Al dí siguiente a las 4 de la mañana, regresé a la habitación, me dí un baño y volví a acostarme ya que no había dormido absolutamente nada. No sé por cuánto tiempo estuve dormida pero al abrir mis ojos, Héctor estaba a mi lado mirándome fijamente, y no fue como cuando te despiertas y vez al hombre que amas mirándote, sino todo lo contrario; te despiertas y lo primero que vez es a un desconocido loco maníaco obsevándote. Y Aunque es un hombre bastante guapo físicamente, no le quita el hecho de que está loco por completo. Al verlo tan cerca no pude evitar asustarme y al echar mi cuerpo tan hacia atrás perdí el equilibrio y me caí de la cama. —¿¡Mi amor estás bien!? —preguntó con un tono de preocupación. —¡No me digas así! ¿¡Y qué rayos hacías mirándome!? —le reclamé con enojo. —Es que

