Te prometo I
1) Te prometo
Me escondo para que no me golpee, ya no quiero más golpes, me duele y más me duele cuando me grita diciéndome todas esas cosas feas, no conozco a mis padres, él dice que ellos me abandonaron porque no me querían por eso estoy aquí.
—Sal de donde estés mocosa—escucho pasos acercarse.
Me acurruco más en la esquina de la habitación, tengo miedo, mi corazón pareciera que está corriendo muy rápido, siento que se me va a salir del pecho, tapo mis oídos con mis manos para no escuchar más y cierro los ojos lo más fuerte que puede, tal vez así no me vea.
—Aquí esta pequeña sabandija—lo escucho algo lejano.
Siento que me hala por el brazo levantándome de golpe, me duele, me está lastimando, me agarra muy fuerte, siento que me va a partir el brazo, me zarandea de un lado a otro y eso hace que me duela más el brazo.
Lloro en silencio, si me quejo me va peor, es un hombre malo.
Continúa gritándome cosas feas mientras me deja caer al suelo, me limpio más lágrimas con mi vestido, sin atreverme a mirarlo, desde que recuerdo es así, me dice cosas feas y me golpea, unos golpes en la puerta hacen que me asuste.
—¡Abre Garred, ahora mismo! —grita Róisín.
La puerta se abre de golpe, asustándome más entre los gritos de Róisín y los de Garred me escondo debajo de la cama, escucho golpes y con miedo me asomo un poco para ver qué sucede, Garred tiene agarrada por los brazos a Róisín mientras le susurra algo, ella parece como si estuviera dormida, la suelta dejándola caer todo lo veo lentamente como cae al suelo, él está parado a su lado dándome la espalda lo escucho pronunciar unas palabras raras y de ella sale fuego, quiero ayudarla, peso siento mucho miedo, no sé qué hacer ella no despierta y se está quemando.
Llego ayudarme como siempre lo hacía y ahora está ahí muriendo bajo las llamas, salgo como puedo de mi escondite miro a los lados buscando un lugar por donde huir y lo encuentro es una ventana que está abierta, mis pies se mueven solos hasta ese lugar tengo miedo, volteo a mirar a Garred y está con la vista fija en el bulto en llamas, subo en una silla para poder salir, lo hago con dificultad, los demás no me ven porque salí, por un lado, de la casa, escucho los gritos de unas mujeres y hombres acercándose a la casa, caigo al suelo de golpe haciendo que todo me duela, pero no me importa solo corro sin mirar atrás.
Mi pecho me arde, no puedo respirar bien, mis rodillas me arden, me he caído varias veces lastimándome, mis manos están peladas y con sangre, no me importa nada, solo huir, ella ya no está mi amiga Róisín.
Estoy cansada y hambrienta, me duelen mis pies, perdí mis zapatos mientras corría, siento espinas ya es de noche y no veo nada escucho lobos aullar, nunca he visto uno solo estaba encerrada en la casa de Garred, sigo caminando hasta encontrar la entra de algo miro a los lados con la poca luz de la luna, siento que alguien me mira tengo ganas de llorar no quiero que me encuentre, camino hasta esconderme sigo llorando por todo.
Escucho pasos acercarse, mi corazón se acelera creo que se va a salir de mi pecho, me quedo donde estoy no vale de nada volver a escapar.
—Tranquila pequeña Cass—reconozco esa voz—no tengas miedo, soy yo Alexander.
Me levanto de donde estoy y corro para abrazarlo, no he podido dejar de llorar.
—Tengo miedo—susurro contra su pecho.
—No lo tengas, yo estoy aquí para cuidarte—me soba la espalda—pero debemos irnos, no podemos quedarnos aquí, él te podría encontrar.
Me separo de él con renuencia, él es bueno conmigo, me trata bien desde que lo conozco, Garred le dice cosas feas como a mí lo odia y no sé por qué.
Salimos de ahí con cuidado de no hacer ruido, no sabemos si hay alguien cerca, caminamos, me quejo por el dolor en mis pies, Alexander me carga en su espalda para, no sé cuánto tiempo pasa, que se detiene para descansar, mi barriga gruñe tengo hambre.
—Pequeña Cass tienes una fiera en la barriga—se burla.
—Tengo hambre—hago un puchero.
Saca algo de una bolsa que carga, es un trozo de pan, me da para que coma.
—Come pequeña Cass—él come un poco de pan, no deja de mirar a los lados—debemos seguir.
Me vuelve a cargar en su espalda y seguimos sin saber a dónde, aunque creo que él sí sabe.
