse a Alex, solo que a él le gustan las mujeres. Por culpa de Garred hay lujos que no podemos tener y uno de esos es tener una pareja e hijos, en fin una familia completa, eso sería nuestra sentencia de muerte, ya que serían nuestra debilidad, vivir en constante zozobra es horrible en estrés constante, a pesar de estar acostumbrados también estamos cansados, entiendo a Alex y su forma de llevar la vida por más que queramos proteger a la familia sería convertirlos en un blanco perfecto, no sería justo que inocentes paguen la obsesión de ese hombre por destruirnos… No puede cometer el mismo error dos veces. Alex termina de comprobar todo, puedo notar su cabello desordenado, de tanto pasarse los dedos, algo le pasa, esa pose de chico seguro solo es una fachada y bien que la conozco. —¿Sucede algo? —pregunto sin rodeos. Lo escucho suspirar, el pobre no sabe cómo contarme algunas cosas. —Cass, pequeña, ¿sabes que te quiero? —habla con un tono de voz dulce. Este necesita o quiere algo de mí. —Ujum—asiento. Me acomodo mejor en la silla, es bueno estar cómoda cuando se pone así. —Sabes que nunca te dejaría—sigue muy dulce. —Lo sé. —Que eres como mi hija o más. —También lo sé—respondo con mi mejor sonrisa solo para Alex. También sé dé la cantidad de mujeres que ha dejado tiradas por mí, algo injusto. —Bien, aclarado todo—se muestra muy animado, entrecierro los ojos porque algo trama. —No—respondo tajante. Me mira sorprendido y divertido. —No he dicho nada… Aun—sonríe de forma perversa. —Jódete Alex—me quejo, frunzo el ceño y los labios, clara señal que estoy molesta. —Me la debes—volteo a mirarlo para protestar, me hace una seña de que me calle—vas a ir a la siguiente reunión. —No—respondo muy segura. —Sí—contradice muy divertido. —Alex, sabes que desde que llevo esta vida tan calmada—inhalo—bonita—sonrió—y perfecta, no quiero socializar con nadie. Ríe a carcajadas, la sonrisa que hasta hace poco adornaba mis labios se ha convertido en una mueca. —Vas a ir, debo ir a la empresa de seguridad varios días seguidos, y en esos días hay varias reuniones pautadas con nuevos clientes, así que debes ir sí o sí—me mira muy sonriente. —No quiero. —Sí, quieres pequeña Cass—me da un ligero toque en la punta de la nariz—lo vas a hacer como la niña buena que eres y por todas las veces que he dejado de comerme un delicioso coño por acompañarte a ver películas y comer helado. —Eso es chantaje—lo señalo. Se encoge de hombros. —Yo lo llamo negociar. —Nunca escuche que te quejaras, es más, tú elegías las películas. —Hay que sacar provecho de todo—me da su mejor sonrisa de sinvergüenza. Como me deje engañar por él, quiero llorar, no es justo, me gano. —¡Eres un desgraciado Alex! —grito molesta. —¡También te quiero pequeña Cass! —me grita desde afuera de la oficina mientras ríe a carcajadas. Lo quiero él es mi todo, la única persona que me ha cuidado todos estos años, toco mi amuleto, el que me permite pasar como humana y no como lo que soy una hibrida, mi hermosa cola puede asustar a las personas, si ahora me ven y se asombran por mi color de ojos violeta y mis marcas en la piel, no me quiero imaginar cómo se quedarán mirándome si me ven como en realidad soy. Mi primer amuleto lo hizo Garred es un brujo muy poderoso y sabe mucho de hechizo, creo que él no desconocía a que edad podía cambiar, el segundo amuleto me lo hizo Alex y como disfrute verlo tratando de hacer un hechizo para que pudiera ser humana de nuevo, pobre aprendió a los golpes, todo fue de emergencia al perder mi amuleto anterior en una pelea con Garred que me lo quito así no sería fácil esconderme, solo que no contó con que Alex ya estuviera perfeccionando sus dotes de brujo, me encanto lo me hizo una gargantilla hermosa y delicada, según él como yo, no tiene valor ante una joyería solo que es mucho más valiosa por su secreto, la puedo usar como cualquier prenda y con cualquier ropa como un accesorio más. ¿Qué si Alex me consiente? La respuesta es ¡sí!, y mucho soy su pequeña. Por mucho que lo quiera estoy molesta con él, ya cansada decidido dejar todo para irme a mi ático a descansar, vivimos en el último piso del edificio donde está la empresa de construcción, claro cada uno tiene su espacio, no quiero verlo cogiendo como un conejo y su habitación es insonora, la mía es la más grande con un jacuzzi un poco grande donde me encanta relajarme como hibrida dándole un respiro a mi cola.
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