—¿A dónde vamos?, no quiero ir con Garred.
—Vamos lejos pequeña Cass, lejos de ese hombre malo, yo te voy a cuidar confía en mí.
Después de ese día todo se volvió más fácil, si teníamos días donde pasábamos hambre y frío, pero no había quien nos pegara o nos tratara mal, Alexander me cuidaba mucho, nos fuimos lejos de ese hombre malo.
Mi única familia que me quiere… Alexander.
Años después…
Observo el diseño que acabo de terminar, me gusta lo que hago, diseñar casas, edificios o cualquier otra cosa, me encanta es hacer realidad lo que mi mente crea, estoy descalza a tientas, busco con mi pie uno de los zapatos que me quite ya hace un buen rato mi comodidad ante todo y más si voy a hacer una de mis creaciones.
Desiste de encontrar algo, me levanto para estirarme, mis huesos suenan como si me estuviera rompiendo, eso es señal de que perdí la noción del tiempo… De nuevo.
Ya es un hecho, olvidé algo importante que no recuerdo que es, sin importarme estiro mis piernas con una pequeña caminata por la oficina, toco mi amuleto, ese que me acompaña desde hace tanto tiempo, una sonrisa se dibuja en mis labios camino hasta la puerta y la cierro con seguro, estar en el trabajo no es algo que ayude y menos que sea dueña, bueno soy dueña de la mitad de este lugar una empresa de construcción.
Me desvisto despacio saboreando el momento cuando pueda tener mi verdadera forma, al que dar desnuda me quito mi amuleto, un collar sencillo que Alexander me conjuro para poder ser una “humana” más, lo dejo con mucho cuidado sobre el escritorio comenzando a sentir como cambio poco a poco antes me dolía y sentía miedo, ahora disfruto este momento, mi cambio no dura mucho veo mis manos, mis uñas están más largas mi cabello igual, las marcas en mi piel son más notorias y mis ojos, mis bellos ojos violetas se ven más intensos.
Me arrastro por mi oficina, me alegro de que sea la amplia, la diseña pensando en hacer esto, la oficina de mi socio es la cuarta parte de grande que esta, me siento libre las ganas de estar en un lago o en el campo abierto y poder moverme me llenan de ilusión, continúo arrastrándome un rato hasta que considero que ya es suficiente por el momento, colocándome el amuleto y cambiando de forma, me veo pequeña como humana… ¡Extraño mi cola!
Me visto con desgano, y me vuelvo a sentar para continuar con mi trabajo, la vida como una simple humana es gratificante, por lo menos ya no veo tanta sangre como antes, cuando Alex me pregunto a qué quería dedicarme no lo dude ni un segundo estudie y me gradué de arquitecta, soy buena dibujando me encanta y es una profesión que me permitía no tener que interactuar mucho con los demás, gracias al dinero que ahorramos durante el tiempo que fuimos cazadores nos permitió comenzar una nueva vida, pude cumplir mi sueño de llevar una vida “normal” como una chica “normal”, no aparente mi verdadera edad algo a mi favor.
A pesar de estar siempre en la mira de Garred, nonos dejamos intimidar continuamos luchando ´por nuestros sueños, ya han pasado años en que salimos de ese infierno en el que Alexander y yo vivimos, donde él se volvió mi protector siendo tan solo un niño con unos años mayor que yo, la promesa que me hizo cuando me encontró después de haber escapado de ese infeliz aun continúa en pie, confió en él y sé que me protege, para mí es mi héroe no tuve un padre que me cuidara, pero lo tuve y lo tengo a él que da hasta su vida por mí.
Veo el reloj adorna mi muñeca izquierda, un regalo nada económico de él uno que me dio sin motivo aparente, su excusa es que se le antojó, recuerdo las veces que pasamos hambre sin un techo que nos resguardara del frío, por eso nos volvimos cuidadosos con nuestras finanzas, tenemos nuestro dinero invertido en dos pequeñas empresas una de construcción que es donde trabajamos los dos y otra de seguridad que está a cargo de Ethan Wilson junto con otros cambia formas que trabajan con nosotros cuando necesitábamos ayuda, son de confianza o mejor dicho nuestros ayudantes de caza, al darme cuenta de la hora me sorprendo tenía una reunión con un nuevo cliente, detesto las reuniones con clientes soy más del tipo “no quiero relacionarme con nadie”, agarro el teléfono que hay en mi escritorio para llamar a Chanel alias la mi secretaria, aunque es la única que hay y que para colmo comparto con Alex por ser un desordenado de primera.